Amé en aquella mirada lo que había de sospecha. Y el miedo de las cosas tenía en aquel espejo la ilusión de disentir del futuro. Contacto: jrubaz@hotmail.com
Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.
Alguien habrá acercado su mejilla a una almohada usada por mí para recordar
el roce de mi piel?
Alguien habrá permanecido despierto hasta la
alta noche para seguir amando con su mirada mi egoísmo dormido?
Alguien habrá caminado por una calle desierta de un país lejano
murmurando mi nombre llamándome?
Alguien habrá serenado su corazón
apretando contra su rostro pequeñas ropas mías?
Alguien
habrá preferido mi muerte antes que verme en brazos de otra persona?
Alguien habrá gozado entrando al baño después de mí, con el
vapor, la temperatura y los perfumes de mi intimidad?
Alguien
habrá deseado caer en el sueño con mi sexo anclado en su cuerpo?
O solamente yo amé de esa manera?
José Sbarra
Ícaro
Te informo sobre la situación en casa, por si te interesa. La persiana de nuestro dormitorio se trabó arriba y se niega a bajar. Las puertas del armario bostezan de noche y de día. La parte de tu lado de la cama se muere de aburrimiento. Una banda de polillas insensatas se comió la cortina azul. Cuelgan de todos los cajones lenguas de trapo sedientas. Las toallas que olvidaste en el suelo envejecieron precipitadamente. Los lirios de plástico que habías puesto sobre el calefactor se marchitaron. No quiero exagerar, pero alguno de los Rolling Stones humedeció con sus lagrimas la pared donde pegaste el póster. El cielorraso se descascara pidiendo que vuelvas. (Y de mi corazón mejor no hablemos)
Otoño. Que sea otoño. Que sea otoño y que llueva. Mucho. Que haya leños ardiendo en un brasero. Y un gato. Que haya un gato y que sea negro y que mire de amarillo y que se enrosque y que nos enseñe un poco a vivir. Pero por sobre todas las cosas que sea otoño. Que le falte un vidrio a la ventana. Que entren por ese hueco la lluvia y el frío. Que tengas ganas de besarme. Muchas ganas. Que un hombre te espere en otra parte. Que sea otra vez otoño. Otoño y Que llueva. Y que no vayas. Que te quedes conmigo. Que sea otoño otra vez y que te quedes. Yo sabía que había un tigre debajo de la cama, un orangután en el armario y una araña gigante dentro de un zapato. Te amaba tanto que para que durmieras tranquila me levantaba por las noches y les daba de comer al tigre, al orangután y a la araña. Como no me amabas te resultó fácil creerme loco y no quisiste más vivir conmigo. Me obligaste a tomar un tren. Casi todos los pasajeros descansan con los ojos cerrados. Yo no. No puedo relajarme. Miro la luna por la ventanilla y pienso que estás dormida y que no sabes que hay un tigre debajo de la cama, un orangután en el armario y una araña gigante dentro de un zapato. Reuní un congreso de hormigas putas para que masticaran las hojas de tu recuerdo. Te borré de las paredes, del techo, del aire. Dediqué días y noches a borrarte. Lijé maderas, sombras y sábanas. Borré tu culo de las sillas. Hice un trabajo de borradería tan bueno que, si algún día volvés, cuando trates de hablar, verás que tenés borradas la lengua y las palabras. José Sbarra
Adrian Campfield
Invierno, invierno. Es invierno, y todo encharcado, uncido, anacondas en las cuchillas y cuchillos de madera. Tan ardientes como el agua. Y que haya una perra que maulle descalza, y que ante toda ventana se de la vuelta, se encarame y mueva su cola mientras el péndulo de su lengua dibuja carámbanos en el vaho de quien llega a casa. Suena el timbre, la esterilla se abre al Párnaso. El picaporte se entorna de vida, de vida auténtica, sin patrañas. La noche se desnuda en la más íntima picardía. Edredón orejudo e invierno corajudo. Mañana de nuevo será invierno, y de nuevo jugaremos al amor, a ese copo que ni es agua, y sí sustento...a ese vaho que es verdadero, auténtico, leal. Es invierno, y cuando parecía crudo, es magro, tierno, maravillosamente frío por fuera y ardiente por dentro.
Yo no sabía que había un colibrí en un cajón, ni zánganos entre las cortinas, ni un elefante en los zapatos, ni siquiera descubrí la zorra que como un pájaro carpintero podaba en la vendimia de las cepas castradas carroña para cabras y cabrones. No, no lo sabía. Tomé distancia, y la zorra tiró al Monte, el carpintero imaginario construyó un palacio de cerillas al elefante, el colibrí prendió vuelo...y al fuego... los zánganos liberaron las manecillas de los hilos, y la cortina rasgada, fundida, olvidada, así quedó. Con soltura, ligereza y ausencia, lancé los zapatos al matadero. No me hacia falta una cama romana, ni un camastro persa, ni tampoco una camilla en la uci, ni una litera en la jaula de los grillos. Ya no. Ya no he de ponerlos donde cualquiera los puede lanzar. Hace mucho que ya no. Pero hace más que los sajé de aquel espanto. Ahora, descalzo, bailoteo como un pato mareao, pero feliz, sobre el pajar, forjado de heno fresco, limpio, confidente y sereno. Un lugar llamado hierbanueva. Una maravilla de sencillez y cotidianidad. El puto paraíso.
Me arrastraron hasta un camposanto de agua tranquila y límpida una familia errante de hormigax... cómplices, caminantes, inquietas y compañeras, les ofrecí un plato de leche y un cuenco de migas. Las muy puñeteras dibujaron tus cuatro letras con inusitada algarabia. Dejaron atrás, muy atrás aquella hierbavieja que estaba sucia, podrida...y que la nueva, la hierbanueva, destilaba y desprendía lo que me había perdido durante tanto tiempo en el Monte de la Mentira. Resabiadas y audaces, imponentes e intuitivas... del cuenco al plato, y viceversa... amasaron el mapa que me llevó hasta al regreso de mí mismo... el rastro es la brújula hacia el cruce de tu mirada. Y ahora...¡Cómo me alegro! camino de ellas, de ti. En ti, en ellas.
Ellas, inteligentes no precisan del reconocimiento interesado y enjabonado de los reflejos de un espejito mágico que les mienta verdades y oculte la más espantosa realidad. Y es que tu no pierdes el tiempo maquillando tu vida. Eres tan sencilla, tan humilde, tan libre de milongas, tan auténtica de carnes y tuétano... y ahí, en ese pajar de libertad donde tu sonrisa y tu mirada no separan realidad y sueños, encontramos sembramos la gran sombra.. la hermosa y pura sombra. La buena.
Hierbanueva, tierna, fresca, jovial, limpia y natural, tan natural que la vieja se entierra ella sola.
¿No habrá nunca nadie que desee beber nuestras lágrimas?
XI
¿Cuál fue el error que no nos perdonaron? ¿Qué podremos corregir ignorando la causa de nuestra condena? ¿Qué será de los que nos negamos a tapar con música y colores la mugre de nuestras existencias, de los que elegimos la verdad desvelada aunque nuestros ojos no la resistieran, de los que no quisimos ponerle azúcar a la muerte porque preferimos que las ideas que no se pudiesen tragar fueran intangibles?uefran intragables? ¿Fue una insensatez no colocarle guirnaldas al fracaso, no levantar la fachada de la alegría pese a todo?
XII
¿No llegará nunca un tiempo en el que nadie deba avergonzarse de sus limitaciones irremediables? ¿No se realizará en nosotros el milagro de “La Bella y la Bestia”? ¿Ningún ángel maravilloso nos dará ese beso que destruya el hechizo que nos condena?
XIII
Sucedieron varias historias pero… ¿Para qué contarlas? No importa lo acontecido sino las huellas que dejó su paso. Basta con observar las marcas para develar todas las historias. Y quizás todos llevemos una cicatriz que ocultamos porque nos avergüenza. Esa cicatriz es el único documento de identidad legítimo. Es el que revela quiénes somos. Nosotros no podemos esconderlo, es más, necesitamos mostrarlo y que se nos ame igual. Nos resulta insostenible ocultar nuestras faltas, nuestra imperfección, nuestra marca.nuestra imperfección, nuestra marca.
XIV
La vida nos fue hundiendo en pozos diferentes, ninguno de nosotros palpó la serenidad. Losdos a oscuras; en ciénagas, drogas, abismos, rutinas; pero los dos con vendas en los ojos, con el alma amortajada y con la implacable corrosión que provocan las lágrimas que caen hacia adentro. Los dos identificados por la misma clave: el fracaso. El fracaso en el amor, el fracaso en el arte, el fracasoen la sociedad, el fracaso en el intento de vivir sin engaños. Los dos lastimados por las púas de la indiferencia de los seres agraciados, de los inteligentes para el dinero, de los adaptados, de los que jamás se cuestionarán algo que de antemano palpitan que quizás no tenga respuesta, de los felices cobardes que alimentan con embustes sus tranquilas_ conciencias. Los dos viviendo. Es el paradójico desenlace de nuestra tragedia: seguir con vida cuando se agotaron las esperas. Los dos sentados en las gradas del circo cuando terminó la función y con ella, naturalmente, también la magia. Y los dos estamos solos. Flotando como corchos en el océano nos miramos el uno al otro, pero no podemos ayudarnos.
Los dos poseemos lo mismo: promesas incumplidas, ausencias inaguantables, anhelos no concretados y una antigua e inmensa acumulación de soledad. Y los dos necesitamos exactamente lo contrario. Por eso al cruzarnos en este absurdo derrotero, flotando como corchos, sólo atinamos al sarcasmo, esa terrible arma de doble filo que acaba por herir más profundamente al que la empuña que al que recibe la estocada. Los dos sangrando por algún costado, la diferencia es despreciable. Y a la larga, la tristeza nos domina con la dañina voracidad de un cáncer a los dos por igual. Los dos altruistas y capaces de la mayor bajeza al mismo tiempo. Los dos juntos, pero separados por esa ineludible condición de dolor. Los dos con nuestra sensibilidad golpeada contra las paredes de la vida cotidiana. Los dos predestinados al error, a equivocar siempre el camino y a encontrar lo ansiado a destiempo. Los dos incapaces de construir una torre que nos salve. Los dos obligados a representar una farsa sin autor. Los dos, en definitiva, sin saber por qué.
XV
¿No recibiremos nunca algo por lo que dar las gracias? ¿No llegará nunca el día de la recompensa a los que tanto sufrimos? ¿Todo fue un cuento?. . . Entonces es verdad que fuimos engañados, ese día no existe, no hay revancha y esta agonía no tiene fin. ¿Por qué creímos alguna vez? ¿Por qué pactamos con un Diosde omnisciencia y de omnipotencia dudosas? ¿Era tan grande nuestra desesperación cuando caímos a la tierra? ¿Era tan inconmensurable nuestro miedo que tuvimos que inventar una falsa esperanza? ¿No hubiera sido mejor enfrentar la desolación a tiempo? ¿Tan desvalidos estábamos en los comienzos que tuvimos que aferrarnos a mentiras tan graves como el amor, la fe y la recompensa? ¿Y ahora qué empecinada nostalgia nos impide desterrararlas enérgicamente?
XVI No, naturalmente, no nos une el amor
sobrevivimos sin amarnos ¿Cómo podríamos amarnos? Nadie ama a un desdichado salvo que se trate de un hermoso príncipe de cuentos y su desdicha sea solo aburrimiento o hartazgo.sea sólo aburrimiento o hartazgo.
Nos cansa pronto escuchar un gemido y más aún cuando no proviene de un bello infante.
Abandona en una cesta a orillas de un lago de garzas y flamencos. No, los desdichados estamos confinados a sobrevivir en la soledad masticando nuestra humillación como un veneno que nunca nos mata. No, naturalmente, no nos une el amor en todo caso, lo que nos une es un idéntico resentimiento una misma rebelión, una rebelión tan desmesurada que acaba por volverse estéril. No es una rebelión genuinamente política ni religiosa, es la rebelión de nuestro origen contra sí mismo de nuestra sangre contra sí misma, de nuestra nada contra la nada o de nuestro cielo contra el cielo de los otros. Es la rebelión de los que sufrimos porque deseamos algo que no existe.
No, naturalmente, no nos une el amor nos une el magnetismo de esta casa; nos une este laboratorio del dolor; nos une este cuarto que nos aísla del insulto, del bostezo indiferente de la calle, de las lluvias heladas del invierno, del sol ardiente del verano; nos une este lugar en el que somos contenidos y este tiempo que nos mide. No, naturalmente, no nos une el amor nos une la misma búsqueda (o la misma fuga). Nos unen, en definitiva, los mismos interrogantes, las mismas ignorancias y el mismo deseo (una bruta ansiedad) por conocer al menos el por qué de nuestro sufrimiento. No, naturalmente, no nos une el amor nos une, en el mejor de los casos, el terror a la soledad completa, la incapacidad de amar a otro ser sin sentirnos inferiores y humillados. Nos une la incredulidad de que alguien diferente pueda amamos. No nos une el amor, nos une la vergüenza. Nos une el pudor de saber tan íntimamente cómo es el otro y de no saber con la misma nitidez quién es el otro. Nos une un raro temor, algo así como una envidia anticipada por si uno de los dos ingresa al mundo de los seres dichosos. Nos unen todas las bajezas visibles y las previsibles. Nos une el fracaso como un pacto de niños, firmado con sangre y alfileres.
No, naturalmente, no nos une el amor nos une este lamento que lanzamos como una flor y un insulto como un reproche y una súplica a todos y a nadie. Nos une este lamento porque el hecho mismo de haber podido construirlo se asemeja a la esperanza. Pero no nos engañemos, al final de cuentas, lo que nos une no es el puente sino el abismo.
“Como él, a vos te gustaría estar en un lugar donde las cosas fuesen
amables, donde ya no te preguntes por que son tan importantes esas
respuestas que no tenes. Sbarra es como el fuego, mientras más lo
disfrutas más fuerte se hace”
A mí siempre me gustaron más
los José Sbarra que los Julio Cortázar. Ahora el mundo es todo ese
mongolismo ancestral de esta maldita raza en facebook, que escribe 500
pelotudeces juntas por minuto, y cree que esta en una situación de poder
y jamás se sintió aterrado por la existencia. Ellos tienen los orgasmos
en una jaula. A mí siempre me gustaron más los José Sbarra, esos tipos
que saltan por encima de los decorados del amor. Saltan, mejoran su
intimidad y dejan a la vida con los sobacos llenos de piojos y sexo.
Tipos que se bancan el mono y la resaca por una noche enamorada de la
vida. Escritores feroces que penetran con agujas de luz los misterios de
la incertidumbre (OBSESIÓN DE VIVIR· ALEANA· MARC, LA SUCIA RATA·
PLASTICO CRUEL· CIELITO.· MIEDO, YO?.· NO ENCIENDAS LA LUZ.· ANDY,
PASEADOR DE PERROS.· EL BESO DEL VAMPIRO.· SOCORRO, NADIE ME QUIERE.
Primer Libro de Autoayuda Infantil.· INFORME SOBRE MOSCU (póstumo). ·
LOS PTERODÁCTILOS· EL LIBRO DEL DESAMOR· BANG-BANG).
Ligarías un
nuevo juego,con ojos al rojo vivo? A Sbarra le gustaba lo bueno, sin
poesìa rococo y cagado de romàntico.Levantabas su vestido hasta el
cuello y encontrabas a un niño escondido, un duende de once años. Un
tipo ambicioso, estelar y cósmico al que no había guita que comprara su
vida. Una vida peligrosa y libertaria, regida por el principio del
placar; porque lo que importa es lo que haces de la noche a la mañana tu
manera de vivir. Un tipo rapaz que no compartió la cultura de las
relaciones amorosas hasta la perversión de la fidelidad y que por eso
escribió “Plástico Cruel”; una novela que te cuenta que te hace falta
éxtasis, tocarte más la pija, el alma. Un rayo de intensidad comiéndose
el culo de la rutina burguesa. El placer de besarte con palabras, hasta
tragarse tu conciencia: Un niño, Axel, cariñosamente llamado "el Cerdo";
que al llegar del campo, se enreda con una modosita de la ciudad, Linda
Morris, ninguna Cieguita de la Stratocaster. Un comic vertiginoso,
acido, retratado por la bohemia de Axel, el punto de ebullición entre la
frivolidad extrema de Linda y los girones líricos descriptos por
Bombón, poeta y puta.
José Sbarra murió de Sida en 1996, apasionado
escuchando al misterio, tratando de apretar el gatillo de una 38,
llorando en algún pabellón de un hospital. Jugando con los ardores de
sus genitales y convertido en sonriente esqueleto!!!
Tomado prestado, literal, de: http://chicospalidosparalamaquina.blogspot.com.es/2010/08/veneno-para-ratas.html
Revista “El Cazador” Nº1 – Octubre 1992 José Sbarra COJER, DROGARME Y ESCRIBIR Lo conocí en el hospital de los artistas, en ese hotel-nosocomio sito en la calle Defensa entre Brasil y Garay, por donde han pasado las desgraciadas y decadentes vidas de tantos amigos nuestros. Estaba atravesado al ángulo de la pared como un audio de heroína. Le tomé odio al tipo. Un algodón en el piso y el aura de Marc, la sucia rata que lo rodeaba en aquella época. Hace poco lo volví a conocer y me bastó un comentario que hizo sobre la muerte de un amigo para darme cuenta que el tipo era un tipo, me gustara o no. Es homosexual, algo frívolo y también denso. Pero muy querible y sobre todo: esta apasionadamente vivo. - ¿”Plástico cruel” es literatura para homosexuales? - No. Todo lo que escribo lo hago desde lo heterosexual. Porque todos los homosexuales estamos acostumbrados a leer Romeo y Julieta y traducirlo a nuestros códigos, no me interesa obligar al lector heterosexual a decodificar nuestro lenguaje. Escribí Plástico cruel para demostrar que no existe el amor. Que el amor es cultural, que la vida es sexo, que en el sexo estaba todo claro y no lo conseguí. Todo lo contrario, mi pareja se apoyaba en mi hombro y me decía “si ponés tantas conchas y tantas vergas nunca vas a ser un escritor reconocido”. Era un acto de amor. Pero se me estaba yendo, él me quería dejar y yo me daba cuenta y no soportaba no ser el mejor del mundo para él, estaba desesperadamente enamorado. Estaba enamorado. La gente cree haber amado, pero no les pasa, se mueren sin conocer el amor. Yo casi lo mato. Me tuve que ir a Madrid. No soportaba que cojiera con otros. Con ese pibe tuve los celos más grandes de mi vida. Lo llamo por teléfono un día y le digo que me voy a ver a mi abogado, le miento, me voy a una orgía. Seis o siete tipos cojiendo. Hay un tipo que me la está chupando y yo lo llamo por teléfono a él… ¡Para ver si estaba solo o si estaba con alguien! - ¿Tuviste una vida sexual intensa, promiscua? - He hecho de todo. He vivido prácticamente de prostituto, fui prostituto de hombre y mujeres hasta los 25 años y no tengo una verga de dos metros ni mucho menos y sin embargo he competido con tipos “súper” que hasta traían modelos de los Estados Unidos. Lo que pasa es que yo en aquella época hacia tarifas especiales, servicios especiales: yo pegaba, meaba, hacía sadismo, pero hacía todo eso porque era escritor. ¿Qué puedo hacer si soy escritor? Porque ojo, y hoy se lo decía a Bobby Flores en un reportaje por radio, para mí ser escritor no es Piglia, escritores son tipos como Symns que no viven de nada. Todo eso yo lo hacía para poder vivir. Porque para mí la vida siempre se dividió en drogas, sexo y literatura. Aunque te parezca raro, leer y escribir son dos cosas que si no las tengo no me interesa la vida. Las tres tienen la misma importancia. Tengo 42 años y me voy a morir a los 20. pero sin sexo y sin drogas tampoco me interesa la vida. A los 16 años era cadete y me miraban las mujeres y los hombres. Los hombres me tocaban el culo y las mujeres el bulto. - ¿Qué clase de cosas sádicas hacías? - Apagar cigarrillos en las tetas. Mojo el cigarrillo, queda la braza encendida pero el cigarrillo viene apagándose con la saliva que puse, cuando llega a la teta la mina o el tipo siente el calor y cuando se lo apago en el pezón ya está apagado. A mí me gusta coger y que cuando termine me duela la pija y los huevos. Hay gente que no sabe usar la violencia. En la homosexualidad hay que saber. El alcalde de Nueva Cork, cuando aparecieron los Black Bell Leaders, (una onda de cuero negro, el machismo gay, ya no eran maricas, a los europeos no les pegó nunca, pero a los yanquis sí), bueno, el alcalde tuvo que tomar medidas: aparecían muchos gays muertos por los zarpes sexuales, se les iba la mano a los putos cojiendo y ahí mandó una mano médica, una cartilla explicando cómo ser pesado pero sin dañarse. - Me hablabas que curtías también con mujeres… ¿existe entonces la famosa bisexualidad? - No, en absoluto. Existe la heterosexualidad y existe la homosexualidad. La bisexualidad es una cuestión totalmente cultural. A vos te puede gustar un pendejito de 12 o 13 años porque es casi como una nena. Pero te tiene que gustar un tipo de 40 años, peludo, grandote. A mí siempre me gustaron claramente los hombres pero nunca le dije “NO” a la mujer, porque para mí el sexo es casi franciscano, no en el estricto sentido religioso sino por un tema de hacer servicio. La gente que me conoce, mis amigos lo saben, si una mujer está caliente y me necesita me la cojo y lo hago por el franciscanismo. Yo preferiría que ella tuviera una pija en vez de una concha. La mujer que coje con un puto tiene la fantasía que no la vas a violar, que no la vas a usar. - ¿Sos violento en el sexo? - En absoluto. Nunca me copé con la onda violación. Por supuesto que me han pegado y he llevado a la gente a dolores muy fuertes. - ¿Nunca violaste ni forzaste? - No, soy un moralista. - Yo te tenía por un mal tipo, un corruptor bravo… - No, es por la fama de los pendejos. Claro que los pendejos me seducen pero los curto por seducción. Cuando trabajaba en televisión tenía los pendejitos de 15 que venían a proponerme coger para ver si entraban a la TV. La gente cree y le gusta la idea que para entrar ahí hay que coger. Tienen ganas de hacer ese sacrificio. - ¿Qué hiciste en televisión? - Siempre hice programas pelotudos desde Canela hasta Hiperhumor. Los hice para ganar plata. Hace tres años dije basta, nunca más. El problema es que odio la televisión, nunca veía y los tipos que laburan en TV no bancan eso. Me toleraban porque soy muy eficaz trabajando pero yo odiaba todo ese mundo, nunca me interesó… - Desconozco tu historia… - Mi familia era rica y mi viejo era un boludo que se peló. Vivíamos mal, sin agua caliente y yo tenía que ir a bañarme a la casa de mi abuelo. Mi viejo le fundió la fábrica a mi abuelo. Vivía en una casa con calle de tierra. Pero en verano me sacaban y me llevaban a Mar del Plata. Siempre trabajé de todo. Durante 10 años llevé gente a Bariloche, llevaba turistas. Desde los 18 años hice eso. Hasta los 18 fui cadete, me metía en los piringundines y me hacía coger por las putas. Yo iba por eso, pero también porque los tipos me tocaban la pija. Después también me los cojía. - ¿viviste en la miseria? - Nunca viví en la miseria porque siempre hice prostitución. Tenía clientes de mucha plata y aún hoy tengo amigos ricos. La ventaja que tenemos los homosexuales es que podemos trabajar la calle. Siempre tuve un buen cuerpo y resulté atractivo. Mis viejos, de pendejo, me metieron en esos clubes y yo hacía trapecio, barra, esas cosas. Lo raro es que si un hombre me toca la pija se me para, y si me la toca una mujer también. - ¿Pero te gustan o no te gustan las mujeres? - No, me gustan los hombres. Aunque los hombres tuvieran concha me acostaría con hombres antes que con una mujer. De la mujer siento el encanto, el encanto de una flor en un florero ¿por qué se me para? Porque si la mujer se copa conmigo me siento el mejor… - Me identifico con vos en el sexo y las drogas, pero escribir… - ¿Viste? Es cierto. Yo me veo escribiendo y me parece la imagen más desagradable, un tipo escribiendo es un pajero… - ¿Y entonces…? - Me acuerdo que en Ciudadela yo untaba bronce y aluminio en la quema, de eso vivíamos todos los pibes del barrio. Y en esa quema encontré un libro, no voy a decir qué libro es, para no perder la magia, pero ese tipo sabía mi vida, ¡Ese libro era mi vida!. El personaje hasta tenía una hermana que se la quería coger otro amigo y yo también tenía esa hermana y ese amigo y el tipo se había hecho amigo de otro tipo que lo adoraba y a mí me pasaba eso. ¡El autor hablaba de mi vida! Y en la quema nadie me hablaba como ese escritor. Entonces, te diría que escribo libros como ése que encontré, escribo literatura para gente de la quema, para pendejos como ése que era yo, ¿Vos sabés la cantidad de pendejos que andan con mi libro? A esos pibes nadie les habla, no tienen interlocutor ¿Sabés lo que debe ser que encuentren un libro de alguien que fue igual que ellos? Para ese pibe de 14 o 15v años, mi libro está vivo. De los 30 años para arriba, no me interesan los lectores. Me chupa un huevo y te soy sincero, si el libro gusta o no gusta, si es bueno o si es malo. Yo escribo parta unos cuantos pendejos. - Pero le debés haber tomado el gusto a la fama, por más pequeña que sea… - Claro que me gusta entrar a un boliche y que venga una minita y me diga: “Ay, llore con el final de tu libro”. Soy frívolo pero conozco la medida de eso. Cuando llego a la noche a casa busco mi droga, mi amante y un buen libro. - ¿Cuél es la mejor droga? - El LSD. Lo rechazan los que se tienen miedo. Yo coincido conmigo mismo. Cuando me voy a dormir, me voy yo. Yo leía a Epicuro y Epicuro me enseñó que el placer es posible todos los días. Todos los días peleo para que el placer sea más grande que el dolor. A veces digo “ando mal” porque disfruto andar mal, pero igual cojo y en la cama gozo con lo que se le ocurra a la otra persona… no es una habilidad, es una dedicación. - ¿Te gustó la obra de teatro que hicieron de tu texto “Marc, la sucia rata”? - Yo creo en la acción, Enrique. Si hay un montón de mediocres de no sé dónde y quieren caber la obra de algo que escribí pues que la hagan. Yo respeto mucho a Omar Chaban, a Omar Viola, a vos. Te defiendo donde voy. Si alguien te critica, le digo: “pero ustedes ¿qué hicieron?”. Enrique Symns hace una revista, Yo nunca la leo, pero la espío en la casa de algún amigo y encuentro alguien que ve el mundo como yo: si dos pendejos tiran a un viejo de un tren para sacarle el reloj, todos están con el viejo. Y Cerdos y Peces estaba con los pibes: “EL viejo es un hijo de puta por andar con el reloj”. Vos sos el tipo que das esa versión del mundo y yo te agradezco, aun cuando no te conociera. - Además de optimista te describís como si no sufrieras, ¿no tenés bajones? - Tremendo bajones, pero no los cultivo. Sé cual es la medida: si ando por la calle y veo gente y ni siquiera me la quiero coger entonces estoy muy mal. Aunque se haya muerto la persona mas querida, agarro y voy y cojo o me hago una paja y duermo bien. Me gusta el placer, me gusta morfar bien y tomar el mejor whisky y me gusta sentar mi culo en el avión y aparecer en Nueva Cork, soy feliz cuando entro a los casinos. Vivo bien y cuando vivo mal, escribo. - ¿Y todas las relaciones que tenés son satisfactorias? - Cuando no me la chupan bien, cuando siento que no me la chupan en serio, entonces no les doy lo que se merecen, la generosidad y el egoísmo son lo más importante en el acto sexual. Estoy viendo una concha y no me pasa nada, igual la miro y alimento las ganas, me doy maquina. Te tienen que hacer sentir grande. Yo estoy chupando una pija en un baño de un bar y al tipo lo hago sentir el macho de la tierra. Hay que evitar coger con los mezquinos. Los mezquinos son lo peor del mundo. Enrique Symns
Comparación odiosa: si Bret Easton Ellis pintó como ningún otro esa obsesión destructiva de los 80s entre los círculos más concentrados del poder especulativo, José Sbarra pintó sus consecuencias destructivas y autodestructivas, durante los 80s, en urbes periféricas como Buenos Aires. O al menos lo intentó, porque en muchos sentidos él mismo fue un resultado de esa época y de las que le precedieron.
Plástico cruel, casi un guión (de hecho, tanto con ella como conMarc, la sucia rata, se hicieron sendas películas), es trepidante, más por lo que se dice que por lo que se hace. Todo es diálogo o diario y el diario, se sabe, funciona también como un conversación íntima aunque unilateral entre Bombón y el lector, a quien confiesa los padeceres interiores y exteriores que le produce la relación con ese adolescente que parece amar. Y bien llevado. Un oficio que seguramente Sbarra habrá aprendido o perfeccionado en sus muchos años como guionista de televisión.
Con la historia y sus criaturas sería muy fácil caer en el mani-queísmo, aquel de las viejas películas de Hollywood, donde los personajes en blanco y negro eran eso: blancos o negros, buenos o malos, víctimas y victimarios. Sin embargo, las mujeres y hombres de Plástico… son bastante más complejos, aunque a priori no lo parezcan. Ni buenos ni malos, ni víctimas ni victimarios; más bien condenados por el mundo y la sociedad que les ha tocado vivir y donde fatalmente morirán, asesinados por marginales más violentos que ellos, por algún psicópata, por sobredosis o por HIV.
No obstante, se hacen querer… Si no lo pretendió así, la corta novela de Sbarra (no por la cantidad de páginas sino porque se lee de un tirón) igualmente no deja de ser un melodrama shakespeareano: hay un Romeo y una Julieta, dos mundos completamente diferentes y opuestos que se cruzan en Axel y Linda Morris (nombre y apellido de la «heroina» que, por cierto y a la distancia, aparecen como una concesión excesiva a las características del personaje).
De hecho, el autor tampoco escapa a las facilidades del maniqueísmo. Como se dijo, el nombre y apellido de la «heroina». Pero también la madre de Linda es un ejemplo: la arquetípica esposa burguesa que sobrevive entre el peluquero y el analista, entre el alcohol y las drogas legales; y el padre, un típico burgués obsesionado por el dinero; e incluso Axel, que pasa de ser un humilde e ignorante provinciano recién llegado a la Capital, a transformarse en un voraz depredador sexual adolescente a quien nada ni nadie le importa, sino cuando ya parece tarde, cuando ha perdido a su amada Linda.
Sin dudas, Bombón es quien concentra todas las contradicciones de los personajes y, por ende, de la propia novela. No sólo por su sexualidad… o justamente por ello: tal vez porque en él/ella emergen todas las contradicciones del propio autor y, por lo tanto, ha sabido expresarlas acabadamente en lo que podríamos llamar el «espíritu» de su diario de poeta y puta.
Si, como asegura en la entrevista con Symns (incluída en este volumen), con esta historia Sbarra trató de demostrar que «no existe el amor. Que el amor es cultural, que la vida es sexo», prueba con el relato que ambos asuntos son ciertos: no existe el amor sino como construcción cultural que se levanta desde el sexo –o la sexualidad–, y que nadie, por muy «marginal» que sea o quiera ser, puede escapar a la cultura que nos condiona; sólo opiniéndose a ella desde uno o alguna perspectiva política concreta. Desde su clase, desde su limitada perspectiva burguesa, Linda lo dice o lo sugiere: el trabajo, el matrimonio, incluso los relojes y el calendario, son para ella instituciones vitales que deben respetarse para poder sobrevivir.
Pero Axel no quiere oírla, tal vez porque eso tarda (no hay futuro, sostiene insistentemtne el personaje en un remedo punk tardío), el proceso es más lento y requiere cierta paciente impaciencia… Y él, que no quiere o no puede esperar, acaba sucumbiendo en el proceso.
Argentino, nacido el 12 o el 15 de julio (no hay datos precisos sobre la fecha) y fallecido en 23 de agosto de 1996 tras padecer HIV, José Sbarra supo también construir cierta ficción alrededor de su vida y particularmente de sus orígenes presuntamente cuasi marginales. Lo expresa puntualmente en la ya citada entrevista.
Lo cierto es que fue maestro normal, periodista y sobre todo guionista de televisión, donde su labor resultó tan «eficaz» –como él mismo reconoce– que le valió una carrera exitosa y numerosos reconocimientos y premios: el Santa Clara de Asís, el Cruz de Plata Isquiú, el Coca-Cola en las Artes y Ciencias, el Estrella de Mar.
Como periodista, trabajó y se destacó en publicaciones infantiles como Billiken (1979/1989), luego en Playboy y más tarde en Editorial Perfil, donde fue colaborador en la colección «Yo fui testigo».
Su ingreso a la TV fue clave y como guionista trabajó durante varios años: programa «Para crecer» (Canal 13, conducido por Canela); programa «El show de la vida» (ATC, conducido por Héc-tor Larrea); «El show de Carlos Perciavale» (Canal 11); «Hiperumor» y «Zapping» (Canal 9); «Superclan» (Canal 13); etc.
Además coordinó talleres literarios de la Subsecretaría de la Juventud de la Municipalidad de Buenos Aires y fue fundador y conductor del ciclo «Circo de poesía».
Publicó varios libros infantiles y juveniles: Cielito; Miedo, yo?; No enciendas la luz; Andy, el paseador de perros; El beso del vampiro; Socorro, nadie me quiere (primer libro de autoayuda infantil). Luego llegaron Obsesión de vivir; Marc, la sucia rata, y Plástico cruel, manteniéndose inéditos Los pterodáctilos; El libro del desamor, y Bang-bang.
“Que la mujer que ames esté en su habitación con otro hombre. Que la ames. Y que ella esté haciendo el amor con otro hombre mientras vos estás en la habitación de al lado. Que llenes el espacio de música para tapar voces y sonidos que luego no podrías nunca olvidar.
Que alguien golpee a tu puerta. Que al abrir la veas a ella envuelta en una toalla. Que te sonría. Que te diga si podés ir a comprar cigarrillos, para ella y para su amante. Que la mujer que ames haya ido hasta tu cuarto a pedirte que, ya que estás vestido, compres cigarrillos para ellos.
Y que vayas, que la quieras tanto.
Que llueva. Que corras por la calle hasta el quiosco a comprarles cigarrillos. Y que llueva mucho.
Que regreses empapado con los cigarrillos. Que la llames. Que golpees a la puerta de su habitación. Que tengas que repetir su nombre. Que escuches los sonidos de algo imprevistamente recomenzado. Que escuches jadeos de placer. Que vuelvas a tu cuarto. Que pasen los minutos como siglos. Que ella, la mujer que ames envuelta en su toalla, llame nuevamente a tu puerta. Que abras y te encuentres otra vez con su sonrisa. Que tengas que sonreír. Que debas imponerle otra sonrisa a tu confusión. Que le des los cigarrillos y que ella te agradezca por haber ido con esa lluvia. Que te pregunte cómo estás. Y que le respondas que estás bien. Y que no sea cierto. Que la ames tanto. Que te suceda algo así... para que me entiendas.”