Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

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domingo, 10 de junio de 2012

El gran dictador (1940)


Fresas de frases X



Fotografía: Anja Niedringhaus (AP)









"-Esas protuberancias nocivas que él llama ojos y que en los seres perfectos sólo existen para ahondar una bella depresión en la cara, las tiene Núñez tan enfermas, que la dolencia le ha penetrado hasta los sesos. Reparad en que están enormemente distendidas, tienen una doble fila de pelos y además se abren y se mueven. No es preciso añadir más para demostraros cómo su cerebro ha de estar en un estado fluctuante entre la irritación y el idiotismo, sin parar nunca en el fiel de la sensatez.
-Claro -respondió Jacob. -Para curarlo es preciso intentar una operación a la vez sencilla y radical; hay que extirparle esos dos cuerpos excitantes.
-¿Y sanará?
-Seguramente; y haremos de él un modelo de ciudadano."



El país de los ciegos.  H.G. Wells






"Pero es que, amigos míos, la vida ha dado muchas vueltas. En mi adolescencia, a los doce o trece años, hablábamos en voz baja, de cómo se hacen los niños. Hoy, a la misma edad, los adolescentes hablan, en voz alta, de cómo no se hacen."

Historias de la Historia. Carlos Fisas.






"La mitad izquierda del cerebro se encarga de la lógica, el lenguaje, el cálculo y la razón, dice. Es la mitad que la gente percibe como su identidad personal. Es la base consciente, racional y cotidiana de nuestra realidad.
El lado derecho del cerebro, le dice el médico, es el centro de la intuición, la emoción, la perspicacia y la capacidad de reconocimiento de formas. El inconsciente.
El cerebro izquierdo es científico. El cerebro derecho es artista.
Dice que la gente vive normalmente con la mitad izquierda del cerebro. Solamente cuando uno sufre un dolor extremo, está preocupado o enfermo, su inconsciente puede filtrarse en su mente consciente. Cuando alguien está herido, enfermo, llorando la muerte de alguien o deprimido, el cerebro derecho puede asumir el control durante un instante y abrir paso a la inspiración divina."



Chuck Palahniuk




"Y cuando se duerme a conciencia la consciencia nos desvela."

Escribidos imperfectos





"Pronto descubrí que la vida consta de dos elementos contradictorios: uno eran las palabras, que pueden cambiar el mundo. El otro era el propio mundo, que no tiene nada que ver con las palabras."

Yukio Mishima




"...Ahora comprendo qué es la psicosis: una alienación total de la percepción respecto de los objetos del mundo exterior, sobre todo de los objetos que importan: la gente afectuosa ¿Y qué ocupa su lugar? Una espantosa preocupación por... el inacabable ascenso y descenso de la marea del propio ser. Por los cambios que surgen de dentro y sólo afectan al mundo interior. Es una escisión tal de los dos mundos que ninguno registra los movimientos del otro. Ambos siguen existiendo, pero cada cual por su cuenta. Es la detención del tiempo. El fin de la experiencia, de cualquier cosa nueva. Una vez que una persona se ha vuelto psicótica, ya nunca le ocurrirá nada."

Tiempo de Marte. Philip K. Dick













Fahrenheit 451 (1966)


Bibliocaustos

"Ahí donde queman libros, terminan quemando hombres" Heinrich Heine 


Desde que el libro es libro, éste se ha visto expuesto a todo tipo de destrucciones, listas negras y persecuciones. Desde la desaparición de la Biblioteca de Babilonia en el 2000 a.C. hasta Bagdad en 2003 con el incendio de la Biblioteca Nacional y sus archivos, pasando por la Biblioteca de Alejandría, Grecia, Roma, China, la Inquisición, y un largo etcétera, se han producidobibliocaustos (el término lo creó la revista Time a raíz de la destrucción nazi en 1933) de forma más o menos continuada.
Según Fernando Báez autor de la "Historia universal de la destrucción de los libros", 
"El 60 por ciento de los desastres bibliográficos han sido intencionales. No eran bárbaros, ignorantes o gente inculta los mayores quemadores de libros, sino intelectuales, que han estado detrás de las grandes dictaduras que queman libros."
El 10 de mayo de 1933 en la Plaza de la Ópera de Berlín, más de 25.000 libros tildados de antialemanes (sic) por los nazis ardían en una inmensa hoguera. Junto a innumerables autores judíos se quemaban obras de Thomas Mann, H.G. Wells, Marcel Proust,… Fue sólo una de las numerosas quemas de libros que se hicieron a lo largo de toda Alemania lideradas por el ministro JosephGoebbels. Se dice que los nazis destruyeron millones de libros. Paradójicamente los aliados, al bombardear Alemania, también destruyeron cientos de miles de obras.
Así lo relata F. Báez:


El 2 de mayo, en Leipzig en Gewerkschaftshaus, se destruyeron textos, pero fue realmente el 5 de mayo de 1933 cuando empezó todo. Los estudiantes de la Universidad de Colonia fueron a la biblioteca, y en medio de lágrimas y risas, recogieron todos los libros de autores judíos o de procedencia judía. Horas más tarde, los quemaron. Estaba bastante claro que esa era la vía elegida para mandar un mensaje al mundo entero. Y los actos que siguieron así lo probaron.
(...)Plaza de la Opera
El 10 de mayo fue un día agitado desde muy temprano. La Asociación de Estudiantes Alemanes se agolpó en la biblioteca de la Universidad Wilhelm Von Humboldt y comenzaron a recoger todos los libros prohibidos por el régimen. Había una euforia inesperada. Finalmente, los libros, junto con los que se habían obtenido en otros centros, como el Instituto de Investigaciones Sexuales o en las bibliotecas de judíos capturados, fueron transportados a Opernplatz. En total, el número de libros sobrepasaba los 25.000. Muy pronto se concentró una multitud alrededor de los estudiantes. Éstos comenzaron a cantar un himno que causó gran impresión entre los espectadores. La primera consigna fue fulminante:
Contra la clase materialista y utilitaria. Por una comunidad de Pueblo y una forma ideal de vida. Marx, Kautsky .
La hoguera ya estaba encendida. Tal vez nadie podía creer lo que pasaba, pero no dejó de sorprender a cualquier observador que una de las capitales más cultas del mundo, donde se encontraban algunas de las más importantes universidades europeas, era el centro de una de las quemas de libros más impresionante de la época. Joseph Goebbels, quien dirigía todas las acciones, levantó la voz y después de saludar a todos con un estruendoso Heil, explicó los motivos de la quema:
GoebbelsLa época extremista del intelectualismo judío ha llegado a su fin y la revolución de Alemania ha abierto las puertas nuevamente para un modo de vida que permita llegar a la verdadera esencia del ser alemán. Esta revolución no comienza desde arriba, sino desde abajo, y va en ascenso. Y es, por esa razón, en el mejor sentido de la palabra, la expresión genuina de la voluntad del Pueblo[...]
Durante los pasados catorce años Uds., estudiantes, sufrieron en silencio vergonzoso la humillación de la República de Noviembre, y sus bibliotecas fueron inundadas con la basura y la corrupción del asfalto literario de los judíos. Mientras las ciencias de la cultura estaban aisladas de la vida real, la juventud alemana ha reestablecido ahora nuevas condiciones en nuestro sistema legal y ha devuelto la normalidad a nuestra vida[...]
Las revoluciones que son genuinas no se paran en nada. Ninguna área debe permanecer intocable[...]
Por tanto, Uds. están haciendo lo correcto cuando Uds., a esta hora de medianoche, entregan a las llamas el espíritu diabólico del pasado[...]
El anterior pasado perece en las llamas; los nuevos tiempos renacen de esas llamas que se queman en nuestros corazones[...]
Los cantos prosiguieron y al final de cada estrofa se arrojaban algunos libros cuyos autores se mencionaban:
Contra la decadencia misma y la decadencia moral. Por la disciplina, por la decencia en la familia y en la propiedad. Heinrich Mann, Ernst Glaeser, E. Kaestner
Contra el pensamiento sin principios y la política desleal. Por la dedicación al Pueblo y al Estado. F.W. Foerster.
Contra el desmenuzamiento del alma y el exceso de énfasis en los instintos sexuales. Por la nobleza del alma humana. Escuela de Freud.
Contra la distorsión de nuestra historia y la disminución de las grandes figuras históricas. Por el respeto a nuestro pasado. Emil Ludwig, Werner Hegemann.
Contra los periodistas judíos demócratas, enemigos del Pueblo. Por una cooperación responsable para reconstruir la nación. Theodor Wolff, Georg Bernhard.
Contra la deslealtad literaria perpetrada contra los soldados de la Guerra Mundial. Por la educación de la nación en el espíritu del poder militar. E.M. Remarque
Contra la arrogancia que arruina el idioma alemán. Por la conservación de la más preciosa pertenencia del Pueblo. Alfred Kerr
Contra la impudicia y la presunción. Por el respeto y la reverencia debida a la eterna mentalidad alemana. Tucholsky, Ossietzky
(...)
Hitler no olvidó nunca a Goebbels y le perdonó todo, hasta sus reiterados deslices con prostitutas. El día de su suicidio, en 1945, lo nombró Canciller del Reich. Y Goebbels, aceptó este honor, pero por unas horas. Casi como si se tratara de una simetría perversa, el 1 de mayo, el mes de la gran quema de libros, acabó con todos sus hijos, mató a su esposa, y luego, no sin esbozar una sonrisa de triunfo y alzar la mano celebrando al Führer, se dio muerte .

viernes, 8 de junio de 2012

Sangre caliente: el paté del alma.



Fotografia: Oleg Maidakov



Las vísceras son un manjar delicioso o asqueroso... menudillos, hígado, riñones, el corazón e incluso la sangre, se sirven en porcelana fina o se entierran bajo el mantel mientras las náuseas le sonríen al glotón destripador de miembros.

La cuchara, enviuda. La cucharada, se masturba.

El cuchillo, degluta. La cuchillada, desangra.

El tenedor, parece una bailarana buscando la parte magra, la fibra viva... el perfecto equilibrio. La teneduria ensambla el ejército de los cartílagos. Corta y rasga. Pega y da la espalda. Engulle y al fin... olvida. Di gestión, y te diré quien no eres. Que engañas, embobas, alerdas, azuzas, destripas, coagulas, estrujas y con el pulgar gordo de cada pie izquierdo la metes de tres en el cubo de la basura que Sokolov compuso en do menor.

El plato, el paciente plato encaja rayaduras, a regañadientes, como la tiza en manos del niño que dibuja gotas de lluvia rompiendo la punta de la gravedad, esperando que la maestra vida le enseñe porque las puertas son ventanas y las manetas... cortinas.

Las servilletas, disimulan. Y las bocas, las malas lenguas.... parecen elefantes talando el marfil de cada gota de sangre caliente que empapa al pobre animal que se deja apresar por el parásito de su propio plasma... de su misma tierra.


El fuego, cunde...funde...maquilla y espesa. La sangre se convierte por arte de magia en una figura untada en el descuartizado y mutilado puzzle de aquel desorden perfectamente calculado y en la vileza el estoque, y en el capeo...cambio de tercio. Piezas disimuladas, entrabadas, corruptas y lesivas.... como la forja, el yunque es el perfecto erial donde todo encaja, donde todo permuta, donde lo gélido y capcioso arrastra al astado hasta el matadero. Luego la suerte. Y ahí, en ese lance...la caliente sangre ya se subasta como la carne del rabo o el cuerno del santo.

El ombligo, cordón umbilical del mundo al egoísmo....revienta.... o se columpia entre la tarantela y la penitencia. Misericordia. La gran pena....la pauta. el punteo, no se pase del punto....que la carne dura, putrefacta ... suena hueca. Muere como la plastilina en las manos de los perros... desmembrada.

Fotografia: Alexey Aloisov
Todo ese pastel asado ofrece a los sentidos un repelús endemoniadamente proteico o una ávidez digna del más compulsivo de los caníbales.

Soy uno de ellos. De los últimos. Intento alimentarme de pescado azul y hierbas.... Pero sólo me las fumo, y sólo los suelto sin red donde no hay corales, ni gorgonaas, ni siquiera el candil de Geppeto.

Me encanta, me retroalimenta; la carne magra, la carne humana, la carne propia y la ajena, la dura y la que perdura. El alma que de entre los huesos suena a arpa corpórea a música de libertad que sostiene, que grita, chilla y engalana aquel grito que sólo sale de donde los soldados del vientre cargan banderas blancas. Soy uno de ellos, un peón de brega, caníbal y asquerosamente imperfecto; uncido en carnes humanas a plena disposición del mosquito tigresa, de la culebra de las travesías, del despecho pírrico....

...Y doro y adoro a esas lenguas hermanas que no dicen lo mismo pero se entienden, se respetan y esgrimen el sablefloretetirachinassoldadorflautadulce que suena igual en cualquier lugar de éste maldito horno.... ¿o era inframundo?; donde la carne empieza a comerse a los cabellos y cepilla el pestañeo, adoro la escaramuza, el retruécano, la canga y el perdón, el desliz, la errata y la tara, la arruga, el desdén y el orden perfectamente alterado.

Pero por encima de lo que el fuego aparenta.... me muero por las ascuas, las brasas, las vetas, las cenizas y la sinceridad.... y si el fuego arde, quema.

Y si el fuego enroceje, lloras.

Y si el fuego suena, cruje.

Y si el béndito fuego fuera humano, todos seríamos de sangre caliente.... que la gélida, la blanca, la lechosa sólo sirve para engendrar más fuego a los nueve meses.

De pequeño recuerdo el rebaño de moscas dibujando corazones en torno a la bestia putrefacta antes de ser rajada como una sandía.... y aquel río de la inocencia, desde aquel preciso instante se convirtió en la frontera de la sangre que en cada uno de nosotros fluye.

Para algunos la caliente, para otros el paté del alma.




miércoles, 6 de junio de 2012

Penélope. La esperanza se acuerda del olvido.


Fotografía: María José Amorim






Aquella mañana no era otra cualquiera.

Aquella, no sería indiferente. Ni se dejaría vaciar por el vacío más insolente. Aquella fue el colmo, donde las últimas gotas de fuerza aniquilaran el vaso de madera carcomido, roido, moldeado por sus mil huellas astilladas que rodeaban uno y otro día lo único que le quedaba de él.

La sed.

Peinaba con mimo su cabello largo, revuelto, lacio y negro, aunque ya no llegara a las puntas y las raíces canas se quebraban al tensar, al pensar, al cepillar el aire que insuflaba lo que la congoja permite liberar. Peinaba con la misma cadencia la piel de sus arrugas hermosas, los surcos que enraizaban aquellos recuerdos ya difuminados por las mentiras que una recrea para distraer a la pena. Casi dormida, con la consciencia despertando, su vida era un ritual casi milimétrico, idéntico a lo que las costumbres hacen de las almas los pasos de sus hechos, de sus gestos. Los desechos de sus miedos, de la verdad. De esa que sin demostrar, que sin perpetuar no consuela lo que se muere y te mata por dentro.

Cinco marzos y una tierra prometida. Cinco primaveras y el cielo escarmentado.

Penélope, como a cada alba, deshacia la cama, colgaba las sábanas y las lagañas, las lágrimas y la esperanza en el galán de piedra. Prendía las velas para confundir al alba. Tanta luz no permite contemplar con clarividencia. Y esperaba que se consumiera la cera, que anocheciera en día.

Mesaba las puntas del lino amatorio, viudo ya de gozos y lo planchaba con la mirada.

Se acercaba al plato de porcelana y no osaba mirarse al espejo, mientras se lavaba la cara y enjuagaba las muñecas. Luego, siempre, se secaba con las palmas de las manos y dejaba su rostro tenuemente empapado en helada agua.

Se acercaba al ventanuco, y esperaba que el viento le secara el resto de agua dulce.... de saladas.... desesperanzas.

Y así era, y así se mortificaba.

El leal viento no la despreciaba. Y a cada alba era el único ser vivo que rozaba su cansada piel, sus lóbulos veletas, su nariz ciega, sus ojos recién nacidos, sus labios agrietados, despellejados... sus pómulos efímeros, sus mechones perdidos y descarnaba el nacimiento de su sonrisa. El viento acabó por convertirse en él, por morirse en ella, por dormirse en su despertar grisáceo y por involucrarse en el perfume de su atisbo de sonrisa para lo queda de día, de vida. De única y preciada mediasonrisa que desmenuza la sangre del alma e insufla el sentido por el resto que por consumir, agota.

Penélope sabía, sentía que ese momento era el único del día dónde por un instante fugaz el tiempo, las vicisitudes, el dolor menguaba y se esfumaba. Era breve, pero intenso, era profundo y conciliador. Duraba unos solos y castrados instantes, pero no le quedaba otra puerta en su mente, otro camino en el relicario de sus olvidadas oraciones.

Pero aquella mañana, el viento era un extraño olvidado, un don nadie en su todo.

La vela se durmió.

La cera no se dió, ni se fundió, se heló.

Las sábanas fueron piedras.

El cepillo de nácar se escondió bajo el camastro.

Y el ventanuco silbaba, silbaba, silbaba.... no dejaba de provocar, de insinuar que el viento es el más fiel amante de la soledad, de la desesperanza, de la nostalgia.

Aquella mañana, Penélope, ni se cepilló las ganas, ni descordó una sola lágrima.

Y sonriendo, como hacia cinco marzos que no lo hacia miró al cielo escarmentado.

El ventanuco que silbaba y silbaba, silbaba y no dejaba de insinuarle....se abrió solo pero con la mano tendida.

Cinco primaveras sin descubrir que la tierra prometida eran sus pasos.

Y aquella mañana sin azul, ni luz, sin esperanzas y sosiegos, Penélope, dejó el ventanuco abierto por siempre.

Tomó su mano y ya no volvió a mirar hacia atrás.

Su sombra se fue entre silbidos.

Y su alma descansó donde los recuerdos no existen.




lunes, 4 de junio de 2012

Melpómene. La tragedia del poder.


"Una de las otras mujeres", Claudia Penrroz





Del fondo de sus coturnos, ausencia. Apariencia de reina en harapos, nueve calles nuevas y sesenta esquinas dobladas como el pañuelo que nunca sonó. Los cubos de basura con sabor a fresa prensada y piel muerta de hombres que creen ser el sueño de orquídas de acero, de forja de chillidos colgados de una pared de miel.

Se clava muriéndose. Se cuelga bebiéndose. Se tumba en vida. Se fue, se ha ido, no está y el poder del recuerdo, de la puta presencia no tiene caché.

Cada Melpómene que nace de su venta, la compra de su angustia... en un puñado de años creció la demonia de su recuerdo y sus lágrimas comiéndose los gusanos que le dan de comer.

En la máscara de áquel silencio, atemporalidad.

Sobre la cepa del dolor, briznas de fé, leche negra.

Leche del amanecer, la bebemos en el crepúsculo, leche al anachecer. Negra, poderosa, trágica. La bebemos sin pedir.

Nos da la lengua y nos quita la sed.

Habitando en la alcoba sumisa, las gorgonas de sus falacias desprenden el líquido viscoso, blanquecino que recorren sus muslos de piedras abiertas a la cristalera del sinsentido y aunque se toque en silencio le habla a él. Y aunque se corra convulsa se acerca a sus blasfemias. Y aunque duerma a conciencia, la consciencia la desvela.

La perra se suelta el collar, el perro es leal. Ladran y se beben. El poder juzga la justicia de la ausencia y se acercan aunque no quieran.

Del fondo de su alma, la coja fé... la coge fiel. La toma, la envuelve y la lanza.

Y el poder, ese absurdo poder del aire se escapa en cada guiño, en cada vahido, en cada alarido.

Leche del amanecer que se regala sin pedir, que se da sin querer.

Las manos son como las veces, se pasan y las caricias se pasean.

Los muslos son como los años, se encanan y se restan del legado.

Su postura es inconformista, tranquila, pautada y silente.

Y ellas, la postura... ella.... son el trágico poder de haber llegado a las ruinas del muro, allí dónde el polvo disimula el rictus de haber tocado la gloria y alcanzado el final. Dónde cayeron los planes, las esquinas, los poderes ocultas y la luna madre.

Sucede.

Siempre ocurre de igual modo, el trajín escuece y camufla la senda, los detalles, la perspectiva, el espacio, el azuluz, la bilis y el algodón de nubes en forma de sierra y cucharas huecas.

Ahora, Melpómene.... duerme allá donde los sueños se despiertan sin pestañear.

Susurra, susurra, susurra, susurra, no deja de abandonar al murmullo del aire que nadie atrapa y todos quisieran tocar, para sí.

Y ella cuando la negra leche no la confunde sino la encuentra vomita en silencio, sola, acurrucada... mientras le crecen los cabellos inconformistas, los años poderosos se rinden y la quietud se posa bajo sus uñas mordidas de entre sus pechos, ya cansados.

Ahora cuando el poder, ya aburre, consume.... la tragedia no es encontrarle sentido a la vida. Quizás... y sólo quizás.... la tragedia es recordar lo último que supo ver y sentir en sus adentros, de manera natural, de modo que brotó compartiendo un mechón de cabellos sin color, pero con toda la piel de la verdad.

Seguirá sucediendo.

Uno cierra los ojos, y lo ve absolutamente todo.

No se necesita más que una pizca de silencio interior.

Y la paz te perdona para que creas que la leche es negra.

Se deja saciar.

Nos da la lengua y nos quita la sed.






El extraño viaje (1964)