Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

Mi foto
Instagram: icaro_1969

viernes, 5 de octubre de 2012

La mística de Remedios Varo


Ábrete, ábrete pequeña hoja verde;
ábrete, ábrete gran puerta de piedra.

Leonora Carrington




Gato-Hombre


“Soy mujer, pero tengo talento”, clama Lisístrata desde la Acrópolis.



A través de los siglos, su voz es la de todas las mujeres. Mujeres que vivimos en un mundo donde la palabra y la agresividad viriles aún tienen la fuerza para hacer de la guerra, por ser “cosa de hombres”, un arte, pero, afortunadamente, ese poder es insuficiente para hacer del arte una guerra, pues el talento, el genio, también es “cosa de mujeres”.
De ahí que sean las mujeres quienes en las guerras han padecido y padecen las más terribles congojas, y en el arte sólo su avasallante talento, su genio, ha sido y es el que, trascendiendo el tiempo, avala el genuino valor artístico y universal de sus obras.
Este es el caso de Remedios Varo, una mujer signada por las guerras y el genio artístico. Creadora de una original, fascinante, enigmática y poco conocida obra, gracias a la cual, 37 años después de su muerte, el Museo Nacional de Mujeres Artistas en Washington, D. C. (único museo en el mundo dedicado a las obras de arte creadas por mujeres) ha exhibido una extraordinaria retrospectiva de su pintura, valorando así el nombre y el arte de “una de las pintoras más importantes del siglo pasado”. Mas ¿quién es Remedios Varo?






Exploración de las fuentes del río Orinoco




Ecos de una vida


Los connaisseurs la presentan como una de las principales exponentes del “surrealismo mexicano tardío”, pues fue en México —país de rasgos socio culturales señaladamente machistas— donde coincidencial y paradójicamente floreció la obra de tres mujeres vinculadas al movimiento surrealista: Leonora Carrington, Frida Kahlo y Remedios Varo.
María de los Remedios Varo Uranga, hija de la extravagante unión de un librepensador ingeniero hidráulico y de una devotísima católica, nació en Anglés, España, en 1908.
Debido a la profesión del padre, la familia viajaba frecuentemente a través de las geografías española y norteafricana. Para mantener entretenida a la niña, que ya daba muestras de su talento para el dibujo y la pintura, el padre la sentaba a su lado mientras trazaba los planos y diseñaba los aparatos mecánicos de sus proyectos hidráulicos, pero, a todas éstas, la madre consideraba que su hija no estaba recibiendo la formación apropiada para una niña de buena familia y decidió internarla en un colegio de monjas.






tránsito en espiral





Cuando la familia se estableció definitivamente en Madrid en 1924, el padre, conocedor de su aptitud para la pintura, la estimula para que ingrese — a pesar del escándalo y disgusto de la madre y sus amigas— a la Academia de San Fernando, donde se convirtió en una de las primeras mujeres estudiantes de arte.
En San Fernado fue condiscípula de Dalí y de Gregorio Lizarraga, con quien se casó luego de graduarse. Juntos se marcharon primero a París y después a Barcelona —en ese momento la capital del modernismo español—, y allí se vincularon con Oscar Domínguez, Esteban Francés, Marcel Jean y otros artistas de vanguardia.
Al estallar la guerra civil española, Remedios se separó de Lizarraga y retornó a París.
Paris era luz y arte, y el arte era surrealista. Conoció a Benjamín Peret y se unieron sentimentalmente en 1937. Peret la introdujo en el círculo de los surrealistas e, inmediatamente, se creó la empatía y afinidad entre Breton, Eluard, Crevel, Desnos, Miró, Arp, Naville y ella.
¡Nuevamente la guerra! París cayó bajo las los cascos, las botas, los tanques y la cruz gamada Nazis; Peret y Varo lo hicieron tras las rejas del gobierno de Vichy, el cual los mantuvo en un campo de concentración hasta finales de 1941 cuando con la ayuda del Comité para Rescates de Emergencia, pudieron escapar a México, donde serían acogidos por la inmensa comunidad de artistas exiliados en ese país.
Corría el año 1947 cuando Peret decidió regresar a París. Varo lo acompañó, pero ya no fue la misma en Europa. Era una mexicana en París y sentía que su antiguo grupo del círculo surrealista ya no era más su gente. Extrañaba al país y al pueblo que la habían acogido y que ella había hecho suyos. Retornó a México, y esta vez fue para siempre.
En 1952 contrajo matrimonio con Walter Gruen —un refugiado político austriaco—, quien, como su padre, al darse cuenta de su singular talento la estimuló y ayudó para que se dedicara exclusivamente a pintar, ya que desde su llegada a Ciudad de México se ganaba la vida como diseñadora y decoradora. De este modo nació el período más fructífero en la producción artística de Varo, el cual se vio truncado de manera intempestiva en 1963 cuando, víctima de un ataque cardiaco, falleció a la edad de 55 años.




La Llamada




Remedios Varo, según Luis Martín Lozano (el crítico que por conocer mayormente su obra, ha sido el curador de la exposición en el MNMA), “tiene un pie en la tradición, y el otro, en la experimentación, pues sus cuadros son como enigmáticas preguntas que no tienen una respuesta específica”. Realmente, ante sus obras el espectador se tropieza con elementos que le resultan sumamente familiares y comienza a preguntarse: ¿dónde he visto este cuadro antes?
La memoria comienza a andar y desandar sin hallar la respuesta concreta, ya que ésta se encuentra en las experiencias infantiles, en los sueños y en las imágenes que pueblan el arte universal. Por lo tanto, lo ya visto está en las iluminaciones y las miniaturas medievales; en los cuadros de Giotto y Lorenzetti; en la pintura del Primer Renacimiento italiano, especialmente Fra Angélico; en Hyeronimus Bosch, Pieter y Jan Breughel y Lucas de Leiden, y desde luego, en el arte surrealista.
En su obra se amalgaman los sueños, los recuerdos de la infancia, las vivencias femeninas y los temores y horrores de la guerra; la búsqueda del conocimiento y la verdad a través de la ciencia, la religión y la filosofía. Su espíritu explora y se adentra en las teorías que van desde la de la gravitación universal hasta la de la relatividad; en el misticismo, el tantrismo y el budismo zen; en el psicoanálisis y, especialmente, los trabajos de Jung; en el Apocalipsis de San Juan y el Corpus Hermeticum que comprende algunos tratados de filosofía neoplatónica y gnóstica, así como también sobre el orfismo, la alquimia, la magia, la metapsíquica, la qabbalah, etc., y el tarot. Por eso, cuando en México conoció a la pintora y escritora Leonora Carrington, de inmediato se hicieron grandes amigas, pues la sensibilidad artística compartida llegaba a tal punto que Varo se refería a Carrington como “mi alma gemela en el arte”.



Hacia la torre




El misticismo de un lenguaje visual

En la obra de Varo la imaginación, como decía Breton, no perdona.
Salvo en obras como “Hacia la torre” (1960), donde la naturaleza es sombría y predominan los colores oscuros tanto en las edificaciones como en los personajes, el lenguaje visual de Remedios Varo ilumina con su color y su magia la posibilidad de acceder a una realidad más allá de la cotidiana; de transportarse a fantásticos mundos en los cuales los hombres se transmutan en gatos, porque de ellos será el paraíso; las mujeres viajan en extrañas barcas o alimentan con puré de estrellas a la luna o reciben llamadas para ascender a otros planos de la existencia; los juglares hacen malabarismos con la piedra filosofal; las naturalezas muertas resucitan y en las nubes la Jerusalén celestial gira sin detener jamás su movimiento.
Para Varo todo es posible. Al hacer uso de la decalcomanía, el fumage y el frotagge —técnicas muy usadas por los pintores surrealistas—, metaforiza el mundo interior y los cambios existenciales, de ahí que en “Gato-hombre” (1943) logre transmutar un ser en otro. Nada la detiene en su búsqueda de nuevas dimensiones metafísicas y espaciales, y para hallar el perfecto equilibrio en “Tránsito en espiral” (1962), los personajes se mueven incansablemente a través de interminables circunvoluciones alrededor de su Jerusalén celestial. Igual sucede en “Naturaleza muerta resucitando” (1963), en la que, al trastocar los conceptos de tiempo, energía y cosmos, se aleja de la racionalidad de las ciencias, penetra en el reino de la metapsíquica y logra insólitos efectos visuales. También en “Paraíso de gatos” (1955), uno de sus más fascinantes cuadros, se vale de su exquisito humor y lo pone al servicio de la imaginación y el color para burlarse de los humanos que andamos tras el paraíso perdido, pues para alcanzarlo tendremos que trasmutarnos en gatos, ya que su edén está sólo reservado para las Cleopatras y los Renés Mermelados que maullarán y jugarán felices por toda la eternidad.
En consecuencia, ante la obra de Remedios Varo hay que admitir que las tonalidades, el movimiento, la alegría, la luz y los enigmas han hecho de su imaginario una expresión de lo maravilloso, por eso en sus autorretratos “La llamada” (1961) y “Exploración de las fuentes del Río Orinoco”(1959), su radiante figura avanza portando el divino elixir o navega en beatífica gracia, pues sabe que definitivamente ha abierto la “puerta de piedra” y revelado los arcanos de la existencia donde, como decía Breton, “solamente lo maravilloso es bello”.



Donde el mal no bebe

"Autorretrato en el albergue del caballo", Leonora Carrington



Cuando los niños secuestrados por el viento
adheridos a su cintura sembrada de melodías
estallan en vagidos amarillos
mi corazón quiere asesinar.

He viajado muchas vidas montada en el viento.  
Por eso canto sobre el ayer y el hoy
y mi voz tiene el hastío dulcísimo
de lo que aún no nació.

Recuerdo los sermones del viento
y sus lentos secretos robados a la bruja
-ella, la que ahora alimenta el fuego maldito
con mis cabellos-.
Recuerdo cuando el tren con alas se detuvo
y yo debí descender
y llorar en medio de multitudes.

Nostalgia del viento,
del candor, de la melodía.
Anhelo de volver
y de volver a ser.

No consuelos,
no cantos a los fantasmas,
no algodones rosados en las venas,
sino la lenta ternura lunar
y también el último beso
del viento.

Alejandra Pizarnik





La soga (1948)


miércoles, 3 de octubre de 2012

Sofonisba Anguissola


Sofonisba Anguissola - Autorretrato 1586 (Mussé Condé - Chantilly)

Sofonisba Anguissola (Cremona, 1532 - Palermo, 1625) es otro claro ejemplo de cómo los historiadores, en este caso los estudiosos del arte, han omitido el talento femenino hasta hace bien poco. La ignominiosa omisión tiene más delito en cuanto que Anguissola gozó de fama y prestigio en vida, considerada una de las más destacadas pintoras del último periodo del Renacimiento, circunstancia de por si ya excepcional en aquella época, tratándose de una mujer. Fue admirada por Miguel Ángel o Van Dyck, sin ir más lejos. Vassari la incluyó en su obra:”Vidas de los más sobresalientes arquitectos, escultores y pintores”. De hecho, gracias a su talento fue una de las retratistas más importantes de la corte española de Felipe II, entonces, la más poderosa del mundo, y sus cuadros figuraron en las colecciones más importantes de Europa. Después de una longeva y fructífera vida, tras su muerte, su nombre fue borrándose y muchas de sus obras fueron adjudicadas a los grandes pintores de la época: Zurbarán, Moro, Tiziano, Sánchez Coello, Juan Pantoja de la Cruz, Bronzino, Moroni, El Greco, según algunos especialistas, incluso a Van Dyck y posiblemente a Leonardo. En su condición de mujer y aristócrata, no firmó los lienzos que pintó en la corte, pues se le presuponía que no debía ejercer oficio remunerado alguno. No será hasta finales del siglo XX cuando se empieza a investigar seriamente su huella y, poco a poco, a restituir la atribución de su obra. Y todavía se está en ello. Uno de sus cuadros, La niña y el enano, considerado la quintaesencia de la pintura española, durante todo este tiempo fue atribuido a Sánchez Coello. Un ejemplo más es un famoso retrato de Felipe II, hoy en el Museo del Prado, que se consideró de Juan Pantoja de la Cruz y Sánchez Cuello sucesivamente, hasta que, en 1990, se restituyó su verdadera autoría. Otro cuadro conocidísimo y muy admirado en la historia del arte, La dama del armiño, atribuido a El Greco, es todavía cuestión de polémica. Eso, a pesar de que el rostro, la ejecución de las pinceladas y otros aspectos técnicos coinciden con otros retratos de nuestra artista (la cara de la dama es idéntica a los retratos que Sofonisba hizo de la infanta Catalina Micaela) y, en cambio, no guardan ninguna relación con la obra de El Greco de la misma época.





Retrato de Felipe II. Museo del Prado



Juego de ajedrez. Museo Nawrodze, Poznan.






Retazos XVI




Fotografía Linh Dinh


Nuevas disposiciones de la noche,
sórdidos ejercicios al dictado, lecciones del deseo
que yo aprendí, pirata,
oh joven pirata de los ojos azules. 

En calles resonantes la oscuridad tenía
todavía la misma espesura total
que recuerdo en mi infancia.
Y dramáticas sombras, revestidas
con el prestigio de la prostitución,
a mi lado venían de un infierno
grasiento y sofocante como un cuarto de máquinas.

¡Largas últimas horas,
en mundos amueblados
con deslustrada loza sanitaria
y coronas manchadas de permanganato!
Como un operario que pule una pieza,
como un afilador,
fornicar poco a poco mordiéndose los labios.

Y sentirse morir por cada pelo
de gusto, y hacer daño.

La luz amarillenta, la escalera
estremecida toda de susurros, mis pasos,
eran aún una prolongación
que me exaltaba,
lo mismo que el olor en las manos
-o que al salir el frío de la madrugada, in
tenso como el recuerdo de una sensación.

Nostalgia del barro. Jaime Gil de Biedma







Durante años un hombre puebla un espacio de imágenes, de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de barcos, de islas, de peces, de estancias, de utensilios, de estrellas, de caballos y de gentes. Poco antes de su muerte, descubre que el paciente laberinto de líneas traza la imagen de su propio rostro.

Jorge Luis Borges


La mujer imposible,
La mujer de dos metros de estatura,
La señora de mármol de Carrara
Que no fuma ni bebe,
La mujer que no quiere desnudarse
Por temor a quedar embarazada,
La vestal intocable
Que no quiere ser madre de familia,
La mujer que respira por la boca,
La mujer que camina
Virgen hacia la cámara nupcial
Pero que reacciona como hombre,
La que se desnudó por simpatía
Porque le encanta la música clásica
La pelirroja que se fue de bruces,
La que sólo se entrega por amor
La doncella que mira con un ojo,
La que sólo se deja poseer
En el diván, al borde del abismo,
La que odia los órganos sexuales,
La que se une sólo con su perro,
La mujer que se hace la dormida
(El marido la alumbra con un fósforo)
La mujer que se entrega porque sí
Porque la soledad, porque el olvido...
La que llegó doncella a la vejez,
La profesora miope,
La secretaria de gafas oscuras,
La señorita pálida de lentes
(Ella no quiere nada con el falo)
Todas estas walkirias
Todas estas matronas respetables
Con sus labios mayores y menores
Terminarán sacándome de quicio.



Mujeres. Nicanor Parra









Fotografía Ryan W






Hacer voto de pobreza es comprometerse por juramento a ser perezoso y ladrón; hacer voto de castidad es prometer a Dios la infracción constante de la más sabia y más importante de sus leyes; hacer voto de obediencia es renunciar a la inalienable prerrogativa del hombre, la libertad. Si se observan estos votos, se es un criminal, si no se observan, se es perjuro. La vida del claustro es la de un fanático o la de un hipócrita.

La religiosa. Denis Diderot
.







El viento del tiempo, tiempo de viento azuluz




Creación Janusz Maria Brzeski




"Te miras en el espejo retrovisor,
te oyes respirar,
escuchas tu voz,
una voz que habla,
hace calor, 
estás vivo.
 
Y estar vivo en las
postrimerías de este siglo,
un hombre de clase media
en una capital de Occidente,
es estar a la deriva.
 
Te demoras,
todos siempre se demoran,
propulsados por el remordimiento.
 
Dicen:
'Cómo pasó el tiempo'.

Quieren decir: 
'No sé qué le pasó al tiempo".



 Elliot Weinberger





A un amor animal


















duermen. suyo es el sueño de las presas
y suyo es el reposo merecido
de las aves rapaces, de las rocas.

descansan de sí mismos, descansándose
con la misma fatiga que los polos
le ofrecen a las aguas y a la sal;
es una pasión fría y sin remedio;
un elogio sin centro de una sílaba;
un olvido perenne; un jeroglífico.

¿dónde estarán ahora? no se sabe
ni puede especularse pero sí,
podemos afirmar que son felices
como sólo las bestias pueden serlo.







c a b o t e a  n d o

he soñado otra vida diferente.
mi único propósito: viajarte.
de tu boca a tu pecho,
de tu pecho a tu vientre
y de tu vientre al mundo

a recorrer sus calles con sombría
tez y pequeñas nubes sobre el hombro. 
a pudrirme en un centro comercial
y desde allí, sin duda, al bar de siempre.

un buque monocasco
roído, desgastado e inseguro.

por cien puertos infectos me arrastro cada día.
me queda sin embargo lo soñado
y lejos una cala resguardada;
un puerto natural de aguas turquesas
me espera, sé que me espera. 
y después de ese puerto los dos cabos,
y mucho más allá,
al sur, 
la cueva. 




Ben Clark

Desaparecido (1982)