Amé en aquella mirada lo que había de sospecha. Y el miedo de las cosas tenía en aquel espejo la ilusión de disentir del futuro. Contacto: jrubaz@hotmail.com
Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.
Estrofa del verso, Proteo O veraz es el cambio, el meduseo Proteo, lo amado y desamado sin maniatadas lógicas, la absurda zambullida en lo remoto y ciego, la senda del desastre que te ha tentado siempre a avanzar por lo oscuro de un nunca visto bosque de árboles inhumanos. La vida te ha ofrecido imprevistas derivas, el riesgo de excavar topo, túneles nuevos. Pero la luz acecha aun para lo enterrado. Insiste en dar con ella. Ida Vitale. Mella y Criba (2010)
Sobre las tres de la madrugada, aeropuerto de Orly (Paris), Sonora cena algo sola... ...en el Miyou. Una vichyssoise templada. Un poco de lenguado a la plancha con verduritas. Deja las verduras. Un brioche de manzana. Un par de zumos de naranja. Y una cuajada. Sin miel, ni azúcar. Son algo más de las tres de la mañana. No come nada desde antesdeayer. El sábado apenas, el reloj de arena ha devorado su gula. Y la forja carnal, el péndulo de su metabolismo. Sólo agua. Mucha agua. Muchísima y algo de café, aguado claro. Ahora tras la bacanalfestínVersaillesL'Omelette... hambre, quemazón, agotamiento, cansacio, pesadez y un sueño guerrero, cabezón. !!! A las penas, puñalás ¡¡¡ Agujetas y su pelo negro largo, arremolinado en dos coletas. Alborotando su flequillo con sus manos preciosas, resoplaba... Los hasta luegos tras la tormenta perfecta son un quizás, o un quién sabe.... pero siempre desasosiegan. Entristecen. Orly hierve, bulle. El enlace con Munich, perdido. Y su neceser, aferrado a su vera. Siempre en contacto, visible. No debe facturar y eso la alivia, para cinco días, un bolso zurrón y él. Poco más. No hace falta mucho, para todo... Orly siempre arde. Siempre es un hormiguero. Nunca te deja indiferente aunque te acostumbres a encontrar en las esquinas errantes miradas que te suenan, o en los bancos crupieres asaltacolumpios, encantadoras de palabras o ancianos jóvenes de cualquier rincón de otro mundo, niños ajenos a la ruleta de la vida prendados en su felicidad y corbatas acartonadas tan estiradas que dan repelús, maletines vacíos y maletas muleta.. caras alegres y rictus cabreados, sonrisas cómplices y lágrimas truculentas... de quién sabe dónde, de dónde sabe quién... siempre perfuma la esencia de la aventura, de amores prohibidos, de duelos en ristre, de uniones fictias, de viajes hacia las estrellas o estrelladas hormigas que viajan para olvidar, de reencuentros, de cuentos de hadas pinochas, de miserias y penas, de anhelos vividos y de sueños que nacen, de alegrías y algarabia, de circos que dan vida a un nuevo hormiguero, cunasonrisas... Orly rezuma trasiego, nómadas... es un desierto de nadies, en una ínsula sin molinos de vientos...antiguos, nuevos. Los que vendrán... y los que por llegar, arroparán... desbaratarán...
No puede dormir. Desvelada, Sonora, entra al Relay, no puede leer... después al Photo-Vidéo-Son, no puede ver, ni escuchar, no se centra.... más tarde... se quita los zapatos y descalza se masajea los dedos de los pies, las plantas, los tobillos, hasta los gemelos... reventada... debe esperar hasta mediodía al enlace que la llevará, de nuevo, a su vida. La otra. Se apalanca en un butacón de cuero negro, enorme. Y mullida se recuesta y coge una pequeña libreta sin rayas, ni cuadrículas, un lápiz. Le encantan los lápices, el carboncillo y empieza a garabatear y dibujar, difumina... rostros y hechizos... rostros anónimos... hechizos que siempre son hijos de los recuerdos y padres de los deseos... matizando, deslizando... crea arte, magia, vida sobre el blanco, blandea perfiles y clava el momento, después con una toallita empapada seduce sus yemas a que el trazo se licue para lavarse las manos y desaparece de ellas, por arte de magia, el ingenio,... el arte plasmado, ya, para siempre sembrando el lienzo. Cierra ese cofre de misterios y tesoros. Cruza el bolso zurrón con el neceser. Coloca los zapatos bajo el butacón. Pasa, mesa sus cabellos tras las orejas, y suspira....Presta atención al iPad, pone la alarma por si las moscas.... Habla un ratito con Largas Pestañas, y escucha una otra y vez "Warm in the Winter", una y otra, y otra, y otra vez. Concilia a la tardía duermevela. E intenta dormir....
Antes del último "Shout", antes de despertar al lunes piensa en Largas Pestañas, ya no está con ella. Se desnudaron (de nudos) cada uno en su lazo. En su propia vida.
Ha sido y estado, la cuarta entrega, y siempre cuando llega ese momento la incerteza se apodera de la querencia. Entristece, pero está alegre. Sabe que en cinco, seis semanas máximo volverán a cruzar las manos, las pestañas y los labios. A bailar sobre charcos.... A llover por Montparnasse y ver atardecer en el café Les deux Magots, pasear y paladear por Oberkampf, Norvins y la mágica Crémieux... Largas, en tiempo real, musita... y fotograma a fotograma contempla desde la cámara de ella lo que ahora mascullan estas letras aturdidas. Débiles pero enraizadas.
Sonora sube el volumen....y tararea por lo bajini....:
Love is in the air... love is in the air
We're warm in the winter
Sunny on the inside
Love is in the air
I'm crazy like a monkey
Ee ee / Oo oo!
....
No acaba la canción.... vencida, duerme como una preciosa niña acurrucada en el sueño de su vida. Un mechón rebelde y sus manos tendidas sobre su vientre, acaban también por sucumbir. Sus manos. Serenas, cogidas, respirando sueños y rozando su vientre. Es lo último que la cámara deja ver. Y colorín colorado éste duti frí.... .
If ever you should look in the mirror
And wonder who it is that you are
And wonder what it is that you came for
Well I know the answer
You're beautiful
You came from heaven
You came down to this place
To fill out the dark corners
With your everlasting light
And that's why I love you
And that's why I love you
We love you I love you We love you I love you We love you
C'mon shout Hey shout C'mon shout Hey shout Shout Shout Shout Shout
Yeah you
I love you
We love you I love you We love you
Era la noche como un suave infierno de diablos borrachos cantando a la luna de Tepoztlán. Bajo el sombrero de un árbol de estrellas brotaban corridos de amores quemados bajo el volcán.
Cuando llegaste, de pronto una luz de luna escarlata cayó en catarata desde una pirámide. Sobre tu pecho colgaba una cruz y como un consuelo arropaba tu duelo el calor de una clámide.
Y nos dijiste: "permítanme, voy a quedarme cinco minutos, cinco minutos, los que me quedan, y olvido el luto, cinco minutos, cinco y no más".
Y esos minutos tomaron tequila, cantando, riendo, llorando a la luna de Tepoztlan. Y los relojes huyeron del tiempo cuando alguien te dijo: "Señora, las diosas nunca se van". Y despertaron al amanecer perdidos arrojos en tus negros ojos heridos por el dolor.
Cuando dijiste: "amar no es perder", Sam Peckinpah, arriba, brindó con un "viva, Señora, ¡por el amor!"
Y nos dijiste: permítanme... Knock, knock, knock, knocking' on Heaven's door... Cinco minutos. Luis Eduardo Aute ...Bajo el sombrero de un árbol de estrellas brotaban corridos de amores quemados bajo el volcán.....
El 2.014.... nos dejó deslumbrantes interpretaciones, personalmente mis favoritos, (el orden es indiferente todos son grandiosos... y tan sólo según el estado de ánimo y el entorno se va entremezclando y acentuando el efecto mariposa), son Brendan Gleeson y Michael Keaton, aunque si he de quedarme con uno me fascinó el ceño y el rictus de Brendan Gleeson, imparable. Casi podía tocarlo. Lo sentía a la vera. Su voz, su mirada. Tanto él como la cinta me dejaron ido, y me hicieron encontrar un testigo para el relevo....una marea con orilla.
Y un guiño a Alejandro González-Iñárritu. Maravilloso, eterno con su Birdman:
"Nadie pregunta si es real o irreal, si tú eres verdadera o falsa. La pregunta sólo importa en el teatro. Y casi ni siquiera allí...".
Plano, secuencia... plano, secuencia.... ¿La vida.....? Secuencia, plano, experiencia, vitalidad... realismo. Tan real, que el teatro se convierte en plano, secuencia de cada uno de nuestros pasos....y la vida en cualquier teatro jamás soñado, siquiera pisado... Los espejos no reflejan las cámaras... un detalle, importante en Birdman y en la vida....
Mis majestuos@s del '14:
Brendan Gleeson (Calvary) Michael Keaton y Emma Stone (Birdman) Agata Kulesza (Ida) Milles Teller y J.K. Simmons (Whiplash) Juliane Khöler (Dos vidas) Toni Servillo (La grande bellezza) Ellar Coltrane y Patricia Arquette (Boyhood) Anne Dorval (Mommy) Carmina Barrios (Carmina y Amén)
Hace unas semanas la película chilena El Club (2015), de Pablo Larraín, ganaba el Gran Premio del Jurado en la Berlinale,
tras despertar clamorosas ovaciones por su acercamiento cínico,
atrevido y grotesco a una pequeña y marginada comunidad religiosa. En
cierto modo, podemos encontrar una precursora de la inusual manera que
tiene Larraín de enfrentarse a temas como la pederastia o la
homosexualidad, en Calvary, de John Michael McDonagh.
Ambos trabajos contraponen la Iglesia como institución a la ambigüedad
moral de las personas individuales que forman parte de ella, a través de
un tono entre irónico y trascendente. Sin embargo, la postura de
Larraín hacia sus protagonistas no deja de ser en cierto sentido
acusatoria, mientras que McDonagh toma un camino distinto: posicionarse a
favor de un cura (supuestamente) íntegro que vive en un ambiente de
hipocresía e ignorancia.
Calvary
forma un díptico (con visos, según parece, de convertirse en una
trilogía) de crítica a la sociedad rural irlandesa con la anterior
película de McDonagh, El irlandés (2011). Si su ópera prima era un thriller policíaco más claramente cómico y enérgico, Calvary,
compartiendo muchos elementos con ella, es de naturaleza más
contemplativa, y posee un trasfondo más espiritual. En su primera
escena, durante una confesión, vemos la reacción en primer plano del
protagonista, el padre James, que escucha cómo uno de sus feligreses le
cuenta de forma muy cruda la manera en la que otro sacerdote abusó de él
cuando era un niño, para posteriormente amenazarle con matarle siete
días después.Afirma
el padre James que lo peor que se puede decir de alguien es que le
falta integridad. De este modo, él mismo se aplica dicha sentencia,
resignándose a su fatal destino, pero intentando dejar antes
solucionados algunos temas pendientes. Un personaje complejo y muy bien
definido, que además cuenta con la entregada interpretación de un
inmenso Brendan Gleeson, nominado al Premio del Cine Europeo. Frente a
él, los demás personajes son tan bastos como era el del propio Gleeson
en El irlandés, pero mucho más planos, y los actores tampoco contribuyen a sacarlos de los meros estereotipos.
La película está cargada de simbología, que acompaña durante todo el viaje al protagonista hacia su particular Monte del Calvario
(que sería la playa del pequeño pueblo irlandés en el que transcurre la
acción). Las referencias a este “Via Crucis” se consiguen a través de
la constante presencia del poder de la muerte frente a los bienes
terrenales. En este sentido, es muy significativa la irreverente actitud
que uno de los personajes tiene hacia el cuadro Los embajadores,
de Hans Holbein, conocido por su introducción de un crucifijo
semi-oculto y una calavera anamórfica (recordemos que “calvario” y
“calavera” tienen la misma raíz latina). Además, la banda sonora de
Patrick Cassidy (que incluso recuerda de nuevo a la música de Arvo Pärt
utilizada en El club), en contraste con temas folk
americanos, contribuye a que a darle a la película el carácter solemne
de western crepuscular que tiene.
Le susurró ella a él, mientras ni la mano, ni una sola letra bailaba coja sobre la pérgola de áquel bosque de nadies:
-Puedes sonreír y seguir vivo. Puedes decir sin abrir el cielo a los sombreros que cubren tus ies, al techo de aquella austera y humilde cantinela sorda. Puedes, deberías cruzar esa seriedad que te envejece, mientras tus rasgos y tú hechizo esculpen ese tallaje de sal como si fueras un sastre en el museo de cera. Siempre llegas más tarde de lo que crees.
Y él, sumiso, encontrado, maduro, presto. Sin aspavientos e imperceptible, de nuevo, como siempre, no soltó prenda, ni torció palabra. Ni se mordió la lengua, ni apretó su palma contra el muro de su paladar arcángel.
La dejó caer.
Y ella, de nuevo, como siempre, encontró a él donde el recuerdo es un mudo espejo en la senda perdida que nunca encontrará la boca de quien vive caminando sobre nubes de tierra prometida.