Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

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martes, 24 de noviembre de 2015

Babuchas en la niebla

El secreto


Hay una palabra que pertenece a un reino
que me deja muda de horror.

No espantes nuestro mundo,
no empujes con la palabra incauta
nuestro barco para siempre al mar.

Temo después de tocar la palabra,
nos volvamos demasiado puros.

¿Qué haríamos con nuestra vida pura?

Deja al cielo tan sólo a la esperanza,
con dedos trémulos sello tus labios,
no la digas.

Hace tanto tiempo que de miedo la escondo,
que olvidé que la desconozco.

Y, de ella hice mi secreto mortal.


Clarice Lispector










Ícaro
Ícaro





A mi no me importa
que alguien me llore,
cuando me llegue la muerte.

Lo que necesito
es que alguien me ría
mientras me llega la vida.

 

Gloria Fuertes





                                          


Ícaro








De un fulgor a otro
 


Quizás no se deba ir más lejos.

Aventurarse quizás apenas sea
desventurarse más,
alejarse un atroz infinito
del sueño al que accedemos
para irisar la vida,
como el juego de luces que encendía,
en la infancia,
el prisma de cristal,
el lago de tristeza, ciertas islas.
Sí, entre biseles citados los colores,
un fulgor anidaba sobre otro
-seda y deslumbramiento
el margen del espejo-
y aquello también era un espectro,
sabido, exacto. 
Centelleos ajenos
en un mundo apagado.
Como un canto sin un cuerpo visible,
un reflejo del sol creaba
una cascada un río una floresta
entre paredes áridas.
Sí, no vayamos más lejos,
quedemos junto al pájaro humilde
que tiene nido entre la buganvilia
y de cerca vigila.

Más allá sé que empieza lo sórdido,
la codicia, el estrago. 


De "Nuevas arenas II" 2002
 Ida Vitale



 


Ícaro




viernes, 9 de octubre de 2015

Gloriosa: Pereza de cuerpos

Ícaro, Madrid




Y ahí, en medio de la mentira y de la verdad, estaba yo, ingenuo, crédulo e incauto; pensando que la palabra es el espejo del pensamiento; que el gesto, un signo de puntuación. Sí, ahí estaba. Las formas de la vida corrían más que mi razón y necesitaba horas para darme cuenta de lo que se escondía tras ellas. Fue entonces cuando descubrí esa otra lengua sin palabras, signos de puntuación ni cortinas, esa lengua como la muerte bajo la que nada se puede ocultar ni los cuerpos, las osamentas ni el alma: el sexo.


Milano, Julio '15






De espaldas.

Como naces a la fertilidad.


Nua.


Siempre de espaldas.


Mientras deshago de cojines las manos, el papel entelado de la alcoba hexagonal da paso a la rendición. Monsieur bidet acude a la rutina, a la vieja costumbre de lloverte bocarriba.


Es la más sabrosa de las liturgias.


El sinfonier se unce en cera, desempolva aquellas pequeñas cajitas de plástico que miman los mejores secretos guardados. Depende qué noche suena áquel, depende cuál el "repeat all". Algunas se entremezclan y siempre nos vencen al sueño. Al profundo.


La lámpara de sal ubica a las formas dulces, a las gónadas en pie de guerra. A la ámbar piedra de tu voluptuosidad, un sinfín de curvas apretadas, de arrozales. Un faro erizado sobre el crepúsculo de la marea pegajosa. El barro. Un desenredo. Un infierno paradisíaco donde la extenuación colma al dos, en sólo uno.


Esa espera. A veces larga, otras efímera, me permite adivinar por los sonidos tras el pestillo que las lentejas sabrán caldosas, a fuego lento... o serán más líquidas, mas livianas.


Disfrutamos haciéndolas.


Nuestra liturgia. Una vez tú, otra yo. Otras los dos.


Comino.


Y el juego del cortejo es el adobe infame que persuade al instinto.


Comino y de espaldas.


El pestillo derrota.


Las velas lloran luz.


"Nocturne" explota.


La alfombra tijeretea la sombra de mis talones.


Y a veces sin tan siquiera chupar de la sal de la lámpara que silba...

...tus uñas toquetean mi punto flaco.


La debilidad de la virginidad.


Y aunque esa cantinela ronronee, la evidencia se enclaustra.


Los relojes se derriten.


De espaldas.


Siempre de espaldas.


Con el pulgar bebiendo.


Y la cabellera peinada de sienes y yemas.


Busco el precipicio.


Y centras la orquesta.


Abres las puertas, los labiox, las sombras y la pulpa de melocotón.


El tercer derrama. El tercer, aflora.


Las lentejas tiernas, tan tiernas como los besos de ajo y los labios de trancebolla.


De espaldas.


Y el festín.

 
El de los monos.


El primario.


El puro.


Siempre de espaldas.


Espadas en todo lo alto.


Y siempre, siempre, siempre.


Lo mejor está por llegar.


Porque de espaldas al infinito, al más allá, a la pureza....


...entre la sábana y tu espalda.


El corazón nos aguarda para fundir lo que las palabras por inventar no puden disimular, ni evitar.


Los cojines, desterrados.


Las sábanas, jirones.


La lámpara, desencantada.


El cuadro, invisible.


La vela, apagada.


La música, silenciada.


Las lentejas, maravillosas.


Sólo de espaldas el amor, la pasión, el instinto y la pureza adivinan que se cuece de frente.


Y te juro que jamás me comí, adoré, amé y saboreé unas lentejas como las que de espaldas tus manos maceran, crean y enraizan.


¿Será el comino?


¿O el más maravilloso de los caos?


De espaldas.


La cuchara, a nuestros pies. 




Londres, invierno '13.







                                                                                                                                                                                    








A mi me encantaría mirarte...

pero... no te encuentro 

es el gran pecado de esta casa... demasiados pasillos. Tantas corrientes.

¿ En qué habitación dejaste tus fotos?

Las nuestras, empolvadas entre alcanfor y luces difuminadas. Borrosas.

El otro gran pecado es la comida. 

Cocinar me relaja y evade. Y la creatividad de las reducciones me enseñó a caminar
con los dedos al hambre. 

Da miedo pensar lo poco que conocemos a los que conocemos. 


El silencio es la virtud de los locos.
 
Atarlo... amordazarlo... encerrarlo por que ardo dentro de mí. No estoy cuerdo, estoy loco...no creáis lo que os cuento... no es mentira... tampoco, verdad... pura subjetividad.

Gloriosa pereza de cuerpos... aquí la tengo al fin... parece mentira, es tan bella. 


Versailles, Pariprimavera '14 (Retoque primavera '15).






                                             




Ícaro, Milano






Ícaro, Aiguamúrcia




lunes, 26 de mayo de 2014

Gustavo Santaolalla. La jaula en nuestra mente.

Jim Downs







"Ya no recuerdo.

Si me estaba construyendo un ataúd de ayeres o una pecera de mañanas.

Con remos a otras vidas.

Y popa de pompas...

....pero siempre, siempre....aparece un iris, que varea y tercia lo que las ondas esconden.

Sotovocce, existen susurros incontestables.

Y ahora, cuando la guinda caduca la vida me regala un féretro de porcelana resquebrajada.

Sabes que donde vivo no existen farmacias de guardia, ni veterinarios del corazón.

Demasiado peso para seis manos. 

La conciencia es una obsesa mórbida. Una cuchilla infesta y caliente. Saja mientras zurce.


Una hermosa cicatriz para decirme que ya no recuerdo.

Y a mi pecho ya no le preocupa otra más. Al alma, sí.

La herida es bella."



























martes, 1 de octubre de 2013

Erratic diary II

Marcin Sacha










100




Noche de gatos perros y gatas perras.

De riguroso y lacrado cuero. Maullándose los ladridos, mientras los tobillos juegan en el corral.

Y así, mientras el hummus fermenta, se lamen los lunares los truenos a sol antico.

Mientras, el vástago cena a la derecha del collar, la madresueñaselva se desprende de gasas y jarras límpidas.

Gustas.

Gustas y te relames.

Y en la cleopatra mirada de puerca encelada, la sutileza del cutis se deja el malva y las agallas.

Ladras.

Nunca dejas de ladrarme.

El gato entre la carótida y el violín.

Jambre.

Nunca dejamos de abraperrearnos.















96



Pezoneras y la vergada de nalgas fustigó al liláceo ossobuco que se trincha con los nudillos en círculos y en pausa.

Repeat all.

Pezoneras.

Dormían bajo la piel rosa de la hiedra. 

Y despertaron.

Primero un verano non. Luego un invierno al punto.

Y turgentes, relucientes, eléctricos se disputaban el honor de ser más sensibles, vehementes, puercos y cortesanos.

Siempre se vanaglorió el izquierdo de ser más diestro.

Aunque el derecho por henchido y retozón daba más al tallo. Que no la talla.

Las debilidades son incoherentes.

Adoramos al gas noble.

Aunque esa pezonera, carne magra y húmeda donde las haya, se ensalsa, se turba al sólo roce del recuerdo del sabo. Y es que el sabo es pegajoso, visceral, sediento.... y la saliva dama, coqueta y agridulce.

El esputo lo aclaró.

Ponte bocabajo, de espaldas y espútame donde la pezonera alisa pliegues y hace la raya a la seda rebelde.

Puedes tocarte. 

Tocarte y comprobar si tus labios se muerden por la saliva puritana o por el cerdo sabo. Al mador o al sudor, poco les importa.

Siempre prefieres chuparte el pulgar.

Querencia... por esa hermosa pezonera.












95




Nada es perfecto.

Nadie es imperfecto.

Sólo el trance.

Perfecto, por el encaje, la sinergia, la simplicidad y la generosidad. No espera, ni desespera.

Por su pureza.

Imperfecto, por la gula, el anhelo, el eco y lo cóncavo. Por su trono.

Nada es eterno.

Nadie es olvido.

Sólo el trance.

Eterno, por que no mide el tiempo, ni mengüa al espacio; no peina muñecas ni desnuda nucas. 
No viste santos, ni desahoga la leche en la sange, para deliquio del ego.

Olvido, por que parece que no existe. Pero es y está. Por que parece que no arriba, y aprende, 
siembra. Como el tacto de la piel de melocotón en los huesos del alma.

Nada es mentira.

Nadie es verdad.

Sólo el trance.

Mentira, por que nace cada noche, y muere en la duermevela del conticinio de tus ojos arco iris.

Verdad, por que crees que la mentira reconoce lo que las palabras por inventar acallan en su 
verdad.

Nada es dolor.

Nadie es amor.

Sólo el trance.

Dolor, por que el amor no es de nadie y está en todo, en todos.

Amor, por que el dolor es de todos y no tiene padre. Por que su angustia es la madre del amor.

Nada es de nadie.

Nadie es de nada.

Sólo el trance.

De nada, por que nadie está sin ser.

De nadie, por que la posesión es nada.

Nada es orgamo.

Nadie es místico.

Sólo el trance.

Orgasmo, por que hasta que no se entienda y sienta la mitad de la mitad de la mitad... con tan pocas 
palabras, como con tantos gestos, todos; el placer no se convertirá en el pájaro errante que anida
en el corazón de tus labiox, en la rama de tu lengua.

Místico, por que dos es uno, y uno en dos.

Sólo el trance de tus ojos en la mirada del porvenir forja el camino de la vida tranquilla.

Sólo y desde aquella primera vez sentí que se puede, y se debe, crecer para que el amor sea 
un místico orgasmo cotidiano. Nocturno.

Desde el primer uno, dieciséis doses.

Sólo alcancé la paz, cuando el perfume de tus pestañas rizadas desencadenó lo que dormía 
hacia demasiado tiempo en el cofre oxidado de los miedos.

Ahora reluce.













jueves, 29 de noviembre de 2012

Segunda Hybris

 
Fotografía: Cosmin Lucin
 
 
 
 
 
 
(Antes de aquel instante ella albergaba océanos,
abisales dominios donde duerme la noche,
piélagos habitados por seres imposibles,
hidras, rayas, siluros, medusas, hipocampos,
formidables escilas de letal alarido).

Él sondeó las cálidas corrientes en sus sienes,
las venas una a una de aquel cuerpo reciente,
batíscafo de linfas se embriagó en el espasmo
del prodigioso pálpito que por fin la animaba,
al fin viva, al fin viva, al fin estaba viva.

Se sumergió en aquellas plácidas tibiedades
–tan lejos ya la fría blancura de su mármol
inerte a la caricia, desoladoramente
congelada al contacto su pasión de necrófilo–,
recorrió cada playa, descansó en las bahías,
seguro de que cada silencio era el primero,
porque la ley exacta del abismo la saben
los dioses solamente y él era un dios, lo era.

(Y ella sintió perpleja el trasiego en su vientre
sin discernir si el sueño era este o el otro).
Él concibió la fiebre de lo inmutable. Quiso
la obra de su deseo en un ya sempiterno,
perenne todo, todo perpetuamente inmane,
eis aiei, eis aiei, bramaba en su locura.
(Ella experimentó como una aguda ráfaga
el asombro fugaz de saberse a sí misma).

Planeó iluminarla de soles sin ocaso,
la clepsidra acostada sobre el truncado gnomon
habría de sellarlos en lo eterno. Mas dicen
que la palabra Siempre le cercenó los labios.
Qué dolor inefable de metales al rojo
lo atravesó, qué burla saberla tan efímera,
qué desmesura estéril si ella había de rendirse
también a la secuencia que todo lo consume.

Entonces él devino un fragor de blasfemias
contra el cincel y el beso y el hálito de Venus
que a través de su boca descabelladamente
le habían conferido la vida y su contrario.
(Y ella, casa sin puertas, a punto de vigilia
intuyó otro letargo duplicado en sus vísceras).

Aborreció la carne como hubo odiado el mármol,
y en sí mismo el principio que muta las sustancias
y a ella, que no era ella, porque no era perfecta
(ella no tuvo nombre, no se nombra lo Uno).
Y deliró el milagro de otra metamorfosis
–tal era su suplicio, pero él estaba ciego–,
y otra vez Pigmalión la deseó sin vida
porque sólo los muertos pueden ser inmortales,
otra vez solitario demiurgo insatisfecho
otra vez Pigmalión.
 
 
 
Javier Velaza







jueves, 21 de junio de 2012

Amores perros

Fotografía: Scott Cromwell




Últimamente me castigo demasiado, severamente, olvido los placeres y me enrosco en los laberintos. El sexo empieza a emparanoiarme y me sabe a casi nada. Busco los tres "te amo" de mi Judas más querido y el perdón de mi reina, soy un ganapanes ácrata. Pero claro, seré imbécil, los tres "te amo" no se pueden comprar, alquilar, los "tres te amo" te los escupe quien bien te quiere y entre lo saborío que ando y entre tanto tumbo espero que la tumba no me acicale con una ristra de laurel, que podría ser el matasellos para el inframundo.


No pasa nada.


Son épocas.


Ahora es época de vendimia. De aprender. De prepararse.


Y siguiendo con los espejismos, el amor perro es una divina excepción, es un oasis en el desierto. Es pura chispa, puro vicio, pura ternura. Sabe escuchar y discernir. Elegante y hermoso, bellísimo cuando se viste e inteligente cuando se desnuda jugando con los verbos transitivos.


Momentos insospechadox.


Siento que la orquídea no es flor de un día, siento que las orquídeas son mi vida. Pero sé que no estoy preparado para que se me coma el dolor de cuajo y hasta entonces, hasta que me abra su camastro, hasta que me despeje y despoje de sábanas encandenadas y me den las buenas noches sus ojos, su mirada le seré leal donde más duele: en la sinceridad. Y ahí estoy, aquí entre los mimos de guante blanco y los payasetes que juegan con el agua tibia mientras se lavan despacio y entre risas, aguardando que las circunstancias se rindan. Mucho amor entre algodones. El algodón, es conocimiento.

Imagina. El silencio comido, corrido a besos. Imagina. Los cuadros de cara a la pared. Imagina. El rubor con cara de ángel endemoniándose. Imagina. No encontrar respuestas y preguntarle al estofado ruso que especias faltan y cuales huelgan. Soplar a un palmo, mientras se apelmaza el caldo, y se espesan las acuarelas por definir. Untar los dedos y comerse las muñecas. Restregar la espalda al suelo y que su sombra no se apiade. Imagina. El silencio chasqueando pellizcos, lametones, mordiscos y succionando poros enredados en una salsa calabresa hirviendo, mientras las uñax se dejan chupar como la cuchara de madera se deja querer por las malas lenguas. Mientras las uñax recuerdan, de un lado a otro, tantos cuadros rotos, tantos cuadros por colgar, tantos cuadros por redondear, por cuadrar, por olvidar. Tantos cuadros por nacer. Imagina, la dulce y tersa ira de Diox cuando no tiene nombre, tiene cuerpo de alma endiabladamente enigmática. Celosa de que los ojos extraños sólo se queden afuera, sin penetrar ni un milímetro más, ni unas horas de menos. Imagina. El reto, es sostener la mirada, sin pestañear. Y gachar. Rozarse de frente y olerse. Repasarse con los ojos cerrados. Y recordar aquel lugar donde el tiempo se nos muere al nacer el ritmo. El compás. Imagina, que no comes, que no te comen, que preparas el jaleo con harina de otro costal. Imagina que desbaratas rituales, intenciones, arquetipos que te desimaginan antiguas prendas, antiguas mañas, antiguas mariposas emparedadas entre cualquier jueves triste y el jueves de resurección.

Imagina que Diox te folla mirándote a los ojos y te esputa toda la fé olvidada, mientras uno se confiesa con todo el dolor del alma y toda la carne pagana.

E imagina el más absoluto de los silencios.

Sólo se toca la respiración, sólo se roza la inspiración.

Las manos se dan la cara.

Los labiox se muerden las ganas.

Los cuerpos, clavados en pie... a dos dedos del pulgar. El meñique se inquieta, impaciente.

Sosteniéndose, midiendo romperse. Asaltarse, quebrarse para entregarse a los cabos sueltos, a los nudos magros.

El más pequeño, siempre pasa inadvertido. Siempre parece que lo arrinconan. Pero.... no, preside el esplendor.

De acero y fondo blanco, y un pequeño galón de cinc.

El más pequeño, no posee color, ni brillo, ni siquiera la fantasía necesaria para deslumbrar. Bajo el espejo. Y en diagonal desde el sillón de cuero zalamero, es como un santo y seña de la conciencia, de la consciencia. El más pequeño, guarda secretos y la más ortodoxa de las biblias carnales. No contiene letras, ni lecciones, ni te dice lo que se ha de hacer o deshacer. Pura simbología, su misión es pequeña. Recordar que la noche no es una gótica sombra, sino un camino sombrío... repleto de rosas y espinas, plagado de estrellas fugaces, de algunas luces y mucha oscuridad. Su valor es incalculable, nos posiciona. No en lugar, ni tiempo. Sino en espacio y aire. Despacio, despacio, despacio. Aire y espacio. Servilletas de acero y tenedores de papel. Cerveza y agua, mucha agua. Entre la mesita oval y los cuchillos de porcelana. El silencio tintinea, rasga y rompe. Y el cúmulo de pasos de cebra da lugar a un libro de cabecera..... El paisaje de mi tierra, la desnudez de mis tierras. Tómalas por y donde quieras. Como gustes. Son a ratos tuyos, luego de nadie. Son nadies, los míos.

Olvidamos los sexos. Los trapos. Las luces. Las horas. Amanece. ¿O anochece....?

El sexo duerme.

Huele a café denso, profundo, chorros de conversación sobre colillas y colillas de xylum y more desfollados.

El argumento se sostiene por las prendas desperdigadas de Pulgarcito.


La dulce y tersa ira de Diox, es como el alma y el cuerpo del más perro de los amores.


Su alma no deja de desprender lo que desearía encontrar más allá de aquellas cuatro paredes. No puede disimularlo. Hay miradas, ojos que entierran una atrayente nostalgia que desquicia a las palabras. De gestos apocados, mastica despacio y traga pausadamente. Mira serena y contempla la expectativa. Mientras sus cabellos parecen pendientes libres del lóbulo de la costumbre. Me fascina como se contornea cuando se relame, no todas pueden decir lo mismo.... la mayoría.... cierran los ojos. Su alma es noble, auténtica y directa. Su celo es cabrón, sus celos humanos, sus miedos de persona persona persona y su angustia, compartida. ¿Quién no muerde, quién no ladra a sus angustias.....? 


Hablar con la boca llena es de mala educación, y si algo tenemos, es una peculiar educación, buena, suficiente y armónica. Tragamos y con las puntas de las servilletas las comisuras suben las cremalleras, descorchan los encajes y relamen las pequeñas motas de polvo desperdigado.

Los botones hacen el resto.

El hojal de su prudencia.


Imperdonable, la tersa ira de Diox, imperdonable amor perro.





Ps. Dedicado a aquella perra vida. Dónde los sueños maullan paz. Ahora el amor es nuestro. Y sólo nuestro.