Amé en aquella mirada lo que había de sospecha. Y el miedo de las cosas tenía en aquel espejo la ilusión de disentir del futuro. Contacto: jrubaz@hotmail.com
Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.
Estuve con un joven... Estuve con un joven y supe al fin lo que era el violento arrebato, la agilidad vibrátil, cavidades melosas en la carnosa pulpa suavemente entreabierta hasta el linde dehiscente, el perfecto engranaje, la densidad precisa de jugos derramados, la inclinación debida, la posición exacta, y la sabiduría del mutismo, la belleza de un glande. "Eros" 1981
Carta III
Nunca sabré de ti, y eso lo supe desde el primer encuentro.
Esta certeza tiene tanta fuerza que es como si tuviera noticias tuyas a cada momento. "Libro de alienaciones" 1980
El banquete que os propongo es para el día de mi muerte y responde al amor que yo siento y deseo: pido que se me coma, que mi ser en no ser no se mude sino en puro alimento; comunión caníbal suplico, génesis en el otro.
Nadie quiere comerme, enferma estoy de amor. "Vivir" 1983 Eurídice La mano en el saúco del leteo, la sombra sigue insomne de otra mano, una mano que nombra, que desbroza el camino, que pasa a limpio los nombres de las cosas. Pero el rostro, que nunca fue, que no hallará reflejo en unos ojos fielmente vueltos ya para siempre hacia sí mismos, estalla por encima de los pasos y deja que la aurora con el sol lo arrebate y arrastre por la terrible orilla de los tiempos.
Siga el pie, ciegamente, pues, la huella que ahuyenta toda la confusión, y tú, avanza, acosada cabeza aún de los abismos, con el rostro encendido y el cabello derramado entre los vientos. Y los ojos en lágrimas, en la paz y el dolor, teje un lamento al malhadado y fiel Orfeo, ¡oh pobre, despojada del infierno, delirante, ya para siempre solitaria Eurídice! De "Antología personal" 1979
Ya se acercan las manos...
Ya se acercan las manos, innumerables manos, negras manos, a cegarme los ojos, a detener mis piernas, a secarme las venas, a posarse insistentes a lo largo del cuerpo y dejarlo sumido en lo negro. Harán saltar la lengua, los dientes, corazón y riñones, intestino y cerebro...
Amiga de la entraña, tan lejana, acércate un momento y con tus juegos distrae esta terrible oscuridad. Dame un río de fuerza desde el vientre, como antaño.
Siquiera suficiente para alejar las manos. Estas manos que negras e impertérritas me van cercando. "Libro de alienaciones" 1980