Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

Mi foto
Instagram: icaro_1969
Mostrando entradas con la etiqueta Aloisov. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aloisov. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de julio de 2012

Canción triste de Alexandra Street

Fotografía: Aloisov





*Escrito hace un puñado de años, cuando mi alma se maniató de pies y manos y las alas crecieron rotas, romas y toscas.







Alexandra es frágil.

Como cuando llora una balalaika con la ternura del más abuelo de los sentimientos.... la nostalgia.

Alexandra es de leche cuajada.

Como cuando peinas la nata con la lengua y lo agrio se endulza en la noria del paladar.

Alexandra sabe que Volvogrado nunca más se dejará sangrar como Stalingrado.

Y ella es la personificación de la estatua de miel salada, helada, que se desmorona en cada beso, en cada pose, ante cada efímero alquiler por horas, entre sábanas de caricias siempre sabe encontrar el puñal que le recuerda porque está, con quien está, hasta cuando aguantará. Comprendes al contemplar su mirada que la tristeza no tiene palabras.


Dedicado a todas aquellas mujeres que condenadas por el engaño y el miedo, que amarradas al yugo del pavor esperan aquella puerta que sólo el cielo y el coraje permiten cruzar. Dedicado a aquellas almas que esposadas a los principios elementales de la libertad dibujan huecos de luces y al final sonríen, siempre sonríen.

Existen las princesas descalzas. Por supuesto, que cohabitan con el standing, el status, el lujo y la parafernalia; que el pastel es un círculo. Y los círculos, a veces son virtuosos y otros el cuento de nunca acabar.

Existen las calles,las ratas y los miserables, la mugre, la amenaza y el coagulo, la mierda, lo ruín, lo nauseabundo, el acoso, el cigüeñal que como el gato tuerto sostiene el lecho de la cafarna. La esquina amenazante, el bastardo, la perilla, lo inhumano, el desprecio, el password en la biblioteca y el pasaporte del infierno.... y la única salida....es disimular el pavor, el miedo y osar a entrar donde nadie podría haberlo ni imaginado.


Alexandra es joven.

Y tan bella, tan bella... de porcelana pasmosa y de seda acuosa.

Alexandra se cortó los cabellos porque sus venas alquilan savia.

Porque las venas al lucero del alba no son más que lo que fluye en el imaginario.

Alexandra se pinta los labios con papel de fumar.

El carmín es un beso robado.

Alexandra es tan natural, tan sencilla, tan honesta, tan auténtica.

Que se aterran y estremecen los somieres del vecindario. Donde todos duermen y ella escribe con lágrimas sus sueños de angostura.

Alexandra te embelesa, te atrapa, te endiosa el alma y amamanta su hades de lo que se deja querer por temer.

Porque un maldito día decidió dejar atrás los veinte bajo cero y encontró los veinticinco a la sombra.

Alexandra tiene los ojos más abiertos del mundo.

Pero su mundo es un vaso de agua.

Alexandra va a tientas.

Porque a ciegas le robaron la inocencia.

Alexandra sólo sonrie tras llorar.

No sabe como se rie tan sólo al despertar.

Alexandra, es muy hermosa.... pero es una hermosa canción triste que tararea, que tararea sin cesar cuando te mira.

Jamás sabrá que alguien se ocupó y preocupó por ella, porque de su triste canción se encuentran las ruinas perdidas.

Alexandra volverá a pisar charcos sin mojarse las alas.

Y cuando escuché aquella vieja canción, la tristeza tan sólo habrá sido un mal sueño.

Y eso espero, que ella, que todas las que están atadas al mundo más cobarde encuentren un resquicio, alguien que las escuche, alguien que las ayude a escapar de donde nunca debieron dejar lo más bello de un alma:

La edad de la inocencia.

Que la vida envejece sola.

Sin empujones, ni calzador.

Alexandra es un alma tan bella como su rota canción.





viernes, 8 de junio de 2012

Sangre caliente: el paté del alma.



Fotografia: Oleg Maidakov



Las vísceras son un manjar delicioso o asqueroso... menudillos, hígado, riñones, el corazón e incluso la sangre, se sirven en porcelana fina o se entierran bajo el mantel mientras las náuseas le sonríen al glotón destripador de miembros.

La cuchara, enviuda. La cucharada, se masturba.

El cuchillo, degluta. La cuchillada, desangra.

El tenedor, parece una bailarana buscando la parte magra, la fibra viva... el perfecto equilibrio. La teneduria ensambla el ejército de los cartílagos. Corta y rasga. Pega y da la espalda. Engulle y al fin... olvida. Di gestión, y te diré quien no eres. Que engañas, embobas, alerdas, azuzas, destripas, coagulas, estrujas y con el pulgar gordo de cada pie izquierdo la metes de tres en el cubo de la basura que Sokolov compuso en do menor.

El plato, el paciente plato encaja rayaduras, a regañadientes, como la tiza en manos del niño que dibuja gotas de lluvia rompiendo la punta de la gravedad, esperando que la maestra vida le enseñe porque las puertas son ventanas y las manetas... cortinas.

Las servilletas, disimulan. Y las bocas, las malas lenguas.... parecen elefantes talando el marfil de cada gota de sangre caliente que empapa al pobre animal que se deja apresar por el parásito de su propio plasma... de su misma tierra.


El fuego, cunde...funde...maquilla y espesa. La sangre se convierte por arte de magia en una figura untada en el descuartizado y mutilado puzzle de aquel desorden perfectamente calculado y en la vileza el estoque, y en el capeo...cambio de tercio. Piezas disimuladas, entrabadas, corruptas y lesivas.... como la forja, el yunque es el perfecto erial donde todo encaja, donde todo permuta, donde lo gélido y capcioso arrastra al astado hasta el matadero. Luego la suerte. Y ahí, en ese lance...la caliente sangre ya se subasta como la carne del rabo o el cuerno del santo.

El ombligo, cordón umbilical del mundo al egoísmo....revienta.... o se columpia entre la tarantela y la penitencia. Misericordia. La gran pena....la pauta. el punteo, no se pase del punto....que la carne dura, putrefacta ... suena hueca. Muere como la plastilina en las manos de los perros... desmembrada.

Fotografia: Alexey Aloisov
Todo ese pastel asado ofrece a los sentidos un repelús endemoniadamente proteico o una ávidez digna del más compulsivo de los caníbales.

Soy uno de ellos. De los últimos. Intento alimentarme de pescado azul y hierbas.... Pero sólo me las fumo, y sólo los suelto sin red donde no hay corales, ni gorgonaas, ni siquiera el candil de Geppeto.

Me encanta, me retroalimenta; la carne magra, la carne humana, la carne propia y la ajena, la dura y la que perdura. El alma que de entre los huesos suena a arpa corpórea a música de libertad que sostiene, que grita, chilla y engalana aquel grito que sólo sale de donde los soldados del vientre cargan banderas blancas. Soy uno de ellos, un peón de brega, caníbal y asquerosamente imperfecto; uncido en carnes humanas a plena disposición del mosquito tigresa, de la culebra de las travesías, del despecho pírrico....

...Y doro y adoro a esas lenguas hermanas que no dicen lo mismo pero se entienden, se respetan y esgrimen el sablefloretetirachinassoldadorflautadulce que suena igual en cualquier lugar de éste maldito horno.... ¿o era inframundo?; donde la carne empieza a comerse a los cabellos y cepilla el pestañeo, adoro la escaramuza, el retruécano, la canga y el perdón, el desliz, la errata y la tara, la arruga, el desdén y el orden perfectamente alterado.

Pero por encima de lo que el fuego aparenta.... me muero por las ascuas, las brasas, las vetas, las cenizas y la sinceridad.... y si el fuego arde, quema.

Y si el fuego enroceje, lloras.

Y si el fuego suena, cruje.

Y si el béndito fuego fuera humano, todos seríamos de sangre caliente.... que la gélida, la blanca, la lechosa sólo sirve para engendrar más fuego a los nueve meses.

De pequeño recuerdo el rebaño de moscas dibujando corazones en torno a la bestia putrefacta antes de ser rajada como una sandía.... y aquel río de la inocencia, desde aquel preciso instante se convirtió en la frontera de la sangre que en cada uno de nosotros fluye.

Para algunos la caliente, para otros el paté del alma.