Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

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jueves, 18 de abril de 2013

Fetish. Pierre Moliniere

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Ficha técnica:
Título: Autoportrait fetiche a l'éperon d'amour sur le fauteuil (Autorretrato fetiche con el espolón de amor sobre el sillón)
Fecha creación: 1965

Técnica: impresión tradicional sobre gelatina de plata
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Ficha técnica:
Título: Lenah
Fecha creación: 1968
Técnica: impresión tradicional sobre gelatina de plata (fotomontaje)
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Pierre Molinier (1900 - 1976), pintor y fotógrafo francés, nacido en Burdeos, donde transcurrirá la mayor parte de su vida. En su primera etapa, más consagrada a la pintura y al dibujo, expone regularmente en los salones como miembro de la Sociedad de Artistas Independientes de su ciudad natal. Sus paisajes y naturalezas muertas, en esta época, se aproximan a los planteamientos impresionistas, mientras que sus retratos y autorretratos poseen matices mucho más expresionistas. A comienzo de los años 50, a raíz de la presentación de su obra "Le Grand Combat", juzgada como indecente, en la que ya aparecen claramente reflejadas las obsesiones eróticas y fetichistas, que caracterizarían toda su trayectoria posterior, se produce una ruptura con su comunidad artística.

A mediados de los 50, Molinier contacta con André Breton, quién le apoyaría para integrarlo en su grupo y exponer en París, llegando a componer la portada del nº 2 de la revista "Le Surréalisme même" y participando en ediciones posteriores. Formaría parte del movimiento surrealista, aunque sus planteamientos y opiniones diferían, a menudo, del Surrealismo. En 1965 el detonante del conflicto con sus compañeros de grupo sería la presentación de un lienzo que consideraron demasiado irreverente, titulado: "Oh!... Marie, Mère de Dieu" (¡Oh!... María, Madre de Dios). Ello, unido a su difícil carácter, a menudo blasfemo y obsceno, acabaría desembocando en un alejamiento de Breton y los surrealistas.

Finalmente, Molinier se recluyó en su pequeño apartamento de Burdeos, prácticamente marginado y aislado del resto del mundo, frecuentado en ocasiones por su pequeño grupo de amigos y amantes (hombres y mujeres), donde se consagrará totalmente a su obra plástica y en especial a la fotografía, camino que ya había emprendido desde los años 60. Su obra fotográfica, basada principalmente en autorretratos y en composiciones de fotomontajes, donde Moliner se erige en el propio objeto y sujeto de la obra, es una de las expresiones eróticas más fascinantes que ha dado el arte del siglo XX. Pierre Moliner, precursor del Body Art, se reinventa una y mil veces a través de un transformismo narcisista, en el que usará sus fetiches femeninos favoritos como medias, zapatos de tacón de aguja, corsés, guantes, etc. y objetos fálicos, tales como variados consoladores elaborados por él, para convertirse en un ser imaginario, andrógino, casi mitológico, que reúne en sí mismo la esencia de ambos géneros. Recrea un erotismo onanísitico, de gozo autosuficiente y egocéntrico y de tono sadomasoquista, transgrediendo a su vez los valores ortodoxos de la virilidad. Para sus características composiciones "calidoscópicas", se sirve del fotomontaje y de la integración de múltiples fragmentos corporales, a modo de piernas, torsos y brazos de maniquís creados por él, al estilo de las muñecas de Hans Bellmer.




Pierre Molinier se suicidaría en 1976 en su apartamento, mandando una nota a sus amigos que decia: "Je me tue. La clé est chez le concierge." (Me mato. La llave la tiene el conserge.). Era una muerte anunciada. Ya en los años 50 expresó reiteradamente su deseo de morir. Se construyó una cruz, de las de cementerio, con el siguiente epitafio: "Aquí yace Pierre Molinier, nacido el 13 de Abril de 1900, muerto hacia 1950. Fue un hombre sin moralidad. Inútil llorar por él." Su suicidio fue un acto sereno y meditado, enmarcado en un escenario elaborado, como si se tratase de la culminación de su obra, en la que inevitablemente todo el proceso de manipulación del cuerpo debiera acabar en su desintegración.

En esta ocasión, he escogido dos fotografías del autor, que estimo muy representativas, pues encarnan el imaginario que repetirá de forma obsesiva. Por un lado, su autorretrato en actitud de gozo narcisista, travestido en ese ser andrógino que exhibe los atributos femeninos y masculinos al mismo tiempo, como deseo de perfección. Por otro, un fotomontaje a modo de reiteración fetichista de un cuerpo fragmentado en el que queda plasmado su obsesión por las piernas y sus complementos fetiches. 




Pierre Molinier- Méditation vampirique,Cliché 41,Photomontage from Le Chaman et ses créatures, 1965-1968

Pierre Molinier-La Victoire Cliché 44, Photomontage from le chaman et ses créatures ,1966-68

Pierre Molinier- Emmanuelle, planche 49 du Chaman et ses créatures, 1965-1968

Pierre Molinier- Hanel 1, Cliché 51, from Le Chaman et ses créatures 1965

Pierre Molinier- Collage Cravache, Cliché 53 from Chaman et ses créatures, 1965-1968

Pierre Molinier – L’oeuvre, son peintre et son fétiche,Cliché 66, from Chaman et ses créatures, 1965-1968
Pierre Molinier- Le bonheur fou, Cliché 69 , fro















Lisbon story (1995)


Halal food

Fotografía: Virginia Frangiacomo

Sacudir el cuerpo como lo haría un animal,
pero quitándose de encima mucho más que el animal:
el polvo que deja el pensamiento,
las rigideces que enrolan a la muerte,
las manchas del amor y de las lluvias sucias
que caen de las cornisas
y también de un cielo turbio, envenenado.

Y quitarse de encima los andrajos del tiempo,
las contraseñas de los cuartos grises,
los moretones de la dicha,
los restos pegajosos del banquete,
las macabras serpentinas del dolor.

Y en un día de calculados estremecimientos
quitarse uno de encima hasta su sombra,
hasta eso que llamamos uno mismo,
hasta esos roces que llamamos los otros.

Y otro día sacudirse de encima 
la eternidad desfigurada de la vida, 
como si fuera otra capa de polvo. 



Roberto Juarroz






 






martes, 2 de abril de 2013

La puerta es el respeto

Fotografía: Andy Prokh





La puerta es el respeto.

No hay nada más frágil que una bisagra.

Ni algo tan liviano como el barniz de la piel.

No hay nadie en el umbral.

Y todos en el dintel.

Chirrían los dientes de las jambas.

Y el alféizar, tontorrón, se desmorona.

La puerta es el respeto.

De fuera a adentro.

Y desde dentro, hacia afuera.

El faldón se acicala terso, latiente.

Y el tímpano se cruza.

El corazón se escupe.

El beso de Judas.

El grito de Munch.

La risa de los Marx.

El jadeo del jaleo.

El gemido más temido.

Y la parafernalia se ralentiza.

El teatro de los sueños pierde peso.

Y la fé se engorda de bambalinas circenses.

La puerta es el respeto, dice esa mujer

y nace el hombre que se ahoga con el rabo de la manzana.

La puerta es el respeto, dice ese hombre

y muere la mujer de la divina comedia.

Dante masculla.

Y Alejandro se zampa Troya.

Mascagni tropieza.

Once suman dos.

El uno se funde.

La puerta es el respeto.

Cierto.

Tan cierto, como que aquella caverna de monstruos desvirga

a María del santo pecado.

Cierto.

Tan cierto, como áquel monstruo de celofán

deambulando sobre la cáscara de nueces... dejándose llevar, traer.

La puerta es el respeto.

De acuerdo.

Cierto.

Como que la lealtad, la honestidad y la fidelidad no deberían maquillarse.

Alardear las pestañas, ni la pitera encandilar.

La puerta es el respeto.

Como la pendiente de los lóbulos, y los pendientes

del hojal desmemoriado.

Y aquella serenata, como una turbia nana se amilana, se descuerda, trampea y

se jacta himno, cantinela o tarareo.

La puerta es el respeto.

Pero nunca debería ser una frontera.

Jamás la saña de aquellas palabras que hacen 

gárgaras con todas tus lágrimas.....














Si tuviese yo las telas bordadas del cielo....

Fotografía: Umair Ghani





Si tuviese yo las telas bordadas del cielo, recamadas con luz dorada y plateada, las telas azules y las tenues y las oscuras de la noche y la luz y la media luz, extendería las telas bajo tus pies: pero, siendo pobre, sólo tengo mis sueños. He extendido mis sueños bajo tus pies; pisa suavemente, pues pisas mis sueños.

W. B. Yeats











La que nos espera

Fotografía: Chuck Turner






Tardará, tardará.

Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.

Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos
del asfalto
y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad.

Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.

Y entonces...
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomar el pulso a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.


Oliverio Girondo






Xylum & Wilde




















El huevo de la serpiente (1977)