Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

Mi foto
Instagram: icaro_1969
Mostrando entradas con la etiqueta Björk. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Björk. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de agosto de 2015

Ex Aequo

Ícaro




Existen orquídeas que atraen a las abejas con la promesa de alimento imitando el aspecto de las flores productoras de néctar. Existen, incluso algunas, como la Orquídea Drácula, que seducen a los mosquitos con una batería de olores desagradables, desde el hedor a hongos y carne podrida hasta el olor de orina de gato o pañales hacinados….
La Orquídea Ophrys, a las que algunos botánicos, denominan la Orquídea Promiscua, no ofrece ninguna recompensa de néctar, ni de polen, sino que seduce a los machos de abejorro con una promesa de sexo apícola y después se asegura la polinización procediendo a fustrar el deseo que ha instigado en ellos. La planta, logra llevar a cabo su engaño sexual imitando el aspecto, el olor e incluso el tacto de una abeja hembra.
En abril cuando florecen, en la singular Cerdeña, desde un coche en marcha es fácil distinguirlas.
De cerca, el labio inferior de estas diminutas orquídeas tiene un parecido extraordinario con una hembra de abeja vista por detrás. Esa seudoabeja, que algunas especies de Ophrys presenta incluso pelos falsos y estructurosas membranosas que parecen codos e iridiscentes alas plegadas, parece tener la cabeza metida en una verde flor, formada por los sépalos de la flor auténtica.
Para reforzar el engaño, desprende un olor que, según se ha demostrado, coincide exactamente con los feromonas de la abeja hembra.
La abeja macho atraida, se posa en la trampa tendida e intenta copular.
En medio de estos inútiles esfuerzos, empuja el ginostemo de la orquídea (una estructura que alberga los órganos reproductores masculinos y femeninos), y dos masas amarillas llenas de polen (polinios) se le quedan pegadas al dorso con una sustancia adhesiva de secado rápido.
La frustración aumenta.
La abeja comprende que cayó en su trampa, entonces sale volando bruscamente, con los polinios adheridos, en busca de la auténtica compañía femenina.
Estas abejas se denominan “penes voladores”, porque se convierten en las auténticas colonizadoras de estas enigmáticas y atrayentes flores que en más de veinticinco mil diferentes especies poblan los cinco continentes.
Y siguen seduciendo a los insectos y al mayor de ellos, el ser humano.
Nace el dilema, entre sexo y comida, jaleo y jadeo….las prioridades las regula, dicta y muestra ella: la reina de la colmena… la madre de la naturaleza….
La prima donna.
La mujer, madre del meollo, del labelo crepuscular donde los zánganos hincan los incisivos desde el día en que les engendran hasta el día que los incineran.
La pleitesía.
Dedicado a la estrategia femenina, al poder de la seducción invisible, al rigor mortis de la intuición, y a la lluvia de los besos robados.
El cebo era un anacrónico camelo.
El fiasco del cebo era el celo. Un desatado hijo de Dédalo derritiéndose en la trampa del juego atemporal.
Reniego de la belleza, porque es belleza aplastante. Edipo triunfó, y el Párnaso se anegó.
Un vacío de meses, nada... absoluta nimiedad.
Y la opulencia de la carnalidad. En canal.
Una ojerosa y desatada ceguera se interpuso entre los pétalos de sus yemas y el cardo borriquero de casi a tres mil.
Lo que la alcoba nació, bien mecido y adormilado en duermevela se acuna.
Las agujetas, perras... bostezan.
Las imágenes fluyen en aquellos charcos de mecramé.
La costura, los jirones, los bocados, los flashes, las poses, las exculturas y el cuadro, cubiertos por las sábanas de una perspectiva tan particular como libre.
Ella segrega una única gota de néctar a treinta centímetros del fondo de su espolón… y nuestras lenguas hermanas de leche encontrarán la manera de entroncarse para saber que sin decirse nada, todo se siente.
Todo se intuye, hasta lamerse.






jueves, 30 de agosto de 2012

El deseo nos nace a cada alba, en cada muda palabra.



"Dánae". Gustav Klimt




EL DESEO DE LA PALABRA



La noche, de nuevo la noche, la magistral sapiencia de lo oscuro, el cálido roce de la muerte, un instante de éxtasis para mí, heredera de todo jardín prohibido.

Pasos y voces del lado sombrío del jardín. Risas en el interior de las paredes. No vayas a creer que están vivos. No vayas a creer que no están vivos. En cualquier momento la fisura en la pared y el súbito desbandarse de las niñas que fui.

Caen niñas de papel de variados colores. ¿Hablan los colores? ¿Hablan las imágenes de papel? Solamente hablan las doradas y de ésas no hay ninguna por aquí.

Voy entre muros que se acercan, que se juntan. Toda la noche hasta la aurora salmodiaba: Si no vino es porque no vino. Pregunto. ¿A quién? Dice que pregunta, quiere saber a quién pregunta. Tú ya no hablas con nadie. Extranjera a muerte está muriéndose. Otro es el lenguaje de los agonizantes.

He malgastado el don de transfigurar a los prohibidos (los siento respirar adentro de las paredes). Imposible narrar mi día, mi vía. Pero contempla absolutamente sola la desnudez de estos muros. Ninguna flor crece ni crecerá del milagro. A pan y agua toda la vida.

En la cima de la alegría he declarado acerca de una música jamás oída. ¿Y qué? Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir.




LA PALABRA DEL DESEO



Esta espectral textura de la oscuridad, esta melodía en los huesos, este soplo de silencios diversos, este ir abajo por abajo, esta galería oscura, oscura, este hundirse sin hundirse.

¿Qué estoy diciendo? Está oscuro y quiero entrar. No sé qué más decir. (Yo no quiero decir, yo quiero entrar.) El dolor en los huesos, el lenguaje roto a palabras, poco a poco reconstituir el diagrama de la irrealidad.

Posesiones no tengo (esto es seguro; al fin algo seguro). Luego una melodía. Es una melodía plañidera, una luz lila, una inminencia sin destinatario. Veo la melodía. Presencia de una luz anaranjada. Sin tu mirada no voy a saber vivir, también esto es seguro. Te suscito, te resucito. Y me dijo que saliera al viento y fuera de casa en casa preguntando si estaba.

Paso desnuda con un cirio en la mano, castillo frío, jardín de las delicias. La soledad no es estar parada en el muelle, a la madrugada, mirando el agua con avidez. La soledad es no poder decirla por no poder circundarla por no poder darle un rostro por no poder hacerla sinónimo de un paisaje. La soledad sería esta melodía rota de mis frases.



Alejandra Pizarnik



 

 




lunes, 4 de junio de 2012

Rotundas VI




"Aparcero" (1952) Elizabeth Catlett















La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar.







 








 

Exageráis la hipocresía de los hombres. La mayoría piensa demasiado poco para permitirse el lujo de poder pensar el doble.







 


"Incertidumbre" (2007) Maya Kulenovic










viernes, 18 de mayo de 2012

Rotundas V

Fotografía: Amy Helene Johansson






















Manos que pueden agarrar.... ojos que pueden dilatarse.... cabello que puede erizarse, si debe. Estas cosas son importantes, no porque una altisonante interpretación pueda encajarse sobre ellas, sino porque son útiles.


















Comenzamos a darnos cuenta del precio que paga el que depende de la belleza: queda librado al horror.










La paz comienza con una sonrisa.

















martes, 10 de abril de 2012

Antes de que te lo enseñen por ahí

Antes de que te lo enseñen por ahí
te lo voy a explicar yo
-me dijo-
mientras abría mi cama.
Ya no recuerdo cuantos años tenía entonces,
si era joven o vieja.
Sólo recuerdo el asco
arrastrándose dedo tras dedo
por las manos de todos los hombres
-por mis propias manos-
Por favor, pasen sin tocar, pasen pasen.

Hasta que un día encerré el dolor en un frasco
le puse al asco tu cara
y cerré la tapa.
Cuando abrí los ojos habías desaparecido
y por fin pude besar
los ansiolíticos dedos de mi amante.


(Bella Durmiente. Hiperión ediciones, 2004.)
Miriam Reyes