Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

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lunes, 14 de diciembre de 2015

Sparklehorse: la chispa de tu brillantez siempre cabalgará


                                                                                    In memorian Mark Linkous




 


La cereza verde de tus uñas romas. 
La roja, madura por morder azuluz.
Y sus dedos largos deshojando las hebras del moño de la abuela natura.
La extensión azabache de la caótica ristra de ajos labiados que penden de un hilo.

Quebrándose.
Arrebujándose.
Las lágrimas de chocolate y ante ese mar que crespa y atempera a esa maldita....béndita espera.
Ante el sofá de rocas y crisantemos, de piedras y flujos.

Reflujo.
Influjo.
Flujo de ambrosía.
Una tarde cualquiera, un círculo de anodinos paseos que no llevan sino hasta alguien.

Irremediablemente, inexorable languidecer.
El firme piso de mesar al rebelde y lacio frenesí.
Una lucha intensa, perseverante, dislocada, vehemente y neonata.
Cada día se nace y deshace.

A cada alba se acicala y adormila las chispas de un chasqueo.
Para regurgitar desde el grito más ópaco y perdido.
Enciendo otro que se consume por su propia bocaza.
Apago, uno más que se desmenuza ante el Norte del Sur.

Persuadir, invadir y redimir.
Ahondar, resabiar y dirimir.
El abstracto y figurante rastro del hechizo.
Altibajos en el desorden.

Del camastro al púlpito.
De la ira al aceite.
De almohadas al escondite.
Del síncope suspendido, al viceversa de la traviesa.

Sopa de gansos y naïfs ronroneos.
Los ladridos en la pared. Lamiendo las uñas que se estiran al delirio del deliquio.
Y ella, jarapa de ensueño, entubada a la letanía.
No te sonará nada y se dejará hacer.

No volverás a entreleer y se mojarán las sábanas.
El sudor es una micción fantasmagórica cuando sin beberlo se quiere.
No cuadrarás los cinco lados.
Siempre hay uno que cojea.

Es lo que tienen los nones.
Cinco en cada mano.
En cada pie el ahinco.
Se correrán las cortinas....

....y los pares, calcetines del ayer.
Zapatos para un mañana.
...y a cada paso, dedos cruzados.
Entre las manos, un solo lazo.
 


Ícaro © 












Hombre

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser -y no ser- eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!


De Ángel fieramente humano. Blas de Otero







Ícaro de Melibea



 





Ícaro



                                         

Ícaro de Melibea



Ícaro

martes, 25 de agosto de 2015

Once in a blue moon o de higos a brevas, al gusto

Prometeo bajo las garras del águila. Rubens y Snyders. Museo de Philadelphia






Que no es lo mismo que de brevas a higos.

La primera dura ocho meses, ésta última cuatro.

Se acerca la vendimia.

Prometeo es un derrochador quebrantahuesos.

Hojalata Queen. Cartónpiedra Prince.

Drop by drop.

Y las garras romas, paticortas son.

Su casa es la de todos y todos los que entran.. su familia filantrópica..

La auténtica. La bienquerida. Labienpagá. Obras son amores. Que suene, que suene... como el río. Cuando no acalla, traga. Por doquier.

¿La sangre...? A la despensa.

Y la matanza una mascarilla de cuatro libras, una hogaza de pa negre y un plato de sopa boba. Un miro pallá que acá la hierba crece alta y a borbotones. Qué bonito es el amor. Qué grandes los cajones vacíos y el fondo de armario... Que lujazo de apariencia y que culta es la necedad. Una Odisea con sombrerito de ala ancha. Antes el vil que ná. Ahora albas en jirones....

¿Hambre?

Nunca tendré. Aunque me coma mi propio corazón.

Como O'Hara. Mi tierra es mi Castilllo, mis hechos la llave maestra y la profundidad de la vía Láctea el via Crucis de los coétanos y el colágeno a diestro.

Once in a blue moon o de higos a brevas, al gusto.

Esta perra madrugá es una chicharra indolente. Pudiente. Saboría y resabía.

Canalla y canina. Golfa y serenata. Sin adaggios ni corcheas.

Juguetea con los relojes de arena como si de pulseras en sus cabellos se trenzaran la malaidea de la malasobra.

Al gusto le salen canas y a las ganas, lorzas.

Laia vivía en una buhardilla.

En Via Napo Torriani. Al otro lado de la plaza de San Camillo de Lellis. El último ventanuco, la última vela de cada noche eran su soplo, su fe. También sin acento. La fe y ella lo perdieron todo en el país Costumbre.

La contemplaba cada noche hasta que la vela se cansaba y se dormía.Unas, antes ella... otras... antes yo. Pero nunca a la vez. Doseles inocentes...ingenuos.

Se quedaba la cristalera triste, de par en par. Exhausta, non.

Y luego el silencio.

Sólo las jaulas y las peceras... solas las alas y las aletas....

...cual voyeur adicto.

Cual funambulista retorcido y ebrío de vacío.

Como un sin techo pero con todas las estrellas chimenea para huir a aquel oasis celestial del hoy, del ahora.

Cada noche mi último suspiro era para con áquel ventanuco.

Pero...

Del cuento al entuerto.

Del huerto al mantel.

Del plato a la boca.

Del paladar a la fuente.

Y su maná, la inspiración.

Pero se secó de trivialidad, de egoísmo.

Snif. Fins.





The Egg. David Rabinowitz


...Aquella noche la llama de la vela se rizó junto al espejo que iluminaba los pocos metros que separaban su ventana con la mía. Como James y su ventana indiscreta....

Ni había lunas rotas, ni gatas callejeras.

Ni siquiera el sonido de aquella fuente seca, ronca despistaba la concentración. La respiración, mojada.. empapada.

O las pisadas y correrías de los últimos perdidos noctámbulos. Perdidas. Invisibles. Silenciosas.

El mutismo lo inmaculaba absolutamente todo.

Y cómo un imán de carne y hueso...

Se asomó.

Me vió.

Y seria, embobada en sus rituales y rutinas las abrió de par en par.

Y asintió, miró hacia otro lado. Hacia abajo. Buscaba en la plaza el coletero con el que los gatos hacen ovillos....

Me dió su espalda.

Y se subió, imagino, que a una silla coja....o al baúl express.... o la caja china. O al camastro Citizen.

Laia jugaba con el dobladillo del setenta y nueve. Y se lavaba la cara durante cuarenta minutos o cuatro horas. Ni uno más. Ni una menos. Una y otra noche purificaba, disciplinadamente, cada poro de su piel y cada vestigio de tez muerta. Se cortaba las uñas tanto que las yemas se batían en duelo. Y preparaba el sudario del día después.

Se tintaba las canas de arcoiris y colutorios. Se frotaba las pestañas. Y uncía sus párpados de cantos de Sirena locuela y codiciosa con unas cañas y algún que otro margarita. Se peinaba con las manos y se aceitaba con los nudillos. No dejaba de mirarse, remirarse y camuflarse. Siempre era lo mismo. Mismo, lo era.

Las cejas. Las varices. Las lorzas. De perfil. De canto. A horcajadas. Cualquier ángulo y perspectiva eran psicosómaticas de aquello que no pretendía ser pero que inequívocamente ya formaban parte de su existencia. De su cuerpo, de su alma. Su vida. Entera. Plena. Sin excusas. Rotunda. Apagándose.

Se maquillaba las aureolas y las estrías. Curtida en mil escenarios. El papel se lo sabía endemoniada y remetadamente de carrerilla. Como Emma Stone con el pájaro loco de Batman... Es más, embutida en la función, a veces confundía realmente quién era o quién dejaba de ser para no estar y pa(e)recer.

Cacareaba esa pegajosa mostaza de miel a cada imperfección que el encuadre la disimulaba. Y hurgaba en variopintas vicisitudes para aparentar lo que nunca sería. Ya era hija de la otra y madre del espanto. Lo sabía. Y asumió el circo como vodevil o... bodegón. Las uvas de la ira.

Iba para los treinta y tantosmuchos y se disfrazaba de jabón varias veces al día. De pompas todas las noches. Se cepillaba la lengua con el hilo dental y adoraba las cajas de música hueca. Cantos de trino. Amasijo de puñetas y cebollas. Guardaba los pétalos de plástico. Las fechas invisibles del misterio. Los cumplemeses y la cuarentena. Se pertrechaba en una almohadilla y era capaz de asomarse sin ser vista y sonreía ante el diezmo de la bula.

Coleccionaba lo irreconocible.

Pernoctaba en las entrañas de peticiones y repeticiones. Echoes.

Contorsionaba con los sentimientos y creía ser cuando no estaba. Era, sorda. Estaba, ciega.

Alistaba besos aleatorios, abrazos de hormigas y arreones de jumentos. De cualesquiera que mercadeara con sus metas. Convirtió lo hermoso en pusilánime y lo sagrado en indigno.

Indigna de sí misma. Se traicionaba una y otra vez y jugaba con los espejos a no encontrar jamás aquella niña que dentro de sí se perdió donde Fauno canta nanas de saldo. Dos por uno. Tres por dos.

Había entramado un papel para su entorno. Un esquivo y acuciante rastro. Un relicario de los cantos de un duro. Una filigrana coraza, máscara de los vampiros del alma.

Laia aquella noche, la última, ya dejaría de ser lo que no quería ser.

Como ésta. Como cientos de ellas. De las de antes y de las que vendrán.

Ya no quería llamarse Laia. Ni estar con Hermes. Ni en los aquelarres. Ni en los festines de los monos. Ni en el rictus de la apariencia, ni en la grasa de la codicia.

Ella seguía acudiendo a las fiestas de Bogart's y hacia yogurt con el hastío.

Cuajada dimisulada.

Y picoteando donde Maquiavelo saca punta y corchos, al fin.

Desde esta noche se llamaría Penélope.

Cerró la luz de su buhardilla.

Corrió las cortinas caladas.

Ya no volvería a ver su rostro.

Tampoco lo añoraba.

Un jamás en los jamases.

Se había difuminado en la ausencia del olvido.

En la oscuridad de la luz.

En la trituradora del cortauñas.

En los potes de rastrillo y en los zapatos de un underground.

Comprendí tras áquel brusco y forzado gesto, que la función había finiquitado lo que quedó de vida en el recuerdo.

Y desde ese momento todo fue perdiéndose en la gula de la desmemoria.

Ha pasado un más que largo año desde que aquella ventana cerrara su función.

Ahora solo es un motel de carretera comarcal olvidada y perdida.

Un recuerdo sin marco.

Una foto de color sepia.

Una sinrazón que de espiral tuvo lo que el tirabuzón de caracol.

Nada.








Once in a blue moon o de higos a brevas.

Descubrí con ella la mortadela.

Y tras áquel ventanuco.

El pan.

Negro, duro y piedras.

Ahora...

Si lo untas se estremece y si lo tuestas se resquebraja. Natural: incomible.

Pasaron dos veranos.

Y la sal está más dulce.

El sol más luna que nunca.

La verdad más extraña que de costumbre.

El amor más dentro de lo que pudiera imaginar.

La salud terca y la alegría en cinta.

Aunque lo mejor es que los vasos están llenos de agua.

Ahora el Norte y el Sur, son felices.

Crecen bajo la sombra de un gran roble.

Y la cepa, inefablemente sana, firme, llena de plenitud.

Llega la vendimia.

Y la vid.... vida, ya es.

Por fin con estrs brevas al gusto los higos son el fruto deseado.

Tomas su piel, los entreabres, los aromas, los besas y todo el fulgor te posee de naturalidad, realidad y alegría.

Era con nada, con casi nada.

Es todo. El todo.

Al gusto.




 






                                                                              I been down, I been defeated
                                                                       You're the message I was heeding
                                                                       Would you stay, 
                                                                       Would you stay the night? 











Peek-a-Boo. David Rabinowitz













See a Devil. David Rabinowitz

lunes, 30 de marzo de 2015

Zoótropo

Ícaro








Sin parangón.

El laberinto con sabor a coco. La jaula de la lengua y las alas, pestañas. Largas como una mirilla rema a un universo forjado en silencios. Tan largas como el periscopio de sus manos mordidas. Sonidos guturales, preñados de cariño y gestos prendados de amor puro, oleosos. Viscosos, profusos. El muchacho del noventa y siete, apuraba la cuchara. Lamía sus bordes y fornicaba con sus encías lo hondo. Desincrustaba cualquier enzima que osara quedar.

La fuente de la inspiración. El adoquín. El cuenco de unas manos. Las imágenes. Hipérbole. La argamasa, fresada. El mosaico y la luz vidriera de algún rayo de sol perdido.... Su vista muy cansada, fijada en el sueño que de noche corretea por el desvelo...

La abstracta pincelada de sus besos succionados y los labios fresones, esporas de otro crepúsculo cotidiano. Una rutina, una costumbre. Un hilo sutil, concatenado a ese ritmo endemoniadamente sereno que las imágenes quietas aceleran cuando los espejos juegan con los reflejos y ellos con los demás espejos...

El barro nuncio. La terracota sucia. El parquet crujiente y el taburete volador. Una patena ayer, ahora y mañana. Una patena tan noble e inocente que nadie podría cuestionar si la madera es más poderosa que el becerro de oro. La espiral de un recuerdo sordo, mudo. Los columpios del viento y el polvo de unas huellas invisibles. El laberinto de coco fundido al yunque de sus párpados hinchados y que alegran sus largas.... pestañazas como caricias eternas y frondosas en la selva negra de su cabaña voladora...

Cubismo ingrato. Encriptado placebo. Risa franca, explícita, sonora... contagiosa. Atronadora.

Sin parangón.

El amor es él.

Amar es comprenderle, guiarlo, aprehenderlo, disfrazarlo de verdad cuando no sabe que son las mentiras. Amor es mimarlo, cuidarlo, desandarle, mostrarle la partitura del buen camino cuando corretea por el cielo protector...y no adivina qué calles existen y aceras cruzan. Qué mundo es simiente y cuál averno.

Amarle es sentir que el alquitrán es hierba fresca, la hierba... mar y el mar un laberinto de coco acuoso. Un juego de barros para niños ancianos...

Sin semáforos, sin cebras ni hormigax voladoras. Sin miedos, ni luces guía... Sólo el faro de su presencia. La orilla de un océano sin nombre ni descubridores que le bauticen....

De frente, de bruces, de repente, de nada. De cara, de alma, de ternura y mimo.

Su camino es un zoótropo hasta el infinito y más alla....

Parece un sinsentido pero tiene más del que la imaginación macera.

Es vida, la suya.

Es su hermoso y duro camino. Eterno.

La casita del amor sin laberinto... y con paredes de coco y chimenea por dónde a cada anochecer Mary Poppins le pone charcos a los zancos de su sonrisa....

Un reto.

Que el parangón le haga feliz. Tanto, que siga creciendo dónde el silencio grita su nombre y el recuerdo mesa sus largas...















Ícaro


Ícaro



Ícaro








jueves, 7 de febrero de 2013

El juicio


Guiño, punzón, reojo, lamento del perezoso, jadeo al unísono, vahido anal, erupto ancestral, egoísmo labial dedicado a aquellas que se enamoran antes de follar y a aquellos que se enamoran después de follar.

Y viceversa.

Y cuando digo follar, digo follar el alma, follar al viento, follar al sueño, follar al azul, a la luz y su haz. Y cuando digo antes o después, ¿qué llega antes de un después....?

Enjuiciar es lavarse el ombligo con el escupitajo que lanzamos al limbo, y entonces Eolo nos peina las ganas, la razón. La soberbia.

Devociones las justas.

Ea.



Fotografía; Andy Prokh







La prueba de los tres filtros de Sócrates.



Cuentan que un día se le acercó un conocido y le dijo:
- Maestro, ¿sabes lo que escuché acerca de tu amigo?
- Espera un minuto –le contuvo Sócrates-. Antes de decirme nada, quisiera aplicar la prueba de los tres filtros a lo que vas a decirme. El primer filtro es el de la verdad. ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?.
- No, realmente sólo escuché que...
- Está bien. Entonces realmente no sabes si es cierto o no. Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad. ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?.
- No, por el contrario…
- Así pues, es algo malo y no estás seguro de que sea cierto… Nos queda aún el tercer filtro, el de la utilidad. ¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?.
- No, la verdad es que no.
- Entonces, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno ni útil, ¿para qué querría saberlo?.









Pink Floyd. "The Trial" (The Wall, 1979)

Director film: Alan Parker, 1982.
Guión filmRoger Waters.
ProtagonistaBob Geldof, interpretando a Pink.
Significado del muro: Simboliza la alienación del indivuduo.
Variación con el disco: Ligera remezcla al inicio, casi imperceptible
Valoración Peloempuntasongs*****

(...)
Buenos días, Su Señoría Gusano,
La Corona demostrará claramente
que el prisionero que tienen ahora de pie frente a ustedes
fue atrapado con las manos en la masa mostrando sentimientos...
Mostrando sentimientos de naturaleza casi humana
(Vergüenza de él) Esto no va a ser...

¡Llamen al Profesor!

Siempre dije que no llegaría a nada bueno.
En realidad, Su Señoría
Si me hubieran dejado hacer las cosas a mi modo
podría haberlo desollado para moldearlo,
Pero mis manos estaban atadas,
los corazones compasivos y los artistas
lo dejaron salirse con la suya
déjenme martillearle hoy...

Loco, el mal de la azotea,
estoy loco
como una regadera
deberían haberme quitado los tornillos.
(Loco, el mal de la azotea, el está loco).

Tú pequeña mierda, estás ahí ahora,
espero que tiren lejos la llave.
Debiste haber hablado conmigo más a menudo
de lo que lo hiciste, ¡pero no!, tuviste que hacer las cosas a tu manera
¿Has roto algún hogar más últimamente?
Sólo cinco minutos, Su Señoría Gusano,
él y yo, a solas...

¡Bebé!
Ven con mamá, bebé,
déjenme cogerlo en brazos
Yo nunca quisa que se metiera en ningún problema
¿Por qué tuvo un día que dejarme?
Su señoría Gusano,
Déjeme llevarlo a casa...

Loco,
sobre el arcoiris,
estoy loco,
barras en las ventanas
Debió haber una puerta allí, en el muro cuando entré
(Loco, sobre el arcoiris, está loco...)

La evidencia ante la corte
es incontrovertible,
no hay necesidad de que el jurado se reúna
En todos mis años de judicatura nunca había oído antes
de alguien que mereciera más
todo el castigo de la ley
La manera en la que las hizo sufrir,
a su exquisita esposa y madre
¡Me llena de deseos de defecar!
Pero ya que amigo mío, has puesto de manifiesto tu miedo más profundo,
te sentencio a ser expuesto ante tus iguales...

¡Derriben el muro!


......................



"Dadme dos líneas escritas de su puño y letra por el hombre más honrado y encontraré en ellas motivo suficiente para hacerlo encarcelar."



Armand-Jean du Plessis, Cardenal-Duque de Richelieu (1585-1642).





lunes, 16 de abril de 2012

Rompetistas

“¿Dónde va, todo ese amor? ¿Dónde va, todo ese odio? ¿Dónde va la pena?

Creo que todo el amor que sientes por alguien, y todo el odio que te hurga por dentro como el que mete un gancho en una caries, las dos cosas, no se pierden nunca. No desaparecen tras los destellos cegadores que advierten de su presencia. Es como con la energía. Lo único que recuerdo de las clases de física que cateé de manera estupenda. El principio de conservación de energía.

Ejemplo: Un coche que estaba en marcha, corriendo a su bola por una carretera, frena y parece que la energía cinética que lo movía haya desaparecido. Pero no, pero no. Esa energía se transforma en otras energías: en calor, especialmente. En los frenos, en las ruedas y en el asfalto. También en sonido.

Creo que lo mismo pasa con el amor que sientes por alguien. Y por el odio que sufres y te envenena como setas de colores, como meados de sapo. Se almacenan por ahí, en algún lugar. Y luego emergen otra vez, porque no pueden hacerse desaparecer. Porque crees que ya no están, y es sólo que se han transformado en otra cosa. Los recuerdos también. La rabia también. Y el dolor.

Mi odio, mi pena, mi amor y mi culpa no han desaparecido: se han transformado en sonido. Pero eso tampoco es el fin, porque nada desaparece, y nadie olvida jamás.”


Rompetistas. Kiko Amat