Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

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jueves, 24 de mayo de 2012

Henry Miller, sin tapujos.



"Después de haber echado una carta, subía al piso de arriba y me tumbaba junto a mi mujer y, con los ojos bien abiertos fijaba la vista en la oscuridad, como intentando leer mi futuro. Me decía una y otra vez que, si un hombre, un hombre sincero y desesperado como yo, ama a una mujer con todo su corazón, si es capaz de cortarse las orejas y enviárselas por correo, si es capaz de sacarse la sangre del corazón y volcarla en el papel, saturar a esa mujer con su necesidad y anhelo, asediarla eternamente, no puede ser que ella lo rechace. El hombre más feo, más débil, el hombre más indigno ha de triunfar por fuerza, si está dispuesto a dar hasta la última gota de su sangre. Ninguna mujer puede rechazar el don del amor absoluto"

Sexus. Henry Miller


Fotografía: Piotr Kowalic






"Creo que fue él quien citó una vez un párrafo del libro de Eckerman Conversaciones con Goethe. Goethe dijo un día ‘Dudo que exista un crimen, por infame que sea, que yo no me haya sentido capaz de cometer personalmente’. Y eso es del ‘primer europeo’"

El libro de mis amigos. Henry Miller.


"Me imagino perfectamente que el cine no hubiera nacido nunca. Me imagino una raza de hombres para quienes el cine habría sido absoutamente innecesario. Pero no puedo imaginar a los autómatas de esta era sin un cine, sin cierta forma de cinematógrafo."


"Debajo de la cintura todos los hombres son hermanos. Salvo en las regiones superiores, donde se es poeta o chiflado (o criminal), el hombre jamás conoció la soledad."


"El papel representado por el artista en la sociedad consiste en revivir los instintos primitivos y anárquicos que han sido sacrificados en homenaje a la ilusión de la vida cómoda."


"Ustedes viven el mañana y el ayer; yo vivo úncamente el momento actual. Por lo tanto, vivo eternamente. Soy intemporal. Y puesto que esto último es evidentemente falso, ustedes tienen razón y yo continúo errado. Aquella razón arranca de éste mi error. Tener razón equivale a estar atrasado o adelantado en el tiempo."


"Pero las multitudes nunca realizaron nada, salvo destruir. El hombre que quiere organizar un movimiento está pidiendo ayuda para destruir algo que él no puede combatir solo. Cuando un hombre es auténticamente creador trabaja solo y no pide ayuda."

El ojo cosmológico. Henry Miller.


Fotografía: Oliver Weber



"¡Cristo, qué feliz era!, y por primera vez en mi vida me sentía feliz con plena conciencia de mi felicidad. Es bueno ser feliz simplemente; es un poco mejor saber que se es feliz; pero comprender la felicidad y saber por qué y cómo, en qué sentido, a causa de qué sucesión de hechos o circunstancias se ha logrado tal estado, y seguir siendo feliz, feliz de serlo y saberlo, eso está más allá de la felicidad, eso es la gloria, y si se tuviera un poco de sentido común debería uno suicidarse allí mismo y acabar de una vez."

El coloso de Marusi. Henry Miller.

"Tengo muy pocos amigos o conocidos de mi edad o de edad cercana. Aunque suelo sentirme incómodo en compañía de ancianos, me despiertan gran respeto y admiración dos hombres muy viejos que parecen eternamente jóvenes y creativos. Me refiero a Pablo Casals y a Pablo Picasso, ambos hoy de más de noventa años. Esos nonagenarios juveniles ponen en vergüenza a los jóvenes, a hombres y mujeres de mediana edad y clase media, decrépitos en verdad, cadáveres vivientes, por así decirlo, esclavos de sus cómodas rutinas que imaginan que el status quo ha de durar siempre, o que tienen tanto miedo de que sea otro el desenlace que se retiran a sus refugios mentales para esperar el fin."

Al cumplir ochenta. Henry Miller.


"Al escribir mis libros pensaba que me dirigía a espíritus como el mío, nunca me di cuenta de que me aceptarían – y por las peores razones – las masas no pensantes que leen con el mismo entusiasmo tiras cómicas, las noticias deportivas y los reportes financieros del Wall Street Journal."


"Siempre estamos luchando desesperadamente ('nos urge' sería mejor expresión) por descubrir tras el artista al hombre. Como si el hombre llamado Charles Dickens, por ejemplo, fuera una entidad absolutamente independiente del escritor. Nuestro anhelo de atrapar al ser completo pesa menos que nuestra duda de que el artista y el hombre sean uno mismo."

Mi vida como un eco. Henry Miller.






miércoles, 23 de mayo de 2012

Coños









Fotografía: Ilona Shevchishina







El coronel de mi regimiento vive en el cuartel con su esposa, una mujer madura, con esa madurez anterior a la menopausia tan proclive a las aventuras extraconyugales y al flirteo con los cabos furrieles. La coronela, la llamamos, con una mezcla de veneración y sano pitorreo. A la coronela le gusta pasearse por el patio de armas y pegar gritos a los reclutas, para que se enteren de quien manda aquí. Con la connivencia de los sargentos, manda cuadrarse a las compañías y les pasa revista, eligiendo al soldado más apuesto. Su marido se finge al margen, pero los cuernos ya le golpean en los dinteles de las puertas, y tiene que agacharse para pasar. La coronela muestra siempre unos escotes pronunciadísimos, de una carne sazonada por el vicio, que a los reclutas les gusta mordisquear, porque sabe mejor y es más nutritiva que la carne de las novias que se dejaron en el pueblo, novias pavisosas y palurdas que no admiten punto de comparación con la coronela. Ser elegido por la coronela para un escarceo significa, para el prestigio de un soldado, mucho más que un informe de buena conducta; ser elegido para una relación adúltera con visos de perdurabilidad, mucho más que un ascenso. Yo, que soy el corneta del regimiento, me incluyo en esta última categoría de afortunados. Cuando el coronel se halla ausente, o de maniobras, la coronela me manda subir a su casa, para que le toque un poco la trompeta. La coronela es mujer exigente y maliciosa que me reclama sinfinías de Beethoven (como si la trompeta fuese un instrumento sinfónico), cuando sabe que mi repertorio no va más allá de los toques militares, toque de diana, toque de fajina, etcétera. La coronela me recibe en cueros (su piel tiene ese color mate de la cera manoseada), bamboleando su culo indecente y deliciosamente asimétrico, Desnuda parede una de esas estatuillas de terracota que nuestros antepasados del neolítico modelaban, representativas de alguna diosa agropecuaria, pero con retoques de Bernini. Se tumba con voluptuosidad en un diván y me pide que me acerque haciendo una señal con el dedo índice. La coronela tiene vocación de dominanta, ademanes de déspota y temperamento brusco. También tiene algo de celulitis en las caderas, y patas de gallo en las comisuras de los párpados, pero en estas pequeñas máculas reside precisamente su atractivo. Cuando me tiene a su alcance, me indica:

-Coge las medallas de mi marido. Están en el primer cajón de la mesilla.

Las medallas y condecoraciones y charreteras y cruces al mérito militar de su marido forman una bisutería abigarrada, excesiva para cualquier pecho, por ancho que sea (el coronel sólo se pone algunas), pero no para el coño de la coronela, que es un coño que se sale del mapa. A la coronela le gusta ponerse las medallas de su marido en el coño y pasearse con ellas por la casa, como si llevase un sonajero entre los muslos. A mí me correponde ir enganchando las medallas y codecoraciones y charreteras y cruces al mérito militar del marido ausente entre el vello púbico de la coronela, cuidando de no pincharle un labio con los imperdibles. El coño de la coronela, una vez condecorado, relumbra como una lámpara con dijes, y añade músicas metálicas a su corpulencia de coño fértil. La coronela se levanta de la cama con toda esa chatarra colgante, y me obliga a perseguirla por las habitaciones de la casa, cuya geografía ella conoce mejor que yo. Su coño va dejando por los pasillos un entrechocar de medallas como monedas falsas, y un rastro de lujuria indómita. Cuando por fin la atrapo, la coronela me ordena que la posea allí mismo, en el suelo de baldosas, y yo acato la órden sin mayor dilación.*


"El Coño de la Coronela" tomado de "Coños" de Juan Manuel de Prada




















Malena es un nombre de tango

Fotografía: Sergei Bizyaev










[...] El mes de abril de 1986 follé dos veces, y las dos veces me puse encima. A principios de junio no me quedó más remedio que aceptar que estaba embarazada. No volveré a creer en la física nunca más.

Los lunes por la mañana estaba decida a abortar y a abandonar a Santiago para corregir de golpe todos los errores que había acumulado durante los últimos tiempos. Los lunes por la noche me preguntaba si sería sensato contradecir la voluntad del destino.

Los martes, al levantarme, me decía que si siempre había pensado en tener hijos alguna vez, por qué no éste, por qué no ahora. Los martes, al acostarme, me daba cuenta de que abandonar a mi marido sería como dejar caer un bebé de dos meses en un carril central de la Castellana un viernes a las diez de la noche.

Los miércoles por la noche dejaba de fumar.

Los jueves, antes de levantarme, no era capaz de sentir otra cosa que un bulto amenazante y peligroso, un quiste o un tumor que debería hacerme extirpar a tiempo. Los jueves, antes de acostarme, encendía un cigarro con otro y apuraba los dos hasta el filtro.

Los viernes por la mañana me preguntaba por qué había tenido tan mala suerte. Los viernes por la noche estaba decida a abortar y a abandonar a Santiago para corregir de golpe todos los errores que había acumulado durante los últimos tiempos.

Cuando mi hijo nació, y los dos sufrimos tanto, me prometí a mi misma que jamás le revelaría la verdad, que nunca sabría que no fue un hijo deseado. Ahora creo que algún día haré todo lo contrario y le contaré que nació sólo porque no pude decidir a tiempo que no naciera, porque me pareció lo más fácil, porque me convení de que tenerlo diez años después sería mucho más incómodo, porque estaba casada y tenía un marido y dos sueldos y una casa, porque había sucedido aunque yo no quería que sucediese.

Si lo sabe, jamás podrá dudar de cuánto le he querido, aunque algunas veces se me olvide el bocadillo sobre la encimera de la cocina y no tenga nada que comer en el recreo, porque cuando lo vi por primera vez, tres días despué del parto, tan solo, y tan pequeño, y tan delgado, y tan inerme en aquella caja transparente de paredes lisas, como un prematuro ataúd de cristal, cuando comprendí que sólo tenía amor para alimentarle y que él no necesitaba otra cosa que sobrevivir, leí en sus labios la diminuta marca de la casta de los Alcántara y le juré en silencio, detrás de una ventana blanca y aséptica como la frontera que separa del mundo a los padres infelices, que todo iría bien, que pagaría cualquier precio, por alto que fuera, para que algún día nos riéramos los dos juntos de todo aquello, y establecí con él un lazo que mi madre jamás ató conmigo, un vínculo cuya fortaleza ni siquiera sospechan las mamás de esos bebés rollizos y felices a las que he envidiado tanto, durante tantos años. [...] 





"Malena es un nombre de tango". Almudena Grandes











La de los ojos abiertos


"Los árboles del jardín del asilo" (1889), Vincent Van Gogh






la vida juega en la plaza
con el ser que nunca fui

y aquí estoy

baila pensamiento
en la cuerda de mi sonrisa

y todos dicen esto pasó y es

va pasando
va pasando
mi corazón
abre la ventana

vida
aquí estoy

mi vida
mi sola y aterida sangre
percute en el mundo

pero quiero saberme viva
pero no quiero hablar
de la muerte
ni de sus extrañas manos.


"La de los ojos abiertos", La última inocencia, Alejandra Pizarnik







Cromos de cine XII

"Debía de estar muy enfadada con el mundo, lo último que hizo fue darle una patada a una silla"

Profesor Lazhar






S.O.S.


Johnny cogió su fusil.






"Antes de dudar de una víctima te perdonarían echar una meada sobre la tumba del soldado desconocido."

La caja de música



Costa-Gravas y unos imponentes Armin Mueller-Stahl y Jessica Lange se cargan el Derecho romano, el sistema judicial norteamericano, a la iglesia católica como cómplice del mayor horror de nuestra historia.
A veces nuestra propia sangre nos traiciona.
Bastardos esos que llaman.... sentimientos.






"Towanda...."

Tomates verdes fritos






"Definitivamente el azul es tu color."

Cabaret






"¿Quién podra soportar las burlas y los lazos del tiempo?"

Hamlet






lunes, 21 de mayo de 2012

Jukebox IX

















The stranger (1946)

Mi hermana y yo


Nietzsche, por Edvard Munch, 1906.





"La mediocridad es quizás más interesante que una estéril aristocracia que ha perdido la voluntad del poder. Quizás la 'divina vulgaridad' puede realmente erigirse en deidad y sentarse como Jesús el Carpintero, en el trono del Imperio."

"¿Conoce la Esfinge el enigma de la vida? ¡No, ella se ha estrellado contra la locura, y los hombres saben que la vida no tiene enigma que el amor no pueda resolver!"


"El amor al bienestar y el amor al saber son las dos fuerzas que mueven la tierra, y lo que se da a uno debe quitársele siempre al otro."

"No es el bienestar lo que arroja a la gente al abismo artísticamente, sino más bien el método mediante el cual se acumula el bienestar."


"Como Ulises, he tapado mis oídos con cera, me he atado al mástil de mi barco y he salido a navegar para encontrar las 'sirenas'. Pero no con cantos de amor perturbaron las 'sirenas' mis oídos; mi cera y mis cadenas fueron impotentes contra sus astucias. Tenían un arma más poderosa que el canto para sacarme de mi celda monástica hacia el delirio del amor frustrado: en lugar de canto me anegaron con silencio, la tormenta del escarnio sin voz."


"La soledad es lo que más me hace padecer aquí, aunque no es una sensación nueva para mí. Pero hay muchas clases de soledad. Existe la soledad de los lugares, la menos dañina de las soledades porque cuando se vive lejos de un lugar querido, nace la esperanza y el deseo de un futuro en el cual el espíritu humano puede felizmente confiar y trae consuelo. Existe también la soledad de una alta aspiración, la más bendita de las soledades, que involucra no sólo planes para sí mismo sino para la humanidad en general, y no necesita así cuidarse de las probables contrariedades que acarrea. Y por fin, está desgraciadamente la soledad que tiene una falta total de compensaciones, la soledad debida al fracaso del individuo para alcanzar un entendimiento común con el mundo. Ésta es la soledad más amarga de todas, la que corroe el corazón de mi existencia."


"Despojado de mi último velo de ilusión -el poder de las ideas – contemplo con terror el 'vacío', pero todavía me aferro a la existencia, pues el solo hecho de vivir es lo único que me resta en el destrozado panorama del intelecto."


"Nos despojamos de la verdad en la proporción que nos alejamos de la vida, dijo Sócrates, a punto de beber la cicuta. Todo es vanidad y una persecución tras el viento, pero esta sabiduría salomónica es difícil de aceptar. Hasta el fin soñaré con aquella que me enseñó por primera vez las posibilidades del amor romántico. Contra sus besos, Sócrates, Schopenhauer, Salomón y Sakia Muni sólo son envidiosos eunucos que han perdido el sabor de la vida."



Mi hermana y yo. Friedrich Nietzsche.