Amé en aquella mirada lo que había de sospecha. Y el miedo de las cosas tenía en aquel espejo la ilusión de disentir del futuro. Contacto: jrubaz@hotmail.com
Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.
...Y bajo la lápida invisible.. un faro en la piedrecita que flota,
supervive y anida en cada orilla perdida que el mar de la esperanza
troba para dejarse mojar en la sequía, para empaparse en la frontera sin
agacharse, ni rendirse. Adueñándose del aire, sin salpicar. Arrimándose, sin encogerse, ni poseerse. Naciendo agua para que muera la tierra yerma. Cruzamos el sendero infinito tras el charco de nuestras manos. Cuenco. Besorbo. Y el precipicio
zenital nos sonríe cómplice, sosegado, fértil. Nos une el amor. Por supuesto, que nos une el amor como se entiende cuando da
al nudo el ombligo del mundo, y será que cada lazo es ombligo en un
mundo que deseamos que nazca en cuerpo y alma. Nos ofrecemos y encontramos sin la esperanza de
unir la eternidad en plebiscito, lo liviano en frágil, lo cotidiano en desidia, el entramado en jaula, crece y roza. Curte. Aprehende. Lo que
nos convierte en intangible invisibilidad y lo emocional, lo coetáneo en
trascendente.
Nos une el amor, y ahí, las escrituras no existen.
Ni las que se registran, ni las sagradas.
Ni las que el viento se llevará o la marea embarrará.
¿Quién es el muerto en traje de bodas de este día?
La luna de la tarde: su campanada resquebraja el interior del día: resquebraja la luz: me resquebraja
La una: su lentísimo bronce
Hacía nosotros vuela la luna de la tarde: la paloma:
la paloma podrida de la tarde
Urde el tiempo la trama de su crimen
Fulge un escupitajo en la frente de la Virgen
Una mujer hermosa escupe escarabajos:
la luz amarga fermentó en la sombra.
Hombres de ojos cansados retornan a sus casas
Mujeres donde el filo de la madrugada cala profundamente
Niños en la garra del sueño
Muchachas con el cuello entre las fauces de la pesadilla
Dos rojísimas brasas queman la oscuridad:
son los ojos del príncipe del aire:
Mi enemigo.
No es posible tocar el corazón humano
sin mancharse de sangre.
Se ha secado en tu frente la corona de hiedra
Otra vez hay mar cruel
azul amargo
maligna transparencia
Se apagó el cristal rojo
El paraísop de la pasión fue desvastado
¿bailar desnudos en un cementerio?
Volvió el nocturno aullido
la loba condenada.
¿Con tan humanos pechos querías amantar la eternidad?
Qué deseo de hacer estallar mi corazón como una bolsa de papel
Qué ganas de arrojar sobre tanto verdor
un cubetazo de sangre caliente
que lo encienda todo.
Un rayo cruza la estancia silenciosa
"Afuera hay luz" Me digo:
pero ese rayo segará mi garganta.
Se fue la diosa
en su lugar quedó
tan sólo
una hermosa mujer hablando en prosa
Ella se va también
La hembra
ha retornado al rebaño de hembras.
Yo también me retiro
Atrás quedó la noche
el libro abierto
el pequeño jardín
donde amamos nueve horas sucesivas
Queda la cueva negra en que juramos
la fogata pequeña
que se encendió en su vientre.
Los nuevos ojos con que vió
Atrás queda la música que nunca pudimos escuchar
el tálamo
(y añado yo, el barro cuarteado....el silencio infiel)
Las voces del destino
Atrás quedan los ojos transparentes:
el pueblo
el agua
el ámbar
un manojo de días atados por la luz
Yo me voy
paso a paso
equilibrándome sobre la cuerda tensa de la tarde
Extraño fuego el de los ojos húmedos
la página se moja
cielo negro.
Me dijeron que no tendría jamás
la blanca imagen
enjoyada y desnuda
de la diosa
en mi cama
Que no existe
Dijeron por lo tanto y luego entonces
Dijeron si y sólo si
Pero yo dije no
y regrese hasta el lecho donde ella me esperaba
enjoyada y desnuda
Y le he contado todo
tal como ahora os lo susurro a vosotros.
Cuando estás ausente, tu figura se dilata hasta el punto de llenar el universo. Pasas al estado fluido, que es el de los fantasmas. Cuando estás presente, tu figura se condensa; alcanzas las concentraciones de los metales más pesados, del iridio, del mercurio. Muero de ese peso, cuando me cae en el corazón.
Soledad. . . Yo no creo como ellos creen, no vivo como ellos viven, no amo como ellos aman... Moriré como ellos mueren.
El alcohol desembriaga. Después de beber unos sorbitos de coñac, ya no pienso en ti.
No hay nada que temer. He tocado fondo. No puedo caer más bajo que tu corazón
Un corazón es tal vez algo sucio. Pertenece a las tablas de anatomía y al mostrador del carnicero. Yo prefiero tu cuerpo.
Nos rodea la atmósfera de Leysin, de Montana, de los sanatorios de alta montaña acristalados como acuarios, gigantescas reservas donde continuamente acude a pescar la Muerte. Los enfermos escupen confidencias sanguinolentas, intercambian bacilos, comparan cuadros de temperatura, se instalan en una camaradería de peligros. ¿Quién tiene más lesiones, tú o yo?
¿A dónde huir? Tú llenas el mundo. No puedo huir más que en ti.
Nos acordamos de nuestros sueños, pero no recordamos nuestro dormir. Tan sólo dos veces penetré en esos fondos, surcados por las corrientes, en donde nuestros sueños no son más que restos de un naufragio de realidades sumergidas. El otro día, borracha de felicidad como uno se emborracha de aire al final de una larga carrera, me eché en la cama a la manera del nadador que se lanza de espaldas, con los brazos en cruz: caí en un mar azul. Adosada al abismo como una nadadora que hace el muerto, sostenida por la bolsa de oxígeno de mis pulmones llenos de aire, emergí de aquel mar griego como una isla recién nacida. Esta noche, borracha de dolor, me dejo caer en la cama con los gestos de una ahogada que se abandona: cedo al sueño como a la asfixia. Las corrientes de recuerdos persisten a través del embrutecimiento nocturno, me arrastran hacia una especie de lago Asfaltita. No hay manera de hundirse en este agua saturada de sales, amarga como la secreción de los pájaros. Floto como la momia en su asfalto, con la aprensión de un despertar que será, todo lo más, un sobrevivir. El flujo y reflujo del sueño me hacen dar vueltas, a pesar mío, en esta playa de batista. A cada momento, mis rodillas tropiezan con tu recuerdo. El frío me despierta, como si me hubiera acostado con un muerto.
Soporto tus defectos. Uno se resigna a los defectos de Dios. Soporto tu ausencia. Uno se resigna a la ausencia de Dios.
Lo único horrible es no servir para nada. Haz de mí lo que quieras, incluso una pantalla, incluso un metal buen conductor.
Amar con los ojos cerrados es amar como un ciego. Amar con los ojos abiertos tal vez sea amar como un loco: es aceptarlo todo apasionadamente. Yo te amo como una loca.
Se llega virgen a todos los acontecimientos de la vida. Tengo miedo de no saber cómo arreglármelas con mi dolor.
Ardiendo con más fuegos... Animal cansado, un látigo de llamas me azota con fuerza las espaldas. He hallado el verdadero sentido de las metáforas de los poetas. Me despierto cada noche envuelta en el incendio de mi propia sangre.
Cuando vuelvo a verte, todo se torna límpido. Acepto sufrir.
hay siempre ese espacio ahí justo antes de que nos agarren ese espacio que nos relaja nos deja respirar digo tirarte en la cama pensando en nada o digo servirte un vaso de agua del grifo mientras tú te llenas de nada ese espacio amable y puro es lo que vale siglos de existencia digo sólo rascarte el cuello mientras miras por la ventana una rama desnuda ese espacio ahí antes de que nos agarren nos asegura que cuando lo hagan no lo tendrán todo. Charles Bukowski