Toby es un actor inglés que llega a Roma rodeado de la admiración de la industria cinematográfica y el agasajo servil de los medios de comunicación de masas... Mediometraje inspirado en el relato de Edgar A. Poe "No os apostéis la cabeza con el diablo", incluído en la película de segmentos "Histoires extraordinaires" (1968). En 2008 fue restaurado independientemente y estrenado en el Festival de Tribeca, donde la prensa lo aclamó de forma unánime como "La obra maestra perdida de Fellini".
Amé en aquella mirada lo que había de sospecha. Y el miedo de las cosas tenía en aquel espejo la ilusión de disentir del futuro. Contacto: jrubaz@hotmail.com
Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.
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martes, 28 de julio de 2015
Tobby Dammit (1968)
Toby es un actor inglés que llega a Roma rodeado de la admiración de la industria cinematográfica y el agasajo servil de los medios de comunicación de masas... Mediometraje inspirado en el relato de Edgar A. Poe "No os apostéis la cabeza con el diablo", incluído en la película de segmentos "Histoires extraordinaires" (1968). En 2008 fue restaurado independientemente y estrenado en el Festival de Tribeca, donde la prensa lo aclamó de forma unánime como "La obra maestra perdida de Fellini".
lunes, 20 de mayo de 2013
Cromos de cine XVIII
Sólo quiero un vaso lleno de alegría y un plato lleno de comida.
Nadie sabe nada de gatos persas
Juzgar es lo que nos derrota.
Apocalypse Now
Disculpa a mis labios. A veces encuentran satisfacción en los lugares más insospechadox.
Un buen año
No haber nacido nunca puede ser el mayor de los favores.
Match Point
La memoria va borrando colores.
Ciudad de vida y muerte
Sin suerte (en árabe).
Messaoud lucía entre su gaznate y el corazón este tatuaje, que le descubrió su amor marsellés. Cuando después de unos cuarenta años se disponía a dormir por primera vez en una cama.
Indigènes, aunque en las Españas, los de la SGAE la rebautizaron como "Days of Glory" (tiene cojones y guasa lo de la gloria), "Los olvidados", hubiera sido más lógico, unos 130.000 "oriundos" de colonias francesas lucharon en la II GM, bajo bandera tricolor, es más los musulmanes argelinos "escobearon" en Alsacia y Los Vosgos y luego los enfants de la patrie (los originales) se llevaron la puta gloria.
Alegoría de aquellos que hacen el trabajo sucio y nunca de los nuncas se llevan una pizca del pastel.
Ni siquiera sus esposas y familias la pensión de viduedad.
Tiene gracia, que la República en época de Mitterand o Chirac, ya no me acuerdo, aprobaron el pago de las pensiones.... pero todavía ningún beberer ha visto un céntimo.
Para conservarse sano hay que mear más que los perros
Amarcord
Nada importa, lo que digan de uno. Nada.
Sed de mal
lunes, 7 de mayo de 2012
Cromos de cine X
Mía es la venganza, yo pagaré.
Irreversible (2002)
Tú eres mis costumbres.
Pura formalidad (1994)
Olvídalo.
Chinatown (1974)
El silencio es la presencia de tú ausencia.
The proposition (2005)
Somos aquello en lo que nos equivocamos.
8 1/2 (1963)
lunes, 23 de abril de 2012
Estás perdiendo la cabeza
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| Fotografía: Kemal Kamil |
- ¿Cómo era papá? - le pregunté a mi madre.
- Crujiente, un poco salado, rico en fibra.
- Quiero decir antes de comértelo.
- Era un mequetrefe inseguro, angustiado, neurótico, un poco como todos vosotros, los machitos, Visko.
Me sentía más cercano que nunca a aquel genitor al que no había llegado a conocer, que se había descompuesto en el estómago de mamá mientras yo era concebido. De quien no había recibido calor sino calorías. Gracias, papá, pensé. Sé lo que significa, para una mantis macho, sacrificarse por la familia.
Me detuve un instante, en grave recogimiento, ante su tumba, es decir, ante mi madre, y entoné un miserere.
Al poco rato, como pensar en la muerte nunca dejaba de provocarme una erección, consideré llegado el momento de reunirme con Ljuba, el insecto al que amaba. La había conocido un mes antes, en el matrimonio de mi hermana, que por otra parte era también el funeral de mi cuñado, y había quedado prisionero de su cruel belleza. No habíamos dejado de vernos desde entonces. ¿Cómo había sido posible? Dios me había bendecido con el don más apreciado por nosotros, los mantis: la eyaculación precoz, condición indispensable de cualquier historia de amor que aspire a no ser efímera. La primera semana había perdido solo un par de patas, las reptatorias, la segunda el prototórax, con sus anexos para el vuelo, la tercera...
- ¡No lo hagas, Visko, por el amor de Dios! - empezaron a gritarme mis amigos Zucotic, Petrovic y López, encaramados en las ramas más altas.
Para ellos la hembra era el demonio, la misoginia una misión. Desde la metamorfosis sufrían algún tipo de desviación o disfunción sexual, habían adoptado los votos del sacerdocio y se pasaban todo el santo día mascando pétalos y recitando salmos. Eran muy religiosos.
Pero no había oración que pudiera detenerme, no ahora, que oía el gélido suspiro de mi amada, el sombrío rumor de sus membranas, su fúnebre y burlona sonrisa. Me moví frenéticamente en dirección a aquellos sonidos, con la única pata que me quedaba, apoyándome en mi erección, esforzándome por visualizar la gloria de sus formas, ahora que no podía verlas porque ya no tenía ocelos, ahora que no podía olerlas porque ya no tenía antenas, ahora que no podía besarlas porque ya no tenía palpos.
Por ella había perdido ya la cabeza.
- Crujiente, un poco salado, rico en fibra.
- Quiero decir antes de comértelo.
- Era un mequetrefe inseguro, angustiado, neurótico, un poco como todos vosotros, los machitos, Visko.
Me sentía más cercano que nunca a aquel genitor al que no había llegado a conocer, que se había descompuesto en el estómago de mamá mientras yo era concebido. De quien no había recibido calor sino calorías. Gracias, papá, pensé. Sé lo que significa, para una mantis macho, sacrificarse por la familia.
Me detuve un instante, en grave recogimiento, ante su tumba, es decir, ante mi madre, y entoné un miserere.
Al poco rato, como pensar en la muerte nunca dejaba de provocarme una erección, consideré llegado el momento de reunirme con Ljuba, el insecto al que amaba. La había conocido un mes antes, en el matrimonio de mi hermana, que por otra parte era también el funeral de mi cuñado, y había quedado prisionero de su cruel belleza. No habíamos dejado de vernos desde entonces. ¿Cómo había sido posible? Dios me había bendecido con el don más apreciado por nosotros, los mantis: la eyaculación precoz, condición indispensable de cualquier historia de amor que aspire a no ser efímera. La primera semana había perdido solo un par de patas, las reptatorias, la segunda el prototórax, con sus anexos para el vuelo, la tercera...
- ¡No lo hagas, Visko, por el amor de Dios! - empezaron a gritarme mis amigos Zucotic, Petrovic y López, encaramados en las ramas más altas.
Para ellos la hembra era el demonio, la misoginia una misión. Desde la metamorfosis sufrían algún tipo de desviación o disfunción sexual, habían adoptado los votos del sacerdocio y se pasaban todo el santo día mascando pétalos y recitando salmos. Eran muy religiosos.
Pero no había oración que pudiera detenerme, no ahora, que oía el gélido suspiro de mi amada, el sombrío rumor de sus membranas, su fúnebre y burlona sonrisa. Me moví frenéticamente en dirección a aquellos sonidos, con la única pata que me quedaba, apoyándome en mi erección, esforzándome por visualizar la gloria de sus formas, ahora que no podía verlas porque ya no tenía ocelos, ahora que no podía olerlas porque ya no tenía antenas, ahora que no podía besarlas porque ya no tenía palpos.
Por ella había perdido ya la cabeza.
Alessandro Boffa
del libro: Eres una bestia, Viskovitz
Noches blancas
No hay nadie aquí,
y el cuerpo dice: todo lo dicho
no debe ser dicho. Pero nadie
es un cuerpo igualmente, y lo que el cuerpo dice
nadie lo oye
excepto tú.
Nevada y noche. La repetición
de un asesinato
entre los árboles. La pluma
se mueve sobre la tierra: qué ocurrirá
lo ignora, y la mano que la sostiene
ha desaparecido.
No obstante, escribe.
Escribe: en el principio,
entre los árboles, un cuerpo vino caminando
desde la noche. Escribe:
la blancura del cuerpo
es del color de la tierra. Es tierra,
y la tierra escribe: todo
es del color del silencio.
y el cuerpo dice: todo lo dicho
no debe ser dicho. Pero nadie
es un cuerpo igualmente, y lo que el cuerpo dice
nadie lo oye
excepto tú.
Nevada y noche. La repetición
de un asesinato
entre los árboles. La pluma
se mueve sobre la tierra: qué ocurrirá
lo ignora, y la mano que la sostiene
ha desaparecido.
No obstante, escribe.
Escribe: en el principio,
entre los árboles, un cuerpo vino caminando
desde la noche. Escribe:
la blancura del cuerpo
es del color de la tierra. Es tierra,
y la tierra escribe: todo
es del color del silencio.
Yo no estoy aquí. Nunca he dicho
lo que tú dices
que he dicho. Y, cada noche,
desde el silencio de los árboles, sabes
que mi voz
viene caminando hacia ti.
lo que tú dices
que he dicho. Y, cada noche,
desde el silencio de los árboles, sabes
que mi voz
viene caminando hacia ti.
Paul Auster
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| Fotografía: Pawel Bieniwski |
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