Amé en aquella mirada lo que había de sospecha. Y el miedo de las cosas tenía en aquel espejo la ilusión de disentir del futuro. Contacto: jrubaz@hotmail.com
Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.
Desde esa cama, la atalaya de tus montañas algodón. Altas, prietas, brutalmente tiernas.
Cubres y destapas.
Muestras y mordisqueas.
Tienes ese verbo fácil y esa letra nua.
Esas letras nuestras, estas letras tuyas.
Agua béndita... de entre tus muslos, desde tus manos... hasta las pestañas de la nuca y las razones de tus sombras colgantes. Hiedras silentes. No dejas de llover, nunca desistes. Siempre las sábanas alborotadas, desgarradas por el cirros de las trenzas y las caricias de las pezoneras. Alambique que se come los besos.
Quiero vestirme por un brazo, o desnudo me apetece más....
Y ahí... en ese punto... poquísimas personas en, ésta, mi vida... cruzaron para llegar al tuétano de mi alma.
Casi nadie.
Una antigua y moribunda. Muerta en vida.
Dos descalzas.
Tres trees.
En el cuarto, soslayo.
Cinco y brinco, me acurruco y siesteo como el hojaldre.
El séptimo cosquilleo de tus larguísimos y enmarañados cabellos negros cuando bailan bajo el sudor de tu cintura.
Ocho versos: la estrofa de tus zíngaros.
Nuevemente, Novecento.
Y al diézmosle, démosle.
Quiero vestirte por un brazo y desnudarte por el otro.
Has creado un pequeño rincón íntimo, hermoso y noble... ahí empiezas a plasmar desde otra perspectiva tu creatividad... tu moldear... tu aprender y aprehender... tienes duende, un don... mímalo, cuídalo, riégalo cada día... arribas y empapas, cuando estás... te ven, te contemplan... creas de la nada, desde el ocho un aporte lleno de sensibilidad y lealtad para con todo aquello que te hizo madurar desde bien chico...
.... ese rincón, como los otros proyectos... son pequeños esbozos, trazas, rasgos que van cuajando tu personalidad, tu fondo... y ahí, desde ese nenúfar que fluye... por aguas... tranquilas, revueltas, poderosas... contempla, irradia y crea.
Que ese duende crea en tú rincón... el que tu corazón curte y crece de un modo arrebatador.
Casi nueve, ¡¡ Oh mi Capitán !!... Sugaaaaaaaaaar ¡!
Enhorabuena por tus pasos, son una gran sombra.
Sabes y sientes que siempre estaré contigo, a tu vera... viendo como cruzas la calle.... solo pero a la vera.
Un día especial de mayo. Un catorce. Dos por delante y tres por detrás. El almanaque del abuelo. Un despertar más....en apariencia como otro día, ya tan especial como otro cualquiera. Esa es la grandeza de la humildad. Una maravilla en pie.
Ojeras de sentidos, agujetas en los recuerdos futuros, atracón de cucharitas y un panal con vistas a les Aigües. Todo colgado. Los cuadros tirados, las cortinas invisibles. Entra la luz hasta... deslumbrar. Las pinturas rendidas. Las sábanas a los pies del cactus, las ojeras sin cascos y los lóbulos enredados. Huele a ciruelas. A muchas ciruelas. A rojinegras cubas donde lo que se aroma recuerda que se pisa firme, sabroso, robusto... creciente. No puedo dejar de oler a ciruelas y a miel, a chorros de miel.
6 am o 7
Ducha fría en el cubil de Street Hot.
Las hormiguillas inquiriendo un tango a lo Bajofondo, o al proyecto de Gotan. Las abejas libando Featherstone de los Paper Kites, o silbando su uuuuu ooooo de Willow tree march . La vieja cafetera con esa maravilla de Pont silbando, sabor a cuna a estas alturas, brutal... el taburete bien quieto y el tarro de Love Seeds, dos por delante, tres por detrás. Escanciado y untándose. Espolvoreando. Mordisco raudo, intenso. Ella con sus lecciones, él con su aprendizaje. El iCat insonoriza. Los besos tostándose, secándose. Los labios relamidos.
Desnudas las sombras juegan al escondite.
La pequeña lámpara de sal tibetana en la esquina al lado de Mr. SoundClound. El faro sin tierras movedizas. Sobre la roca de madera viva. La luz del deslumbre, poderosa hasta la última esquina, hasta el primer resquicio. La entrepierna melosa. Cualquier ángulo. Todo es poro. A corazón abierto.... bocados montaditos. Ambidiestros.
6.30 o 7.30
El secador no deja que Broncho se sacuda el tutututú. Son seiscientos y pico de segundos o un santiamén. El secador da a luz y los cabellos asaltan la toalla que cubre la nada pasajera. Maldita gracia. Suena la séptima alarma. O la octava. La novena.... Dos por delante, tres atrás. Y sus manos de guirnaldas agasajan una obra perfecta: esa belleza taciturna se distingue de perfil. Los Manpön, afrobeat condal, de bolo por el comedor. De liar, las palabras, las hebras, el tabaco, los lametazos. Ella acabándose. El emprendiendo.
7 o 8
La pituitaria se perfuma con la paz. Bastarda incongruencia.. ¿Eh....? Nahhh. Curtida. Trabajada. Aprehendida. De soñada a real. De perdida a plantada en el semillar. Voraz como la luz que juega con los últimos ósculos de este día especialmente cualquiera. O de la última madrugá embutida en el vergel de su vientre. Un pequeño espejo por mirilla. Un peplo por calcetines, una espalda erizada.... y un chorro maná de la fuente lustral... agua fría, mansa y salvaje, tierna y carnal...
Una nube de mimbre por montera. Un lazo sin cremallera. Un nudo desnudo. El índice tachado, el meñique se lo piensa....
Dos por delante, tres que vendrán.
7.30 o 8.30
Él, bajando de el noveno cielo. Mientras ella amasa la coliflor.. sotovocce musita un hasta luego. Después, tras las migas, las piedrecitas como llave maestra cerrarán el párnaso de esa guarida tan secreta con vistas a la nitidez, a la claridad, a lo diáfano, como espatarrante escaparate de sentidos y sentimientos boquiabiertos a la senda del párnaso.... no está tan arriba, caray.
Ni estaba tan lejos.
El ritual elíptico.
La ausencia febril. El vuelco del bandido latido. El acompasado síncope. El vacío dudoso. El agreste quizás.
El semillar se queda solo por un cuarto de día. O por media luna menguante. El sol cabestro.
Suena The mortal boy king.... Él ya no escucha esa delicia.... pero la tararea durante todo el camino, durante todo el santo día. Ella se enseña las palmas de las manos y pinta los pliegues de sus dedos... Juega con los dos corazones. Simetría.
Comienza otro día especial.
Antes eran todos otros cualesquiera, quizás sembrar, regar, libar las Love Seeds.... creó una sombra con sabor a ciruela y textura a barquito de papel. A troquelar lo corriente en extraordinario... lo cotidiano en arte.
Hombres y mujeres se buscan a sí mismos,
pero generalmente se distraen con placeres pasajeros y ciertas
adicciones. A menudo olvidamos o ni siquiera llegamos a tener presente
nuestros sueños y propósitos, nuestro camino espiritual. Nos distraemos,
nos entretenemos con relaciones donde perdemos parte de nuestra
consciencia, a veces durante demasiado tiempo. Descuidamos los alimentos del alma,
aquello que verdaderamente nos nutre. El proceso de estar consciente de
continuo sin sucumbir a las distracciones, adicciones y
pseudorelaciones no es fácil. Necesitamos recordarlo una y otra vez para
reconducirnos al sendero de la consciencia, comprometernos de verdad
con nuestro proceso.
Es muy frecuente que las mujeres elijan
hombres creyendo que podrán cambiarles con su amor, lo cual nunca
sucede. Más bien se enganchan a una dinámica de rechazo y no aceptación
que socava la relación. Otras veces sufren muertes lentas detrás de una
esplendorosa fachada. Cuando una mujer se da cuenta de lo atrapada que
está puede buscar una salida. Atrapada tanto por una fuerza exterior
como por una interior, por ella misma. Lo peor es ser la propia
“carcelera”, el asumir el desvalimiento y participar en la propia
destrucción. Es un momento crítico en el que puede tomar la decisión de
poner fin a esa situación, y para ello necesita conectar con su animus, con su energía masculina, una energía con movimiento y dirección que la ayudará a conseguir lo que se proponga.
Según la psicoanalista jungiana Clarissa Pinkola Estés,
las mujeres deben esmerarse en elegir y relacionase con sus amigos o
amantes. Muchas veces la mujer transfiere su fuerza y poder en nombre
del amor, y esa clase de “amor” destruye la conexión con la fuerza
femenina. Es preciso entonces recuperar aspectos que se habían
depositado en el otro, como la fortaleza o la seguridad. Las mujeres
deseamos un encuentro profundo e íntimo, y a menudo nos desgastamos y
vaciamos de nosotras mismas. Nos entregamos al amor sin saber que para
entregarse primero se ha de ser dueña de sí misma. La mujer necesita un
amigo que también esté conectado con su corazón, que la respete
profundamente, que preste apoyo a esa fuerza genuina femenina. Un
verdadero amigo del alma.
La Mujer Salvaje
desea un compañero que sea como ella, que se le pueda igualar. Según
Pinkola Estés, si las mujeres quieren que los hombres las conozcan de
verdad tienen que enseñarles un poco de sabiduría profunda. Muchas
mujeres se han cansado de tratar de enseñar a hombres que no quieren
aprender. Ahora bien, cuando ellos están dispuestos es el momento de
revelarles porque su alma lo demanda.
Para ganarse el corazón salvaje de una
mujer el compañero tiene que comprender la doble naturaleza de ella, sus
dos polaridades, el masculino y el femenino, el animus y el ánima.
Cuando una mujer desarrolla únicamente uno de las dos polaridades esta
desequilibrada, lo que le impide el acceso a su fuerza interior.
Generalmente la mujer busca su parte masculina en el hombre, con lo cual
deposita su fuerza y dirección lejos de ella. Ahora bien, esta doble
naturaleza de las mujeres cuando están unidas en la conciencia y
funcionan de manera integrada proporcionan un enorme poder.
Las mujeres desean encontrar un compañero
que tenga la paciencia y el ingenio para comprender su naturaleza
profunda. Una mujer que quiera que su compañero la conozca de verdad
tiene que conseguir que él le pregunte: “¿Qué es lo que quieres?”, “¿Qué
es lo que quiere tu yo profundo?”. Y si realmente se quieren conocer
ella habrá de preguntarle a su vez lo mismo. El Hombre Salvaje, el
amigo, compañero y amante más estimable es aquel que desea aprender.
El compañero de la Mujer Salvaje es el
que posee tenacidad y paciencia espiritual, el que tiene voluntad para
atisbar la naturaleza profunda de la mujer, el que regresa para
comprender sin alejarse por aquello que le aparta de su propósito, el
que no hacer uso de ese conocimiento para ejercer su poder sobre ella.
Un hombre que capta su auténtica naturaleza, se deja sorprender,
atemorizar y siente reverencia por lo que percibe y ve. Y permanece ahí,
con ella. Porque amar el pacer es muy fácil, para amar verdaderamente
se requiere de un “héroe” capaz de manejar su propio miedo.
Además, para crear un amor duradero ambos
han de aceptar los ciclos Vida/Muerte/Vida e integrar la transformación
en la relación, las sucesivas muertes y renacimientos, la infinidad de
finales y comienzos que acontecen a lo largo de la relación. Hay que
saber cuándo las cosas tienen que nacer y cuando hay que dejarlas morir.
Dejar morir las falsas ilusiones, las expectativas, las fantasías de un
amor agradable y romántico. Atravesar las diferentes fases eligiendo
amar y permanecer al lado de alguien. Quedarse, cuando lo que se quiere
es echar a correr. El Hombre y la Mujer Salvajes pueden conocer y
compartir sus naturalezas instintivas con la confianza de que cualquier
cosa que ocurra entre ellos será transformativa.
Es preciso comprender al otro y
fortalecer la propia capacidad de amar. Amar a pesar de los miedos y las
dudas, a pesar de las heridas y anteriores desengaños. Amar las
heridas, carencias y partes “feas”
del otro también, porque sin una tarea que suponga un reto no puede
haber transformación. Es necesario un corazón dispuesto a morir y nacer,
y a volver a morir y nacer una y otra vez. Un hombre que prefiera
arriesgarse a explorar un territorio desconocido a permanecer en el seco
y cómodo espacio conocido, a sabiendas de que aquello que teme es
precisamente lo que le ayuda a sanar. Hay un guerrero espiritual en
aquellos hombres que en su interior saben que quieren vivir, exponerse,
entregarse, arriesgarse a abrir el corazón y amar. Un guerrero sabio que
no tiene miedo a la muerte.
Un Hombre Salvaje es aquel que se atreve a
curar sus heridas y disolver sus proyecciones, que se atreve a llorar
su dolor y toma conciencia de cómo su existencia defensiva le ha
protegido del amor. Un hombre que permita que se le rompa la coraza de
su corazón y deje que brote un amor tan inmenso como el océano, que es
lo que tiene para ofrecer a la mujer, para amarla plenamente, sin
reservas. Cuando un hombre entrega su corazón se convierte en una fuerza
asombrosa, se vuelve fértil; cuando integra su parte femenina intuitiva
se vuelve inspirador. Al enfrentarse a la propia herida con compasión,
al entregar su corazón el hombre lo gana todo, se completa. Ya no le
teme a la fuerza salvaje de la mujer ni a los ciclos Vida/Muerte/Vida.
Cuando integra su espíritu salvaje restituye su lugar de dignidad.
Algunas personas tienen el privilegio,
después o mientras realizan un profundo trabajo interior, de crear un
amor encarnado, hecho de pasión, confianza, afecto y compromiso. Una
relación que se experimenta como una oportunidad de expandir el corazón y
aprender a amar más profundamente. El otro es un buen amigo, alguien en
quien confiar y ante quien desnudarse emocionalmente para mostrar las
heridas y carencias sin temor. Una relación en la que comunicarse
íntimamente, sin máscaras ni juegos defensivos. Al dejarse ver, al
amarse de esta manera, al vivir una sexualidad sagrada se sanan
mutuamente. En el compromiso de crecer juntos se transforman uno al otro
y transforman su realidad. Sabiéndose seres completos en proceso de
crecimiento se embarcan en un viaje de autoconocimiento en el que
descubren en el compañero, en la compañera un “tesoro espiritual”. En la
intimidad renuevan su amor mirándose a los ojos, aullando al unísono,
dejándose conmover por el alma salvaje del otro. La relación es una vía
espiritual para despertar a la totalidad de su Ser. Un vínculo así es
una verdadera fuerza de la naturaleza.
A las mujeres que se desesperan al ver
que pasa el tiempo y su compañero no aparece les digo: no desistas,
sigue nutriendo tu día a día, ten fe, pídeselo al Universo y confía en
que la vida lo traerá. Mientras tanto, conecta con tu instinto, vive,
disfruta, crea, amate a tí misma, prepárate para abrirte al amor. Todo
llega si de verdad creemos que nos lo merecemos. Ellos se están
preparando, también.
Como está escrito en Mujeres que corren con lobos:
“Dicen que todo lo que nosotros estamos buscando nos busca a nosotros y
que, si nos quedamos quietos, nos encontrará. Es algo que lleva mucho
tiempo esperándonos. En cuanto llegue, no te muevas. Descansa. Ya verás
lo que ocurre a continuación”.