Amé en aquella mirada lo que había de sospecha. Y el miedo de las cosas tenía en aquel espejo la ilusión de disentir del futuro. Contacto: jrubaz@hotmail.com
Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.
Bajo las almohadas de la sangre.... dos fucsias con pequeñas luces de posición.... cóncava y convexa, como la plastilina que se moldea con el pestañeo....
...y con el querer.
Eso es el poder. El querer, de corazón.
No hay más.
Fotografía: C-man
Vocales para Hilda
La que duerme ahí, la sagrada, la que me besa y me adivina, la translúcida, la vibrante, la loca de amor, la cítara alta:
tú,
nadie sino flexiblemente tú, la alta, en el aire alto del aceite original de la Especie:
tú,
la que hila en la velocidad ciega del sol:
tú,
la elegancia de tu presencia natural tan próxima mi vertiente de diamante, mi arpa, tan portentosamente mía:
tú,
paraíso o nadie cuerda para oír el viento sobre el abismo sideral:
tú,
página de piel más allá del aire:
tú,
Fotografía: C-man
manos que amé, pies desnudos del ritmo de marfil donde puse mis besos:
tú,
volcán y pétalos, llama; lengua de amor viva:
tú,
figura espléndida, orquídea cuyo carácter aéreo me permite volar:
tú,
muchacha mortal, fragancia de otra música de nieve sigilosamente andina:
tú,
hija del mar abierto, áureo, tú que danzas inmóvil parada ahí en la transparencia desde lo hondo del principio:
tú
cordillera, tú, crisálida sonámbula en el fulgor impalpable de tu corola:
tú,
nadie: tú: Tú, Poesía, tú, Espíritu, nadie:
tú,
que soplas al viento estas vocales oscuras, estos acordes pausados en el enigma de lo terrestre:
tú:
Gonzalo Rojas
Fotografía: Tom Chambers
No hay mayor lujuria que el pensar. Se propaga este escarceo como la mala hierba en el surco preparado para las margaritas.
No hay nada sagrado para aquellos que piensan. Es insolente llamar a las cosas por su nombre, los viciosos análisis, las síntesis lascivas, la persecución salvaje y perversa de un hecho desnudo, el manoseo obsceno de delicados temas, los roces al expresar opiniones; música celestial en sus oídos.
A plena luz del día o al amparo de la noche unen en parejas, triángulos y círculos. Aquí cualquiera puede ser el sexo y la edad de los que juegan. Les brillan los ojos, les arden las mejillas. El amigo corrompe al amigo. Degeneradas hijas pervierten a su padre. Un hermano chulea a su hermana menor.
Otros son los frutos que desean del prohibido árbol del conocimiento, y no las rosadas nalgas de las revistas ilustradas, pornografía esa tan ingenua en el fondo. Les divierten libros que no están ilustrados. Sólo son más amenos por frases especiales marcadas con la uña o con un lápiz.
Wislawa Szymborska
Quise decirle: "Ven a mí, ahora que nadie nos ve, ahora que lo verde de este maléfico jardín entró en la austeridad anónima de una noche de verano. Ven a mí: si vienes, las estrellas seguirán siéndolo, la luna no se cambiará con colores ultrajantes ni habrá metamorfosis dañinas. Nadie verá que tú vienes a mí. Ni siquiera yo, pues yo ya estoy muy lejos, yo ya estoy en otro mundo, amándote con una furia que no imaginas. Ven a mí si quieres salvarte de mi locura y de mi rabia, ten piedad de ti y ven a mí. Nadie lo sabrá, ni siquiera yo, pues yo estoy vagando por las calles de otra ciudad, vestida de mendiga vieja, acoplando tus nombres a canciones obscuras que son como puñales para fijar mi delirio. Mi sangre, mi sexo, mi sagrada manía de creerme yo, mi porvenir inmutable, mi pasado que viene, mi atrio donde muero cada noche. Oh ven, nada ni nadie lo sabrán nunca. Aun cuando yo no lo quiera ven. Aun cuando yo te odio y te abandone, ven y tómame a la fuerza". (De Pizarnik a Alejandría)
Jamás te lo diré aunque me muera de pena.
Jamás me lo digas.
Porque Alejandra aunque dice que adora a los gatos ama a los perros.
No me ames.
Ama.
Ama.
Ama.
Amáte, eres demasiado buena y hermosa para un callejero y lunático perro.
Somos los hombres huecos somos los hombres rellenos apoyados uno en otro la mollera llena de paja.¡Ay! Nuestras voces resecas, cuando susurramos juntos son tranquilas y sin significado como viento en hierba seca o patas de ratas sobre cristal roto en la bodega seca de nuestras provisiones
Figura sin forma, sombra sin color, fuerza paralizada, gesto sin movimiento;
los que han cruzado con los ojos derechos, al otro Reino de la muerte nos recuerdan -si es que nos recuerdan- no como perdidas almas violentas, sino sólo como los hombres huecos los hombres rellenados.
II
Ojos que no me atrevo a encontrar en sueños en el reino del sueño de la muerte esos ojos no aparecen: ahí, los ojos son luz del sol en una columna rota ahí, hay un árbol meciéndose y las voces son el canto del viento más lejanas y más solemnes que una estrella que se apaga.
No me acerque yo más en el reino del sueño de la muerte revístame yo también de tan deliberados disfraces pelaje de rata, piel de cuervo, palos cruzados en un campo comportándome igual que el viento sin acercarme más...
No ese encuentro final en el reino crepuscular.
III
Esta es la tierra muerta esta es la tierra del cactus aquí se elevan las imágenes de piedra, aquí reciben la súplica de la mano de un muerto bajo el titilar de una estrella que se apaga.
Así es en el otro reino de la muerte despertar solo a la hora en que temblamos de ternura labios que querrían besar forman oraciones de piedra rota.
IV
Los ojos no están aquí no hay ojos aquí en este valle de estrellas que mueren en este valle hueco la quijada rota de nuestros reinos perdidos en este, el último de los lugares del encuentro vamos a tientas juntos y evitamos hablar reunidos en esta playa del río hinchado
sin vista, a no ser que reaparezcan los ojos como la estrella perpetua rosa multifoliada del crepuscular reino de la muerte la esperanza solamente de hombres vacíos.
T. S. Eliot