Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

Mi foto
Instagram: icaro_1969
Mostrando entradas con la etiqueta M83. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta M83. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de abril de 2015

La fugitiva

Edmondo Senatore




Sosteniéndose con pinzas.

Sus hombros caídos. Su espalda cheposa, cansada. Encorvada al acantilado de la pecera del baño. Dónde se lava las manos, frota, rasca, hurga y el jabón espumea cual boca febril... el agua zigzaguea en círculos que acaban por corretear donde sólo las gotas quieren llegar o ella permite sembrar... la vista nublada, perdida en su propio jugo de caracol, juegos de madrugada. Escupitea haciendo puntería sobre la única que ya demora su huida.

Sus piernas, hormiguean. Redobla las rodillas. Las manos, telarañas. La fugitiva, muda. Olvidada. Perdida en su propia caverna.

Todo bien mojado. Incluso los poros que del mador construyen pantanos de sudor... de ese frío que estremece y tirita cual tango agónico al fornicio del alba. Danubia no se deja encontrar.

Un simple tul alrededor de su cintura. Le gusta dormir semidesnuda.

Desnuda y sola, se riza.

Vestida y acompañada, se distrae.

Y cuando se levanta, el tul cubre su ombligo pequeño pero profundo en forma de trébol capado para crepar el vínculo del desasosiego.

Danubia, se peina las cejas, las estiliza como si quisiera alargar el párpado de su visión panorámica. Pero siempre hay un fin de sinfines. Un muro invisible pero palpable.

Los dedos hoy están flojos. Cansinos. Resabiados. Con surcos carnales ante tamaña humedad.

Un hilo percutor.








Galvanizando acordes profusos... arpegios rítmicos. Su bosque de lenguas, en do mayor. In crescendo. La rama rota, quebrada.

Danubia, creía que ante el espejo de porcelana mellada renace el síncope y la adrenalina efervescente, imperial le cosquilleaba el vientre. Creía que esa mañana volvería a encontrar la huidiza, la fugitiva... Y ante el espejo, las sombras juegan malas pasadas. Despistan. Enturbian, realzan lo creído y desmontan lo concebido.

Ojeras hondas, como cuevas en la gruta de un acantilado. Negras, roídas por el espanto de fornicar agua salvaje ante la piedra de su nuez.

Un cascabel a lo lejos. En el cuarto oscuro. Dónde los baúles proclives al alcanfor y las arrugas moldean vestigios. Donde doblados los sueños y las formas pierden sentido. Allí juega Craso con una cucharilla de plata sucia. Se entremezclan tintineos y serpenteos. Arrastras el felino le trae la cucharilla al baño.

La sombra ahora engorda la duda.

Danubia, se corta las puntas.

Empieza por ellas y acaba en las raíces. Capada de volumen y castrada de mimbres... para moldear y ondular su huida mejor urdida.

Craso, juega con los copos de sus cabellos que desde el precipicio de su testa, como gotas densas nievan la oscuridad. Mullido, bailotea sobre ese cojín de cabellos.

La escena es funambulista de miedos. Equilibrista sobre un cruce que tenía que llegar por propia inercia.

Una burlesca mueca de sinsentidos.

Un ropaje vago. Alrededor de la cámara lenta de sus movimientos. El desliz de un trasquilón...

Craso, felino, se encarama junto a ella. A su izquierda observa como Danubia, se queda sin puntas, sin raíces. Sin lágrimas, ni luces.

No la reconoce.

Ni siquiera por ese olor matutino característico...  ese perfume simpar. La fugitiva, esplendorosa.

La pituitaria despistada, confundida.

Suena el despertador.

Siempre suena antes que esa melodía de Etta.

I just want to make love to you.

Craso, ronronea. No hay mimos, ni roces. Ni susurros, ni canturreos.

Y Danubia le mira los bigotes. No quiere verle los ojos...

La sonrisa con agujetas.

Las pestañas encoladas.

La última gota con la primera lágrima...

La fugitiva, huida de su preciosa boca. Los labios sellados.

Y no aparece ni el más primitivo de los lamentos, de los quejidos.

Nada.

Danubia intenta que la fugitiva vuelva a su cielo, a sus cuerdas.... pero no recuerda como se dice silencio.

No quiere, ni puede volver a aprender.

No tiene fuerza para entender que su huida es la voz en su corazón.

Craso, se tumba sobre la jarapa. Rasga las varillas.

Y ella apaga la minucia...

At last. 

Danubia deja caer el tul. Y la fugitiva comienza a vestirse desde sus adentros.

Quizás mañana antes que llegué a sonar el despertador silbará el ritmo de su melodía favorita o se inventará la letra de otra vieja canción...

El espejo volverá a darle los buenos días.

Y Danubia volverá a encontrarse ante la puerta de la fugitiva y el reflejo de lo inolvidable.

Plum nuts.













Art Kane, siempre llegaba antes para eternizar



"Look", Art Kane, 1965




Frank Zappa Mothers of Invention, Art Kane, 1968



Aretha Franklin, Art Kane







Great Day in Harlem, 1958. Art Kane














The Who "Life" 1968, Art Kane

1962. Art Kane







Rolling Stones, 1966. Art Kane




Second of two Art Kane portraits of Cream on a railroad track in the U.S, part of his Life Magazine piece The New Rock from 1968.





  




Art Kane, Men’s Trousers by Basile. 1981



No le importaba el modelo la cámara —"cuanto más pequeña, mejor"—, no llevaba con él —como otros fotógrafos de su época y acaso de menos talla— una tropa de ayudantes, varios miles de watios en focos, todo tipo de parafernalia de embellecimiento, un equipo de peluquería y otro de maquillaje... No creía en los convencionalismos, inventaba sobre la marcha, soñando la foto antes de hacerla... De Art Kane y su mirada mágica se ha olvidado demasiada gente porque en la comparación muchos quedarían pobremente situados. Fotogalería Frank Zappa and the Mothers of INvention, 1968 7 Fotos Art Kane, fotógrafo 'mágico' Un libro y una exposición llegan al tiempo para recordarnos que el fotógrafo estadounidense (nacido Arthur Kanofsky en Nueva York en 1925 y muerto por suicidio —un disparo en la sien— en 1995, a los 69 años, hace casi dos décadas) fue el más influyente, atrevido, libre y creativo de todos los que tuvieron el inmenso privilegio de retratar los tiempos de sueños que parecían posibles de los años 60 y 70 del siglo pasado. Si alguien hizo de los ideales de entonces una crónica mágica, ese fue Kane. Los demás están por detrás. 'Activar el ojo parpadeando' "Me gusta que haya la menor distancia posible entre mi ojo y la creación de dios. Me gustaría que existiera un artilugio para ponerlo en el ojo y activarlo parpadeando, o meterlo en el oído o dentro de la boca...". Kane no podía soportar la idea de que una fotografía pasara por una planificación previa. Era como un niño salvaje en medio de una tribu de educados alumnos de escuelas privadas. Nunca hubo otro tan inquebrantable, inflexible y poco sentimental. Tenía que "soñar las fotos", decía, o, como mucho, imaginarlas de pronto en un arrebato visionario. Entonces todo era cuestión de hacerlas. Art Kane: Retrospective (Art Kane: retrospectiva), una selección de imágenes del fotógrafo, se exhibe en las Snap Galleries de Londres entre el 11 de diciembre y el 31 de enero de 2015. El libro, titulado simplemente Art Kane, saldrá a la venta el mismo día en que se inagura la muestra. Está en el catálogo de la casa de publicaciones artísticas Reel Art Press [320 páginas, con 220 fotos en color y blanco y negro y un PVP aún no establecido por los editores]. Le encantaban las serpientes: llegó a convivir con más de una treintena Criado en el Bronx neoyorquino y aventurero desde la infancia —fue el primero de sus amigos en tener en casa serpientes, animales por los que siempre sintió debilidad: de adulto llegó a convivir con más una treintena—, peleó en la II Guerra Mundial como artillero. Se había alistado en un llamado Batallón de Camuflaje creyendo ciegamente que le tocaría disfrazar a sus compañeros pero se trataba de una unidad de cañones antiaéros escondidos bajo redes. Director gráfico de la primera revista para 'teens' Al regresar a la vida civil encontró trabajo en la revista Seventeen, la primera publicación para teenagers de los EE UU: a los 26 años ocupó el puesto de director gráfico y no dejaron de darle premios. Durante los fines de semana empezó a hacer fotos, vicio que le metió en el cuerpo Rudolph de Harak, uno de los fotógrafos de la revista, deseoso de aprovechar el tiempo libre para experimentar con la cámara y escapar de las fórmulas. Recibió clases de Brodovitch, maestro de Penn y Avedon Aunque había llegado a las fotos casi por casualidad, Kane estaba siglos por delante del amigo en cuestión de meses y se matriculó en las clases que dictaba el eminante exiliado ruso Alexei Brodovitch, que había sido jefe de fotografía de Harper's Bazaar y había enseñado a hacer fotos a otros dos genios, Irving Penn y Richard Avedon. Los mejores sesenta 'jazzmen', juntos en la calle En 1958 se produjo el encontronazo de las dos fuerzas que impulsaron la carrera de Kane: la fotografía y la música. Esquire le encargó un reportaje sobre el ambiente de los clubes de jazz del tórrido barrio de Harlem y, además de hacer retratos, participó como foto-fija en el documental A Great Day in Harlem (1958). Para el cartel hizo una de las imágenes más emblemáticas del jazz de todos los tiempos: más de medio centenar de músicos posando, reunidos en la calle 126ª de Harlem, rodeados de crios callejeros y en un ambiente donde la camaradería y la complicidad son palpables. Entre los reunidos están Thelonious Monk, Gene Krupa, Coleman Hawkins, Art Blakey, Charles Mingus, Dizzy Gillespie, Count Basie... Publicó en 'Life' foto-visiones basadas en las letras de los Beatles Desde entonces Kane supo que la música era el campo en el que deseaba trabajar. Aunque en las décadas siguientes firmaría también muy personales reportajes de moda, en los cantantes e intérpretes de rock y pop de los convulsos años sesenta y setenta encontró el terreno abonado para sus visiones mágicas, basadas en las sobreimpresiones (sandwiching, de sandwich, las llamaba). Quizá su trabajo cumbre fue el reportaje que publicó en Life en 1968 sobre foto-visiones basadas en las letras de canciones de los Beatles. Pueden verse en este vínculo de Google Books [a partir de la página 63 del ejemplar de la revista]. Los Who, 'garrulillos de Dickens' A medida que avanzaba, Kane desmontaba certezas: usó con valentía y sin falso pudor el gran angular logrando imágenes deformadas y casi esféricas, saturó los colores hasta el máximo umbral posible, dió la vuelta a las perspectivas (Who Killed Davey Moore?, 1970), hizo la foto que mejor condensa el dolor intenso de Janis Joplin, envolvió a los Who con una bandera británica y los puso a dormir en la calle ("eran como personajes de Dickens, unos garrulillos"), pintó de dorada la cara de Andy Warhol como si el Rey Midas se hubiera tocado a sí mismo... Durante los momentos más inflamados de los años de flores convertidas en cadáveres encerró a Bob Dylan en una esquina, rodeó a Frank Zappa de bebés desnudos —contraponiendo la imagen a la famosa reunión de chicas sin ropa que había usado de portada el muy macho Hendrix—, retrató a los Rolling Stones desde el nivel del suelo para dejar nota del carácter prepotente de Mick Jagger, a los Doors como a pedantes y a Cream, atrapados en las vías de un tren —la heroína había enganchado a los tres músicos del grupo—... Quiero que sean míos. Luego ya decidiré cómo los muestro "No me interesa hacer fotos de ninguno de ellos en un escenario, es una pérdida de tiempo. Quiero que sean míos, ser el propietario de su imagen. Luego ya decidiré cómo los muestro", afirmaba Kane. Desde la galería que albergará la exposición dicen que cada foto era un "ejemplo de innovación". Citan como ejemplo el retrato de Sony and Cher tomado bajo el agua que Kane hizo en 1966, singularmente parecido al del bebé que fue portada de un muy conocido disco de Nirvana 25 años más tarde. Kane había llegado antes. Como casi siempre.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2317825/0/art-kane/fotosgrafia/exposicion-libro/#xtor=AD-15&xts=467263











El ojo mágico de Art Kane







  • A casi 20 años de su suicidio, una exposición y un libro recuerdan a Art Kane, un fotógrafo inflexible que quería ser ‘el propietario’ de la imagen de las estrellas.
  • El estadounidense, que llegó a las fotos por casualidad, hizo retratos personales e inolvidables de Joplin, Dylan, los Who, Zappa, Warhol, los Doors, los Rolling Stones…
  • Trabajaba sin ayudantes, sin producción y sin planteamiento previo. No creía en los convencionalismos e 'inventaba’ las fotos sobre la marcha.


No le importaba el modelo la cámara —“cuanto más pequeña, mejor”—, no llevaba con él —como otros fotógrafos de su época y acaso de menos talla— una tropa de ayudantes, varios miles de watios en focos, todo tipo de parafernalia de embellecimiento, un equipo de peluquería y otro de maquillaje… No creía en los convencionalismos, inventaba sobre la marcha, soñando la foto antes de hacerla… De Art Kane y su mirada mágica se ha olvidado demasiada gente porque en la comparación muchos quedarían pobremente situados.
Un libro y una exposición llegan al tiempo para recordarnos que el fotógrafo estadounidense (nacido Arthur Kanofsky en Nueva York en 1925 y muerto por suicidio —un disparo en la sien— en 1995, a los 69 años, hace casi dos décadas) fue el más influyente, atrevido, libre y creativo de todos los que tuvieron el inmenso privilegio de retratar los tiempos de sueños que parecían posibles de los años 60 y 70 del siglo pasado. Si alguien hizo de los ideales de entonces una crónica mágica, ese fue Kane. Los demás están por detrás.
“Me gusta que haya la menor distancia posible entre mi ojo y la creación de dios. Me gustaría que existiera un artilugio para ponerlo en el ojo y activarlo parpadeando, o meterlo en el oído o dentro de la boca…”. Kane no podía soportar la idea de que una fotografía pasara por una planificación previa. Era como un niño salvaje en medio de una tribu de educados alumnos de escuelas privadas. Nunca hubo otro tan inquebrantable, inflexible y poco sentimental. Tenía que “soñar las fotos”, decía, o, como mucho, imaginarlas de pronto en un arrebato visionario. Entonces todo era cuestión de hacerlas.
Art Kane: Retrospective (Art Kane: retrospectiva), una selección de imágenes del fotógrafo, se exhibe en las Snap Galleries de Londres entre el 11 de diciembre y el 31 de enero de 2015. El libro, titulado simplemente Art Kane, saldrá a la venta el mismo día en que se inagura la muestra. Está en el catálogo de la casa de publicaciones artísticas Reel Art Press [320 páginas, con 220 fotos en color y blanco y negro y un PVP aún no establecido por los editores].
Criado en el Bronx neoyorquino y aventurero desde la infancia —fue el primero de sus amigos en tener en casa serpientes, animales por los que siempre sintió debilidad: de adulto llegó a convivir con más una treintena—, peleó en la II Guerra Mundial como artillero. Se había alistado en un llamado Batallón de Camuflaje creyendo ciegamente que le tocaría disfrazar a sus compañeros pero se trataba de una unidad de cañones antiaéros escondidos bajo redes.

Director gráfico de la primera revista para 'teens’

Al regresar a la vida civil encontró trabajo en la revista Seventeen, la primera publicación para teenagers de los EE UU: a los 26 años ocupó el puesto de director gráfico y no dejaron de darle premios. Durante los fines de semana empezó a hacer fotos, vicio que le metió en el cuerpo Rudolph de Harak, uno de los fotógrafos de la revista, deseoso de aprovechar el tiempo libre para experimentar con la cámara y escapar de las fórmulas.
Aunque había llegado a las fotos casi por casualidad, Kane estaba siglos por delante del amigo en cuestión de meses y se matriculó en las clases que dictaba el eminante exiliado ruso Alexei Brodovitch, que había sido jefe de fotografía de Harper’s Bazaar y había enseñado a hacer fotos a otros dos genios, Irving Penn y Richard Avedon.

Los mejores sesenta 'jazzmen’, juntos en la calle

En 1958 se produjo el encontronazo de las dos fuerzas que impulsaron la carrera de Kane: la fotografía y la música. Esquire le encargó un reportaje sobre el ambiente de los clubes de jazz del tórrido barrio de Harlem y, además de hacer retratos, participó como foto-fija en el documental A Great Day in Harlem (1958). Para el cartel hizo una de las imágenes más emblemáticas del jazz de todos los tiempos: más de medio centenar de músicos posando, reunidos en la calle 126ª de Harlem, rodeados de crios callejeros y en un ambiente donde la camaradería y la complicidad son palpables. Entre los reunidos están Thelonious Monk, Gene Krupa, Coleman Hawkins, Art Blakey, Charles Mingus, Dizzy Gillespie, Count Basie
Desde entonces Kane supo que la música era el campo en el que deseaba trabajar. Aunque en las décadas siguientes firmaría también muy personales reportajes de moda, en los cantantes e intérpretes de rock y pop de los convulsos años sesenta y setenta encontró el terreno abonado para sus visiones mágicas, basadas en las sobreimpresiones (sandwiching, de sandwich, las llamaba). Quizá su trabajo cumbre fue el reportaje que publicó en Life en 1968 sobre foto-visiones basadas en las letras de canciones de los Beatles. Pueden verse en este vínculo de Google Books [a partir de la página 63 del ejemplar de la revista].

Los Who, 'garrulillos de Dickens’

A medida que avanzaba, Kane desmontaba certezas: usó con valentía y sin falso pudor el gran angular logrando imágenes deformadas y casi esféricas, saturó los colores hasta el máximo umbral posible, dió la vuelta a las perspectivas (Who Killed Davey Moore?, 1970), hizo la foto que mejor condensa el dolor intenso de Janis Joplin, envolvió a los Who con una bandera británica y los puso a dormir en la calle (“eran como personajes de Dickens, unos garrulillos”), pintó de dorada la cara de Andy Warhol como si el Rey Midas se hubiera tocado a sí mismo…
Durante los momentos más inflamados de los años de flores convertidas en cadáveres encerró a Bob Dylan en una esquina, rodeó a Frank Zappa de bebés desnudos —contraponiendo la imagen a la famosa reunión de chicas sin ropa que había usado de portada el muy macho Hendrix—, retrató a los Rolling Stones desde el nivel del suelo para dejar nota del carácter prepotente de Mick Jagger, a los Doors como a pedantes y a Cream, atrapados en las vías de un tren —la heroína había enganchado a los tres músicos del grupo—…
“No me interesa hacer fotos de ninguno de ellos en un escenario, es una pérdida de tiempo. Quiero que sean míos, ser el propietario de su imagen. Luego ya decidiré cómo los muestro”, afirmaba Kane. Desde la galería que albergará la exposición dicen que cada foto era un “ejemplo de innovación”. Citan como ejemplo el retrato de Sony and Cher tomado bajo el agua que Kane hizo en 1966, singularmente parecido al del bebé que fue portada de un muy conocido disco de Nirvana 25 años más tarde. Kane había llegado antes. Como casi siempre.


José Ángel González
www.oracionessucias.tumblr.com


















No le importaba el modelo la cámara —"cuanto más pequeña, mejor"—, no llevaba con él —como otros fotógrafos de su época y acaso de menos talla— una tropa de ayudantes, varios miles de watios en focos, todo tipo de parafernalia de embellecimiento, un equipo de peluquería y otro de maquillaje... No creía en los convencionalismos, inventaba sobre la marcha, soñando la foto antes de hacerla... De Art Kane y su mirada mágica se ha olvidado demasiada gente porque en la comparación muchos quedarían pobremente situados. Fotogalería Frank Zappa and the Mothers of INvention, 1968 7 Fotos Art Kane, fotógrafo 'mágico' Un libro y una exposición llegan al tiempo para recordarnos que el fotógrafo estadounidense (nacido Arthur Kanofsky en Nueva York en 1925 y muerto por suicidio —un disparo en la sien— en 1995, a los 69 años, hace casi dos décadas) fue el más influyente, atrevido, libre y creativo de todos los que tuvieron el inmenso privilegio de retratar los tiempos de sueños que parecían posibles de los años 60 y 70 del siglo pasado. Si alguien hizo de los ideales de entonces una crónica mágica, ese fue Kane. Los demás están por detrás. 'Activar el ojo parpadeando' "Me gusta que haya la menor distancia posible entre mi ojo y la creación de dios. Me gustaría que existiera un artilugio para ponerlo en el ojo y activarlo parpadeando, o meterlo en el oído o dentro de la boca...". Kane no podía soportar la idea de que una fotografía pasara por una planificación previa. Era como un niño salvaje en medio de una tribu de educados alumnos de escuelas privadas. Nunca hubo otro tan inquebrantable, inflexible y poco sentimental. Tenía que "soñar las fotos", decía, o, como mucho, imaginarlas de pronto en un arrebato visionario. Entonces todo era cuestión de hacerlas. Art Kane: Retrospective (Art Kane: retrospectiva), una selección de imágenes del fotógrafo, se exhibe en las Snap Galleries de Londres entre el 11 de diciembre y el 31 de enero de 2015. El libro, titulado simplemente Art Kane, saldrá a la venta el mismo día en que se inagura la muestra. Está en el catálogo de la casa de publicaciones artísticas Reel Art Press [320 páginas, con 220 fotos en color y blanco y negro y un PVP aún no establecido por los editores]. Le encantaban las serpientes: llegó a convivir con más de una treintena Criado en el Bronx neoyorquino y aventurero desde la infancia —fue el primero de sus amigos en tener en casa serpientes, animales por los que siempre sintió debilidad: de adulto llegó a convivir con más una treintena—, peleó en la II Guerra Mundial como artillero. Se había alistado en un llamado Batallón de Camuflaje creyendo ciegamente que le tocaría disfrazar a sus compañeros pero se trataba de una unidad de cañones antiaéros escondidos bajo redes. Director gráfico de la primera revista para 'teens' Al regresar a la vida civil encontró trabajo en la revista Seventeen, la primera publicación para teenagers de los EE UU: a los 26 años ocupó el puesto de director gráfico y no dejaron de darle premios. Durante los fines de semana empezó a hacer fotos, vicio que le metió en el cuerpo Rudolph de Harak, uno de los fotógrafos de la revista, deseoso de aprovechar el tiempo libre para experimentar con la cámara y escapar de las fórmulas. Recibió clases de Brodovitch, maestro de Penn y Avedon Aunque había llegado a las fotos casi por casualidad, Kane estaba siglos por delante del amigo en cuestión de meses y se matriculó en las clases que dictaba el eminante exiliado ruso Alexei Brodovitch, que había sido jefe de fotografía de Harper's Bazaar y había enseñado a hacer fotos a otros dos genios, Irving Penn y Richard Avedon. Los mejores sesenta 'jazzmen', juntos en la calle En 1958 se produjo el encontronazo de las dos fuerzas que impulsaron la carrera de Kane: la fotografía y la música. Esquire le encargó un reportaje sobre el ambiente de los clubes de jazz del tórrido barrio de Harlem y, además de hacer retratos, participó como foto-fija en el documental A Great Day in Harlem (1958). Para el cartel hizo una de las imágenes más emblemáticas del jazz de todos los tiempos: más de medio centenar de músicos posando, reunidos en la calle 126ª de Harlem, rodeados de crios callejeros y en un ambiente donde la camaradería y la complicidad son palpables. Entre los reunidos están Thelonious Monk, Gene Krupa, Coleman Hawkins, Art Blakey, Charles Mingus, Dizzy Gillespie, Count Basie... Publicó en 'Life' foto-visiones basadas en las letras de los Beatles Desde entonces Kane supo que la música era el campo en el que deseaba trabajar. Aunque en las décadas siguientes firmaría también muy personales reportajes de moda, en los cantantes e intérpretes de rock y pop de los convulsos años sesenta y setenta encontró el terreno abonado para sus visiones mágicas, basadas en las sobreimpresiones (sandwiching, de sandwich, las llamaba). Quizá su trabajo cumbre fue el reportaje que publicó en Life en 1968 sobre foto-visiones basadas en las letras de canciones de los Beatles. Pueden verse en este vínculo de Google Books [a partir de la página 63 del ejemplar de la revista]. Los Who, 'garrulillos de Dickens' A medida que avanzaba, Kane desmontaba certezas: usó con valentía y sin falso pudor el gran angular logrando imágenes deformadas y casi esféricas, saturó los colores hasta el máximo umbral posible, dió la vuelta a las perspectivas (Who Killed Davey Moore?, 1970), hizo la foto que mejor condensa el dolor intenso de Janis Joplin, envolvió a los Who con una bandera británica y los puso a dormir en la calle ("eran como personajes de Dickens, unos garrulillos"), pintó de dorada la cara de Andy Warhol como si el Rey Midas se hubiera tocado a sí mismo... Durante los momentos más inflamados de los años de flores convertidas en cadáveres encerró a Bob Dylan en una esquina, rodeó a Frank Zappa de bebés desnudos —contraponiendo la imagen a la famosa reunión de chicas sin ropa que había usado de portada el muy macho Hendrix—, retrató a los Rolling Stones desde el nivel del suelo para dejar nota del carácter prepotente de Mick Jagger, a los Doors como a pedantes y a Cream, atrapados en las vías de un tren —la heroína había enganchado a los tres músicos del grupo—... Quiero que sean míos. Luego ya decidiré cómo los muestro "No me interesa hacer fotos de ninguno de ellos en un escenario, es una pérdida de tiempo. Quiero que sean míos, ser el propietario de su imagen. Luego ya decidiré cómo los muestro", afirmaba Kane. Desde la galería que albergará la exposición dicen que cada foto era un "ejemplo de innovación". Citan como ejemplo el retrato de Sony and Cher tomado bajo el agua que Kane hizo en 1966, singularmente parecido al del bebé que fue portada de un muy conocido disco de Nirvana 25 años más tarde. Kane había llegado antes. Como casi siempre.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2317825/0/art-kane/fotosgrafia/exposicion-libro/#xtor=AD-15&xts=467263
No le importaba el modelo la cámara —"cuanto más pequeña, mejor"—, no llevaba con él —como otros fotógrafos de su época y acaso de menos talla— una tropa de ayudantes, varios miles de watios en focos, todo tipo de parafernalia de embellecimiento, un equipo de peluquería y otro de maquillaje... No creía en los convencionalismos, inventaba sobre la marcha, soñando la foto antes de hacerla... De Art Kane y su mirada mágica se ha olvidado demasiada gente porque en la comparación muchos quedarían pobremente situados. Fotogalería Frank Zappa and the Mothers of INvention, 1968 7 Fotos Art Kane, fotógrafo 'mágico' Un libro y una exposición llegan al tiempo para recordarnos que el fotógrafo estadounidense (nacido Arthur Kanofsky en Nueva York en 1925 y muerto por suicidio —un disparo en la sien— en 1995, a los 69 años, hace casi dos décadas) fue el más influyente, atrevido, libre y creativo de todos los que tuvieron el inmenso privilegio de retratar los tiempos de sueños que parecían posibles de los años 60 y 70 del siglo pasado. Si alguien hizo de los ideales de entonces una crónica mágica, ese fue Kane. Los demás están por detrás. 'Activar el ojo parpadeando' "Me gusta que haya la menor distancia posible entre mi ojo y la creación de dios. Me gustaría que existiera un artilugio para ponerlo en el ojo y activarlo parpadeando, o meterlo en el oído o dentro de la boca...". Kane no podía soportar la idea de que una fotografía pasara por una planificación previa. Era como un niño salvaje en medio de una tribu de educados alumnos de escuelas privadas. Nunca hubo otro tan inquebrantable, inflexible y poco sentimental. Tenía que "soñar las fotos", decía, o, como mucho, imaginarlas de pronto en un arrebato visionario. Entonces todo era cuestión de hacerlas. Art Kane: Retrospective (Art Kane: retrospectiva), una selección de imágenes del fotógrafo, se exhibe en las Snap Galleries de Londres entre el 11 de diciembre y el 31 de enero de 2015. El libro, titulado simplemente Art Kane, saldrá a la venta el mismo día en que se inagura la muestra. Está en el catálogo de la casa de publicaciones artísticas Reel Art Press [320 páginas, con 220 fotos en color y blanco y negro y un PVP aún no establecido por los editores]. Le encantaban las serpientes: llegó a convivir con más de una treintena Criado en el Bronx neoyorquino y aventurero desde la infancia —fue el primero de sus amigos en tener en casa serpientes, animales por los que siempre sintió debilidad: de adulto llegó a convivir con más una treintena—, peleó en la II Guerra Mundial como artillero. Se había alistado en un llamado Batallón de Camuflaje creyendo ciegamente que le tocaría disfrazar a sus compañeros pero se trataba de una unidad de cañones antiaéros escondidos bajo redes. Director gráfico de la primera revista para 'teens' Al regresar a la vida civil encontró trabajo en la revista Seventeen, la primera publicación para teenagers de los EE UU: a los 26 años ocupó el puesto de director gráfico y no dejaron de darle premios. Durante los fines de semana empezó a hacer fotos, vicio que le metió en el cuerpo Rudolph de Harak, uno de los fotógrafos de la revista, deseoso de aprovechar el tiempo libre para experimentar con la cámara y escapar de las fórmulas. Recibió clases de Brodovitch, maestro de Penn y Avedon Aunque había llegado a las fotos casi por casualidad, Kane estaba siglos por delante del amigo en cuestión de meses y se matriculó en las clases que dictaba el eminante exiliado ruso Alexei Brodovitch, que había sido jefe de fotografía de Harper's Bazaar y había enseñado a hacer fotos a otros dos genios, Irving Penn y Richard Avedon. Los mejores sesenta 'jazzmen', juntos en la calle En 1958 se produjo el encontronazo de las dos fuerzas que impulsaron la carrera de Kane: la fotografía y la música. Esquire le encargó un reportaje sobre el ambiente de los clubes de jazz del tórrido barrio de Harlem y, además de hacer retratos, participó como foto-fija en el documental A Great Day in Harlem (1958). Para el cartel hizo una de las imágenes más emblemáticas del jazz de todos los tiempos: más de medio centenar de músicos posando, reunidos en la calle 126ª de Harlem, rodeados de crios callejeros y en un ambiente donde la camaradería y la complicidad son palpables. Entre los reunidos están Thelonious Monk, Gene Krupa, Coleman Hawkins, Art Blakey, Charles Mingus, Dizzy Gillespie, Count Basie... Publicó en 'Life' foto-visiones basadas en las letras de los Beatles Desde entonces Kane supo que la música era el campo en el que deseaba trabajar. Aunque en las décadas siguientes firmaría también muy personales reportajes de moda, en los cantantes e intérpretes de rock y pop de los convulsos años sesenta y setenta encontró el terreno abonado para sus visiones mágicas, basadas en las sobreimpresiones (sandwiching, de sandwich, las llamaba). Quizá su trabajo cumbre fue el reportaje que publicó en Life en 1968 sobre foto-visiones basadas en las letras de canciones de los Beatles. Pueden verse en este vínculo de Google Books [a partir de la página 63 del ejemplar de la revista]. Los Who, 'garrulillos de Dickens' A medida que avanzaba, Kane desmontaba certezas: usó con valentía y sin falso pudor el gran angular logrando imágenes deformadas y casi esféricas, saturó los colores hasta el máximo umbral posible, dió la vuelta a las perspectivas (Who Killed Davey Moore?, 1970), hizo la foto que mejor condensa el dolor intenso de Janis Joplin, envolvió a los Who con una bandera británica y los puso a dormir en la calle ("eran como personajes de Dickens, unos garrulillos"), pintó de dorada la cara de Andy Warhol como si el Rey Midas se hubiera tocado a sí mismo... Durante los momentos más inflamados de los años de flores convertidas en cadáveres encerró a Bob Dylan en una esquina, rodeó a Frank Zappa de bebés desnudos —contraponiendo la imagen a la famosa reunión de chicas sin ropa que había usado de portada el muy macho Hendrix—, retrató a los Rolling Stones desde el nivel del suelo para dejar nota del carácter prepotente de Mick Jagger, a los Doors como a pedantes y a Cream, atrapados en las vías de un tren —la heroína había enganchado a los tres músicos del grupo—... Quiero que sean míos. Luego ya decidiré cómo los muestro "No me interesa hacer fotos de ninguno de ellos en un escenario, es una pérdida de tiempo. Quiero que sean míos, ser el propietario de su imagen. Luego ya decidiré cómo los muestro", afirmaba Kane. Desde la galería que albergará la exposición dicen que cada foto era un "ejemplo de innovación". Citan como ejemplo el retrato de Sony and Cher tomado bajo el agua que Kane hizo en 1966, singularmente parecido al del bebé que fue portada de un muy conocido disco de Nirvana 25 años más tarde. Kane había llegado antes. Como casi siempre.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2317825/0/art-kane/fotosgrafia/exposicion-libro/#xtor=AD-15&xts=467263
No le importaba el modelo la cámara —"cuanto más pequeña, mejor"—, no llevaba con él —como otros fotógrafos de su época y acaso de menos talla— una tropa de ayudantes, varios miles de watios en focos, todo tipo de parafernalia de embellecimiento, un equipo de peluquería y otro de maquillaje... No creía en los convencionalismos, inventaba sobre la marcha, soñando la foto antes de hacerla... De Art Kane y su mirada mágica se ha olvidado demasiada gente porque en la comparación muchos quedarían pobremente situados. Fotogalería Frank Zappa and the Mothers of INvention, 1968 7 Fotos Art Kane, fotógrafo 'mágico' Un libro y una exposición llegan al tiempo para recordarnos que el fotógrafo estadounidense (nacido Arthur Kanofsky en Nueva York en 1925 y muerto por suicidio —un disparo en la sien— en 1995, a los 69 años, hace casi dos décadas) fue el más influyente, atrevido, libre y creativo de todos los que tuvieron el inmenso privilegio de retratar los tiempos de sueños que parecían posibles de los años 60 y 70 del siglo pasado. Si alguien hizo de los ideales de entonces una crónica mágica, ese fue Kane. Los demás están por detrás. 'Activar el ojo parpadeando' "Me gusta que haya la menor distancia posible entre mi ojo y la creación de dios. Me gustaría que existiera un artilugio para ponerlo en el ojo y activarlo parpadeando, o meterlo en el oído o dentro de la boca...". Kane no podía soportar la idea de que una fotografía pasara por una planificación previa. Era como un niño salvaje en medio de una tribu de educados alumnos de escuelas privadas. Nunca hubo otro tan inquebrantable, inflexible y poco sentimental. Tenía que "soñar las fotos", decía, o, como mucho, imaginarlas de pronto en un arrebato visionario. Entonces todo era cuestión de hacerlas. Art Kane: Retrospective (Art Kane: retrospectiva), una selección de imágenes del fotógrafo, se exhibe en las Snap Galleries de Londres entre el 11 de diciembre y el 31 de enero de 2015. El libro, titulado simplemente Art Kane, saldrá a la venta el mismo día en que se inagura la muestra. Está en el catálogo de la casa de publicaciones artísticas Reel Art Press [320 páginas, con 220 fotos en color y blanco y negro y un PVP aún no establecido por los editores]. Le encantaban las serpientes: llegó a convivir con más de una treintena Criado en el Bronx neoyorquino y aventurero desde la infancia —fue el primero de sus amigos en tener en casa serpientes, animales por los que siempre sintió debilidad: de adulto llegó a convivir con más una treintena—, peleó en la II Guerra Mundial como artillero. Se había alistado en un llamado Batallón de Camuflaje creyendo ciegamente que le tocaría disfrazar a sus compañeros pero se trataba de una unidad de cañones antiaéros escondidos bajo redes. Director gráfico de la primera revista para 'teens' Al regresar a la vida civil encontró trabajo en la revista Seventeen, la primera publicación para teenagers de los EE UU: a los 26 años ocupó el puesto de director gráfico y no dejaron de darle premios. Durante los fines de semana empezó a hacer fotos, vicio que le metió en el cuerpo Rudolph de Harak, uno de los fotógrafos de la revista, deseoso de aprovechar el tiempo libre para experimentar con la cámara y escapar de las fórmulas. Recibió clases de Brodovitch, maestro de Penn y Avedon Aunque había llegado a las fotos casi por casualidad, Kane estaba siglos por delante del amigo en cuestión de meses y se matriculó en las clases que dictaba el eminante exiliado ruso Alexei Brodovitch, que había sido jefe de fotografía de Harper's Bazaar y había enseñado a hacer fotos a otros dos genios, Irving Penn y Richard Avedon. Los mejores sesenta 'jazzmen', juntos en la calle En 1958 se produjo el encontronazo de las dos fuerzas que impulsaron la carrera de Kane: la fotografía y la música. Esquire le encargó un reportaje sobre el ambiente de los clubes de jazz del tórrido barrio de Harlem y, además de hacer retratos, participó como foto-fija en el documental A Great Day in Harlem (1958). Para el cartel hizo una de las imágenes más emblemáticas del jazz de todos los tiempos: más de medio centenar de músicos posando, reunidos en la calle 126ª de Harlem, rodeados de crios callejeros y en un ambiente donde la camaradería y la complicidad son palpables. Entre los reunidos están Thelonious Monk, Gene Krupa, Coleman Hawkins, Art Blakey, Charles Mingus, Dizzy Gillespie, Count Basie... Publicó en 'Life' foto-visiones basadas en las letras de los Beatles Desde entonces Kane supo que la música era el campo en el que deseaba trabajar. Aunque en las décadas siguientes firmaría también muy personales reportajes de moda, en los cantantes e intérpretes de rock y pop de los convulsos años sesenta y setenta encontró el terreno abonado para sus visiones mágicas, basadas en las sobreimpresiones (sandwiching, de sandwich, las llamaba). Quizá su trabajo cumbre fue el reportaje que publicó en Life en 1968 sobre foto-visiones basadas en las letras de canciones de los Beatles. Pueden verse en este vínculo de Google Books [a partir de la página 63 del ejemplar de la revista]. Los Who, 'garrulillos de Dickens' A medida que avanzaba, Kane desmontaba certezas: usó con valentía y sin falso pudor el gran angular logrando imágenes deformadas y casi esféricas, saturó los colores hasta el máximo umbral posible, dió la vuelta a las perspectivas (Who Killed Davey Moore?, 1970), hizo la foto que mejor condensa el dolor intenso de Janis Joplin, envolvió a los Who con una bandera británica y los puso a dormir en la calle ("eran como personajes de Dickens, unos garrulillos"), pintó de dorada la cara de Andy Warhol como si el Rey Midas se hubiera tocado a sí mismo... Durante los momentos más inflamados de los años de flores convertidas en cadáveres encerró a Bob Dylan en una esquina, rodeó a Frank Zappa de bebés desnudos —contraponiendo la imagen a la famosa reunión de chicas sin ropa que había usado de portada el muy macho Hendrix—, retrató a los Rolling Stones desde el nivel del suelo para dejar nota del carácter prepotente de Mick Jagger, a los Doors como a pedantes y a Cream, atrapados en las vías de un tren —la heroína había enganchado a los tres músicos del grupo—... Quiero que sean míos. Luego ya decidiré cómo los muestro "No me interesa hacer fotos de ninguno de ellos en un escenario, es una pérdida de tiempo. Quiero que sean míos, ser el propietario de su imagen. Luego ya decidiré cómo los muestro", afirmaba Kane. Desde la galería que albergará la exposición dicen que cada foto era un "ejemplo de innovación". Citan como ejemplo el retrato de Sony and Cher tomado bajo el agua que Kane hizo en 1966, singularmente parecido al del bebé que fue portada de un muy conocido disco de Nirvana 25 años más tarde. Kane había llegado antes. Como casi siempre.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2317825/0/art-kane/fotosgrafia/exposicion-libro/#xtor=AD-15&xts=467263

lunes, 29 de diciembre de 2014

Cuando comprendo tu mirada escucho tu verdadera voz

Ana Rubio

A & H


Ícaro





Ícaro
Ícaro

Ana Rubio
Ícaro













No habrá paz sin verdad,
ni amor sin nobleza.
Y ahí andamos, descalzos....
Caminando cada despertar 
que nos vuelve a nacer
para abrazar la sonrisa
del alma.

La paz jamás será perfume,
nosotros somos el aroma
de todos aquellos
que a nuestro alrededor perciben
el sabor de la quietud,
la fragancia de la armonía,
la esencia de la vida.

Que el azuluz se empape de vida, de sonrisas.
La dicha, descalza.
Siempre descalza.








"..con el viento soplando a través de su pelo de caramelo..."



lunes, 9 de junio de 2014

Nunca sobran los motivos...

 
Salvador Savater




Cuando, hoy, a un niño le pones ante una lámina en blanco y unos lapices de colores, lo castigas.

El océano virtual es un charco de barquitos de papel, un manojo de paraguayos deshuesados. De Casablanca a Damasco crece la miopía. Me ahorraré el acuse de recibo, no hay peces ni jaula. Sólo pájaros huérfanos. No migran, anidan bajo tierra. No hay barrotes, bastardos del barro.

La genta que va por la calle mira al suelo, no miran ni al cielo, ni a los tejados, ni a los tendederos. Sombreros de nubes y muletas gemelas. Las palabras en las antenas y tronchadas, cualquier letra callejea.

Eres peculiar, porque la gente de este mundo, ahí fuera es normal; aquí dentro el mundo deja de ser peculiar y se convierte en el universo. Todo gira en constante desincronización.

Te confiaré que mi conciencia es sumamente arisca, me reprende cada vez que la tentación se abre paso.

Nunca sobran los motivos, sólo las palabras que por inventar jamás nacerán.

Alguien me llamó come(lame)cocos, y le mordí el alma mientras le acariciaba la excusa perfecta; una excusa no deja de ser una psicóloga con bata invisible y notas a la carta y un apego un sentimiento cojo, un ciego codicioso.

Llevaba tres meses a la caza y ruptura de la escoba más embrujadamente perversa. Dulce como la sal, agria como la piel que chorrea la miel, ácida como el error de traer hijos al mundo mientras lo más maravilloso que es contemplarlos, sufrirlos, amarlos y criarlos se convierte en el faro de Priamo. Essencias y eva-siones evocadoramente reales.... como la salada herida que en las muñecas la atadura marca, y el placebo queratina.

Fija y concibe. Dilata y desvirga. Un buey manso, cheposo y cochambroso como es mi deslome ha presenciado posiblemente una de la danzas más bellas que una sombra puede ejercer sobre el vientre de la lujuria.....y el baile manso, cariñosamente afilado, desproporcionadamente terso nubló al día en noche de cuervos, de brujas y merlines desenmascarados. El arte del sexo cobra sentido cuando el guión desquicia, atolondra y fulmina las reglas...que no las normas.El arte del amor paga sentido cuando la espontaneidad espanta a las olas...  rompeolas.

Su hueso es un trozo de cielo.....en vida. Un auténtico paseo allá donde el calvario se convierte en el infierno más endemoniadamente dulce, armónico y rozado. Donde la última letra no existe, y las palabras se transforman en el gozo de sentir como el deseo bulle, hierve que la materia gris que recorre desde la coronilla, atraviesa entre las cejas y se desliza por el olfato.... mesa los cabellos de los labios y abriendo la nuez se clava en el omóplato y sangra los pezones del macho cabrío troceada y convenientemente servido como el cordero degollado..... la naúsea melosa se enfrenta al trasiego y como una ruleta puntea, sortea, azuza que el blanconegro no son matices sino las maravillosas sensaciones que nunca creiste que encontrarías alquilando un trozo de isla furtiva. La sangre licuada, condensada, a punto de caramelo...revienta y transgrede las leyes del más putanesco de los escenarios.... todo lo anteriormente vivido, era un sueño....una utopía en estado catatónico.

Parece mentira, pero su hilo descosió a la bestia....y su laberinto mental me perdió en la selva de cien mujeres ataviadas en peplos de masculinas formas y dildos fantasmagóricos.

Su verga intelectual....me sumió allí donde Morfeo, encabritado se despoja del tiempo y te pierde en los océanos de la nada más radiante.

Altera el pulso y te sume en la metastasis que el pecado descarna en obra magna. El afrutado.....aroma de su ingle amazónica te turba en la zona cero. El hielo, la purga, la saliva se agotan en ese entuerto por descubrir como una mente con ese cuerpo no levita donde las estrellas se quitan el sombrero.

Y su hueso, sus huesos, te lleva, te llevan a donde quieras llegar in corpore.

Es áquel hojaldre, que no desconfia de los remilgos, ni de los halagos.... es aquella mistela vírgen que cada vez que tocan sus puntos estratégicos se abre a los nuevos gozos, a las nuevas luces.... al azul, inexorablemente se acaba arrodillando.

Es la piedad del camino. Te sientas en el cuenco de sus muslos y las sensaciones se reinventan en la embestida melosa, en la embestida cabrona.

Como su alma no reniega a la apertura Gambito de Dama reclinado....; como tres años.... serán un fin de siglo, o una noche en las fantasías del Firebird.. los guiños de una Ícara danza donde el tapete es leche y el vaso, sábanas de porcelana.

Pero lo que más me arrebata es la cúspide que su cerebrito, su fortaleza, su sabiduría anodadó a mi indulgencia...a mis párvulos pasos.... me fascinó lo culta que es la belleza cuando se desnuda por la testa.

Me emparanoié cuando descubrí que el mundo no deja de ser un pañuelo de pucheros, tendidos y rotos al pairo....y al palo, al maldito palo ciego....una buena tarde de invierno el azul le desnudó el nombre, al placer de lugar y al deseo de castillos de aires quietos, muertos de vida....paralizados por como la belleza, roza la tan soñada armonía. Vida intranquila.

Que la diestra, se lamenta.

Son las cosas del querer, las arrugas de cualquier voz....

Si te abrazo desnuda, es que me sentí tan a gusto, tan bien que una parte de mi ser se viste con tu presencia.

Y desnuda, ahora, nunca... estás. Ni eres. Vinagre.

Si nos giramos, volveremos a encontrarnos allí donde los sueños nos busquen, que encontrar nunca sabes cuando volverá a suceder.

Los grillos y las muñecas, una buena forma de anochecer la realidad..  al mondar las mandarinas, los gajos atrapan sueños.

Palabra