Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

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lunes, 16 de noviembre de 2015

La paz sigue sin ser perfume

...





La paz sigue sin ser perfume. Sin ser, ni estar.

Foofú  lost fighters.

Áquel viento poderoso, glacial, tramposo e instructor de muros y fronteras; de objetivos y charcos oceánicos vuelve a trampear. Vuelve la águila pequeña y pícara que coquetea con las cuatro lunas y un sol ópaco. La que hace sombra. La gran sombra.

Un soplo de aire se los llevó de Versailles. Del Sena.

De cualquier lugar recóndito donde el anonimato pulsa el sinsentido e insufla el pavor de no estar, ni ser. Un soplo de aire viciado, convulso, rastrero, traidor y ruín sacudió a un pequeño planeta azuluz. Se los llevó.

De la Sorbona, de Damasco, del frasco derramado, destrozado, sitiado y desposado. De Antananarivo a Groenlandia. De Wellington a Fargo. De las tierras desiertas a los humedales. De la noche ciega al día cegado. Del más intolerante, al diálogo. Del paritorio a la mortaja.

Paulatinamente áquel pequeño de luz azul, humano, palidecía. Palidece, más si cabe... o sobra.

Cíclicamente, por los siglos de los siglos, áquel soplo de aire asola desde pequeños logros y construcciones hasta endiosadas egolatrías y mundanas profecías.

Hey you.

Un viernes por la tarde de éste dulce noviembre, otro dulce noviembre más... Cibelle, por ejemplo, jugaba en los parques de Montmartre ajena a las intenciones famélicas de la codicia más inhumana, al arrebato sin deje, el te arrebato por ende. El poseo por soslayo y la argucia sin denuncia. Cibelle, se manchaba los zapatos de tierra libre, de hierba pisoteada por la libertad, de juegos inocentes y columpios celestiales. De risas sin mordazas y sonrisas atemporales.

Nunca habrán unas manos más limpias que las de un niño jugando.

Foofú  lost fighters.

Un llanto nos trajo en forma de nube de luz la sal negra de la vida. Llovían las gotas de Ida y las rayuelas (ironía no fina, sino más, si cabe, sal gorda) de Pessoa, al Cortázar limón de una hormigaelefante blanca. La tocata y fuga. El grito se zampó al beso. Le hurta los labios del corazón. La huida demente y el miedo en los cuerpos, pero lo peor que va a llegar no es ese tipo de miedo; el peor miedo, el que agarrota la vida... las vidas.... es el miedo del alma. El miedo a pisar charcos, a cantar, a respetar, a sonreír, a deslavazar descalzos caminos donde todos quepan y nadie sobre. El miedo a caminar.

A urdir cuentos y canciones; juegos y leyendas.

A levantar pozos, siembras y cosechas.

A parir puentes y criar cunas de mimbres y amalgamas.

A rozar sin nudos ni imposiciones.

A asentir y discernir. A dialogar y cruzar sin entrar o salir.

A respetar el color de tu voz y la piel de los sentidos; a creer que mi Diox puede ser el tuyo o el tuyo no el mío... a fruncir creencias en el caldero de cinco sabores y un pequeño azul como condimento que equilibre lo que por venir, no debería nunca cruzar.

A opinar sin empuñar.

A no empujar para dejar sitio.

Hey you.
 
Foofú  lost fighters.

La paz sigue sin ser un perfume.

Sin ser, ni estar.

Cibelle, hoy vuelve a su pequeña escuela.

No entiende nada. Nunca lo entenderá, aunque crezcan mil años en su pequeño corazón.

Todos tienen miedo, lloran, recelan... desde el reojo hasta el infundio. Desde el infinito desconocido hasta el más lejano desconocimiento. Todos lo tienen.

Cibelle seguirá jugando en áquel jardín de su barrio. Se volverá a manchar los zapatos y ojalá nunca las manos con este perfume que sin ser ni estar se está apoderando del apesadumbrado pequeño azul.

Hey you.



Ícaro ©






martes, 8 de septiembre de 2015

El secreto de sus ojos, cerrados


Aquellosquesperan.org (Obra Social La Caixa, Caixa Forum Set.'15) Montaje y fotografía Ícaro



Ícaro




Fotografía Ícaro




Ando oscuro, como el pan que se da con la boca y se hace con los pies.

Estoy algo sucio, prendado de fango y recién lavado. Sólo con agua. Como la leche agria que corta las venas de los cabellos y se cuela por el deliquio de entre las uñas, la que no deja de escocer por donde atraviesa, resbala y funde frutas rojas, frutos azules.

Tumbado como un perro vagamundo que trota en círculos alrededor de ninguna parte, intentando reencontrar el rastro donde la inspiración te vuelve a cortar las malas costumbres, te convulsiona y te precipita....sin alas, ni red; sin tumba, ni excusa. Sin cuna, ni nuncas.

Luego ando, y muero al paso. Maldita la gracia. Gracias.

Llevo días en el trance de ese charco mugriento y reluciente, donde se reboza la sarna y el silencio adiestra, percute, reta. Y a gusto, adrede, a muerte inspiracional huelo... puerco y jumento, castrado y plegado. Como áquel libro que cría polvo y muerde al lomo. Tomo, peso y leso. Y ando, luego muero. Y muerto, me nazco.

Renazco.

Montañas de garabatos y un túnel en el tiempo. Sin puentes. No exento de lastre. Las nubes empiezan a colgarse, el cielo a estrangularme, la redada del laberinto me sugiere, pero nada me incita...... o casi, para ser ecuánimes, casi nada. Para y por ser justo, ya no prejuzgo; para ser justos.....hace unos días, me confesé en esa capilla, ardiente. Y que huyan, y que migren; los designios son ingratos como aquellos gatos que al can lo engatusan para apolillar sus uñas romas, cazadoras y cazadas. Fauna de calles, y el domador....cualquier esquinero malnacido. Sine die.

Me río.....quien quiera peces que se moje el culo. Me descojono, quien quiera mojárselo que escape del acuario urbano. Del imaginario, de lo virtual. Cuarzo y hambruna. Y que guarde silencio quien cría piedras y escupe a su cieo.

Frutas. Rojas. Azules.

Manzanas podridas. Con gusanas y lombrices, entre avispas y peras. Almíbar. Que los gusanos y el lombriz, el aviespero y el peral se pintan como la mona, de seda, de azul.

Frutas rojas, prohibidas. Recién lavadas, recién lloradas, recién llovidas.... nacidas. Pero rojas, rosadas, amelocotonadas, aterciopeladas, crujientes, carnales. Rojiazul. Todo en regla. Como la vírgen, como la norma que delimita y desgaja a la cromática y camaleónica ponzoña que crucifica las artes del espíritu arrepentidamente pusilánime, dueño de una obsesión, que se moldea y transgrede al antojo y el capricho de quien justifica un fin..... que se hace camino al volar. Y al volar, la vista atrás se despeina, se entreceja, se amilana y acobarda. Manda guasa, las gasas....del Cavall Fort y de Norman Foster. Los diseños, son naturales abalorios.......y ellas, son dueñas de la naturalidad, de la ternura, del desboque.

El juego de la capilla, era ladino.

Al principio, una mosca.

Una luciérnaga, una pulga prodigiosa.

Ellas son fosforescentes, porque se alumbran cuando se nacieron, cuando se descubrieron, cuando amándose se iluminaron todos sus ojos ocultos. Dos.

Una, recién desvirgada, porque en cuanto su cuerpo se bautizó las cerezas, las fresas, las guindas, los nísperos y las guirnaldas se cubrieron de la gloria de un tul tan escondido como compulsivo allende donde lo encubierto procura y corteja, seduce y erupta.

La otra sacerdotisa, por como tras su aurea de aparente fragilidad, bisoñez e inhibición se despluma el gran pavo real de su arte, y mientras algunos pintaban bastos, ella le otorgó al gran perro verde de una sesión de cuevas secretas, de jardines colgantes, de formas dilatadas y juguetes mayúsculos.


Ellas poseen un reto, flagante, decisivo. Se han nacido y descubierto y la mala es buena, y la buena ahora tan mala como la que se escondía tras aquellos ojazos de traiciones primorosas.

Una danza de espejos.









Unas cortinas corridas, muy bien corridas. Sin grilletes y desposadas.

El desorden me asalta y me fascina, el caos me implora y que lo enculen las normas, las reglas y la vírgen ciega. O me.

La capilla, ardiente se escapa a aquellos que creen que los bulos corren, que los murmullos crean doctrina, que la inercia....disecciona y con su herradura: marca, muesquea y enjutos ceban.

Pécoras, pécoras........ divinas pécoras.

El juego del jugo es rojo. El zumo, zurrapas...melaza....aprendizazul.

Y una, la buenamala, crece; y la otra, la malabuena, se doctora.

¿Estás enfermo, enferma del alma...?, pues que te emperre, que te emperren....que te dancen y crucifiquen.

No creas que marcar un número es el antídoto. Nah. Nt, nt.

El olvido es a ceros.

El secreto, el oculto....es el guión donde ellas entran en juego.

.....Ando tan encontrado, como aquel niño angustiado en una fiesta de gigantes. Me quiero perder entre faldas y vuelos, entre nalgas pétreas y estampidas aladinas. D´nde la bruja de los Xiquets me llueva y no deje de preñarme de sus gotas. Viscosas. Con la mirada. Fundirme. Al molde. Al lento, fuego.

Ando con la capilla, ardiente, a cuestas como la coraza de una nueva tortuga voladora que se sacia de agua maternal. De leche materna, nodriza de aquella enquistada sinrazón.

Existen sensaciones imperturbables. Y con ellas, tras aquellas cortinas, con mucha fruta roja, recién llovida, llorada....recién nacida redescubrí áquel momentum donde la virginidad pide silencio. Y el azul de su mirada se clavó en mi cerviz.

Casi sin palabras, sólo con sonidos se perciben los verdaderos placeres escondidamente honestos, puros.

Tras la última cena y bajo la banqueta, plegado y bien doblado, entre las dos dejé un trozo de papel sucio, arrugado, perfumado.....cuatro letras:

El juego no es para quien de vosotras, lo quiera. Sólo para quien de vosotras, verdaderamente le encuentre sentido.

Por dentro el hueso.......se chupa, se lame y nunca se deja de desear. Se protege, se mima, se llueve, se poda y se apoda....

Jamás.

Y ella se dejaba contemplar.

Admirar.

El secreto de sus ojos, cerrados.



Ícaro



lunes, 19 de noviembre de 2012

Fresas de frases XIV




Fotografía: Mehmet Akin







"No hay gente inútil, sólo hay gente perjudicial."

Gorki









"La biblia es para psicopátas."

John Lennon









"Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos."

Eduardo Galeano








"Y el hombre creo a Diox para inventarse a si mismo."


Perro callejero e imperfecto









"Los judíos se cortan el prepucio en honor de Dios, cosa muy consecuente. Los hotentotes son más devotos, se cortan un cojón."

Voltaire












"Ella es el ornamento de su sexo."

Charles Dickens