Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

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lunes, 17 de septiembre de 2012

Un resplandor en la mejilla


Fotografía: Armindo Lopes






Y Utopía fue el veterinario, el hombre feroz, la vieja en silla de ruedas cercada por sueños,
y los personajes de los sueños incompatibles se fueron masacrando
uno tras otro, hasta dejar un stock de pesadillas vacía.
Y Utopía fue un reflejo opaco en el interior de un vegetal.
Vitrinas, maniquís desnudos, ebrios tirándoles besos a las nubes.
Un laberinto de escaleras eléctricas por donde vagaban
unos niños extraviados que tenían e corazón maravilloso
hasta la náusea.

¿De todo eso que vi realmente? ¿Con qué ojos tremendos
contemplé el olor puro de aquella muchacha sencillamente
parada en la entrada de un circo? Sólo recuerdo
haber estado demasiado tiempo en un cuarto blanco leyendo novelas
policiales; casi toda mi vida mientras tú me mirabas desde
una ventana redonda, como de baño público, y
los adolescentes se reían como si acabaran de salir del desierto
con los bolsillos llenos de dinero gratis.

Dinero gratis, dinero gratis, amor gratis, un resplandor
inconcebible en la mejilla. Soñadores transformándose a sí mismos
pero incapaces de convencer a una muchacha de que la aman.
Nubes gratis y vacías, restaurantes gratis y vacíos,
automóviles fríos rumbo a las playas doradas del Pacífico,
visiones de Michelangelo para todos, ojos que se cierran
con la velocidad de la luz, y su armonía, estrépito de cisnes,
estrépito de humedad.

Comida gratis, bebida gratis, lluvias divertidas
e interminables como las novelas de Victor Hugo.
Hospitales gratis, desiertos gratis, animales gratis, deseos
de caminar sobre las manos, de ponerse una corona de espinas
eléctrica y luminosa.

Blue-jeans rayoneados de ternura, escenas de teatro
en la orilla del mar prolongadas hasta el infinito, tres años
de asco y amor, tres años de enfermedades infantiles
enmierdadas con precisión, y los duros arbolitos, pero
los duros arbolitos, mientras los duros arbolitos
como lanzas florecían.

Y gemí, y dije ya no sé qué decir, la oficina está vacía,
los submarinos explotan como fetos en las fosas del Atlántico,
alguien me acaricia el pelo y dice que ya está igual de largo
que el suyo, y yo tuerzo el cuello como un solitario cigarrillo
aplastado en la noche enorme y la miro, esperando volver a sentir
en los párpados la tibia obsidiana de los sueños, cuando en
las mañanas nos abrazábamos sin querer despertar, perdidos
en las llanuras de escamas, mientras cae nieve y el frío sonríe
desde un cenicero absolutamente limpio, y no queremos despertar,
y no sabemos qué decir: los labios partidos,
la cara blanca del invierno manchada de lipstick.

La velocidad se detiene, mira hacia todas partes, enloquece
a las fechas. Un anarquistoide muerto bajo las ramas
plateadas de un sauce. Encima de él la primavera violeta. Fuera
de ese cuadro una muchacha sueña renacimientos atroces.

Y está bien, está bien, ya púdose prender la chimenea y cerrar
puertas y ventanas. Ningún brillo va reemplazar nada.
No habrán formas de arder que completen esta nube cargada de lluvia
No habrá viento contra este resplandor acuático. Ni callejones violetas
ni suaves caderas antiguas. Ese jaleo al subir las mil escaleras
del ojo abierto: automóviles llenos de Sol estacionados
en todas las esquinas de tus venas. Una sonrisa sin
contexto, una mano crispada fuera de la foto.


Roberto Bolaño








Encargo

"Flower juice", Kyoko Murase







No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que
vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni
guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.
Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas
hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.



Julio Cortázar










Creo

 
Fotografía: Eugevni P.


 
 
 
 
 
 
" Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, para soltar las riendas de la verdad dentro de nosotros, para demorar la noche, para trascender la muerte, para congraciarnos con los pájaros, para ganarnos la confianza de los locos.
Creo en mis propias obsesiones, en la belleza de los choques de autos, en la paz de los bosques sumergidos, en la excitación de las playas de vacaciones cuando están desiertas, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos de muchos pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.
Creo en el vuelo, en la belleza de las alas y en la belleza de todo lo que ha volado siempre, en la piedra arrojada por un chico con la misma sabiduría de los estadistas y de las parteras.
Creo en la inexistencia del pasado, en la muerte del futuro y en las infinitas posibilidades del presente.
Creo en los próximos cinco minutos.
Creo en la historia de mis pies.
Creo en los dolores de cabeza, en el aburrimiento de los atardeceres, en el miedo de los calendarios, en la traición de los relojes.
Creo en la muerte del mañana, en la fatiga del tiempo, en nuestra búsqueda de un tiempo nuevo dentro de la sonrisa de las azafatas en los ómnibus de larga distancia y dentro de los ojos cansados de los hombres que controlan el tránsito en los aeropuertos fuera de temporada.
Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en el absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en el propósito asesino de la lógica.
Creo en las adolescentes , en como se corrompen a sí mismas por la posición que adoptan sus largas piernas, en la pureza de sus cuerpos desarreglados, en los vellos púbicos que dejan en los baños de los telos más infames.
Creo en la delicadeza de los bisturíes quirúrgicos, en la ilimitada geometría de la pantalla de cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la charlatanería de los planetas, en la repetitividad de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y en el aburrimiento del átomo.
Creo en la muerte de las emociones y en el triunfo de la imaginación.
Creo en todas las excusas
Creo en todas las razones
Creo en todas las alucinaciones
Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías, evasiones
Creo en el misterio y en la melancolía de una mano, en la gentileza de los árboles, en la sabiduría de la luz. "
 
 
J. G. Ballard
 
 
 
 

jueves, 13 de septiembre de 2012

Quiero que me dejes en el fondo del mar








Fotografía: Vera Rain



[ elegir ]

 ¿por qué
existen los besos en la boca?

siempre el miedo es una sensación individual
un cromosoma
que se divide violentamente

un chasquido
cuando tenemos los ojos muy cerrados
y sentimos el modo
en que las células responden

aunque nos extrañemos
ahora
somos una especie extraviada

elegir
es una posición
que habla

da cuenta del poder


será de noche
o de día

todos los animales
como vos y yo,
mi amor

al abandonar este mundo

dejan un fantasma blanco
que vive adherido
al lugar
desde donde se van
____________________________________
cómo serán los días que me tocan
que seguirán afectándome
después de este

tomar distancia de los eventos
de los colores en el cielo
y las bebidas después

los paisajes;
no hay que salir a buscarlos

entonces la sorpresa
como ese evento vital por fuera de nosotros
deja de ser 
una mera pretensión

fui descubierto

tus ojos
y tu cuerpo también fueron descubiertos

no quiero dejar de verte

estoy en un lugar
que no tiene referencia

un lugar
que la palabra que lo describe
la tenés vos.
____________________________________





[ +cero ] 

 ayer te extrañé
avidez entre mis suspiros inmunes

lo que dura de construir recuerdos
y su manera de primera vez
es esa idea que no te llegó todavía
que recién va a ocurrir diez años después más tarde
en el momento de la bienvenida de ser otro

un espejo reflejándose sobre lo real
una relación supeditada al viento
o los perfumes secos
como un beat constante hacia la capa líquida de los ojos
entran y se quedan

el vaso de agua helada tomándolo en la oscuridad
para que se irrigue alguna manera de posibilidad
de imaginación desplegándose:

ese regreso siempre eficaz al punto de lo propio
hasta el paradigma de ninguna función equivocada

y en realidad así vive el cuerpo

pero también podemos pensar
que la enfermedad o el contagio
son su fracaso
cuando se vincula en verbos con la naturaleza

estoy hablando poco
mordiendo un limón con la mente en blanco
sentir comer rápido y solo
su capacidad amarilla

el exámen
es al final el concepto de los besos

o disfrutar inútil sin dudas en el tiempo
de que algo se desvanezca
____________________________________

 la realidad termina así
no importa
lo que vos quieras
o yo

un lugar tan grande
tan fuerte
¿dónde es que está?

quizás
nos pensamos mutuamente
mientras dormimos

casi como una voluntad
o un deseo
después de toda civilización
___________________________________________


[ physis ]

 los griegos
no hablaron sobre la sexualidad

el sol se guarda detrás del horizonte
como una idea

me alcanza que en un día sin rumbo
te rías
digas lo que tu imaginación sea

las exhalaciones de sentido tienen una forma
y así se desplazan entre sonidos en el aire

un perfume sobre el cuello
también es parte de lo que nos arropa

a veces hay contextos
que no tienen lugar para el alimento
es el desierto
es la nieve

hay una única clase de ser vivo
que sabe morir su muerte


Joaquín Oreña






jueves, 6 de septiembre de 2012

La noche de la sed

...





El agua que sacia la sed y que da más.

El charco del vientre, el chapoteo del mador, el cuenco de cuatro manos, el tul de lo perceptible, las gotas que se esfuman y que calan visillos, bambalinas, dobleces, trenzas y rizos de esperanza, lágrimas dulces de alegría.

El anhelo se lucha a diez yemas.

La noche es traidora de luces, sedienta de migas, perra de cojera, tierna de forjas y apaciguadora de clarividencias eternas.

La noche es haz de luz, haz del deber, haz de mieses, haz de la más bella faz que el universo de un mundo acoge en su halda.

Y ella, honesta, leal, agotadora comulga con ruedas de pequeños dedos y enormes gestos.





El tallaje me inquieta, como noche sedienta.

Casi un repelús maravilloso amalgama.... el enclave dónde duermen vida tranquila y lucha eterna.

De clavar.

De clavablanda.

De cabal.

De cabestro.

De cabizbajo.

Sus alas nacaradas arraigan toda la sinergia de sus colores y destrozan los miedos fatuos y caníbales que hace catorce unos parloteaban entre manzanas azules y avernos azabaches.

El matiz es un dulce veneno que nutre, y su plenitud el engranaje majestuoso por el que la pureza fluye sin pedir, cuerda locura donde los saltos se dan poco a poco y se sueltan mucho más.

Tan en paz que me acongojo, tan feliz que me oscurezco, tan tendido en la duermevela que la sed aturde al alba y el hambre carcome a los días para dejar de ser y estar migas de pan negro.

Me pierdo cuando tus ojos se ponen negros.


Y me encuentro cuando duermo en ti sin advertir que la noche ya no tiene sed.

Sólo hambre.












lunes, 3 de septiembre de 2012

C'est tout



23 de noviembre en Ciudad de la luz, tres de la tarde.
Quiero hablar de alguien.
De un hombre que tiene no más
de veinticinco años.
Es un hombre hermoso que
quiere morir antes de ser detectado
por la muerte.
Lo amas.
Más que eso.

La belleza de sus manos,
eso es, sí.
Sus manos que avanzan con
la colina (se ha vuelto distinta,
clara, tan luminosa como la gracia
de un niño).
Te beso.
Te espero como espero
a quien destruirá esta gracia deshecha,
dulce y todavía cálida.
Dada a ti, entera, con todo
mi cuerpo, esta gracia.


Más tarde durante la misma tarde.
He querido decirte
que te amaba.
Gritarlo.
Eso es todo.

********

Más tarde, la misma tarde.
A veces estoy vacía durante mucho tiempo.
Soy sin identidad.
Al comienzo, esto da miedo. Y luego esto se pasa
por un movimiento de alegría. Y luego
esto se para.
La felicidad, es decir, muerta un poco.
Un poco ausente del lugar donde hablo.

Más tarde, todavía.
Es cuestión de tiempo.
Haré un libro.
Querría hacerlo, pero no es seguro
que escriba ese libro.
Es aleatorio.



*************

Otro día, calle Saint-Benoît.
Para Yann.
Para nada.
El cielo está vacío.
Hace años que amo a este
hombre.
Un hombre que todavía no he
nombrado.
Un hombre al que amo.
Un hombre que me abandonará.
Lo demás, lo que está delante y detrás de mí,
antes y después de mí, todo eso me da igual.
Te amo.

*******

Silencio, y después.
El comienzo del fin de este
amor realmente espantoso,
con la nostalgia de cada hora.
Y después ha sobrevenido la hora
que ha seguido,
incomprensiblemente, saliendo del fondo
del tiempo.
Hora horrible.
Soberbia y horrible.
Sólo he logrado no matarme
al ocupar mi pensamiento con la idea de su muerte.
De su muerte y de su vida.


Silencio, y después.
No he expuesto lo vital de
su persona, su alma, sus pies, sus
manos, su risa.
Lo vital para mí es
abandonar su mirada cuando está solo.
Cuando él está en el desorden
del pensamiento.
Es hermoso. Es difícil
de saber.
Si empiezo a hablar de él, ya no me detengo
de hacerlo.
Mi vida es como incierta, más
incierta, sí, que la suya propia
delante de mí.


Silencio, y depués.
Quisiera continuar divagando
como lo hago algunas tardes
de verano, idéntico a aquél.
Ya no le encuentro gusto y
tampoco tengo coraje para hacerlo.
Marguerite Duras


Fotografías: Daido Moriyama

Días sin huellas (1945)