Amé en aquella mirada lo que había de sospecha. Y el miedo de las cosas tenía en aquel espejo la ilusión de disentir del futuro. Contacto: jrubaz@hotmail.com
Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.
miércoles, 4 de febrero de 2015
თბილისი
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| Fotografías: Radu Carp |
En el dorso del cielo
No es casual
lo que ocurre por azar:
un fragmento de nada se protege
del no ser, se entrecruza
de signos, impulsos,
síes y noes, atrasos y adelantos,
trazos de geometría celeste,
coordenadas veloces en el tiempo
y algo ocurre.
Lazos para nosotros pálidos,
son obvios para lo que no vemos,
y nosotros la ventana abierta
desde donde la tela blanca vuela
cubierta de diseños.
Pero uno llama azar
a su imaginación insuficiente.
lo que ocurre por azar:
un fragmento de nada se protege
del no ser, se entrecruza
de signos, impulsos,
síes y noes, atrasos y adelantos,
trazos de geometría celeste,
coordenadas veloces en el tiempo
y algo ocurre.
Lazos para nosotros pálidos,
son obvios para lo que no vemos,
y nosotros la ventana abierta
desde donde la tela blanca vuela
cubierta de diseños.
Pero uno llama azar
a su imaginación insuficiente.
Error calculado
Palabras de mar profundo
a cada instante suben a morir
por cientos, contaminados peces.
Entre ellas no se auxilian,
temen el riesgo, mueren.
No saben lo que saben.
Quien las ama y acoge
¿las libra del silencio
que las pone entre olvido
y magia encarcelada?
¿Juega con más peligro?
Un soplo vaga por la tarde.
Sigue la leve leva:
que tu entusiasmo
no se rinda al retenido canto.
a cada instante suben a morir
por cientos, contaminados peces.
Entre ellas no se auxilian,
temen el riesgo, mueren.
No saben lo que saben.
Quien las ama y acoge
¿las libra del silencio
que las pone entre olvido
y magia encarcelada?
¿Juega con más peligro?
Un soplo vaga por la tarde.
Sigue la leve leva:
que tu entusiasmo
no se rinda al retenido canto.
"Treból y carmesí,
siempre y por siempre"
1969, Tommy James and the Shondells interpretan "Crimson and clover" escrita por Tommy James y Peter Lucia, versiones muchas... para mi, la mejor la de la maravillosa y prodigiosa Janis. Una canción que va para medio siglo más allá de un simple siempre....
Fortuna
Por años, disfrutar del error
y de su enmienda,
haber podido hablar, caminar libre,
no existir mutilada,
no entrar o sí en iglesias,
leer, oír la música querida,
ser en la noche un ser como en el día.
No ser casada en un negocio,
medida en cabras,
sufrir gobierno de parientes
o legal lapidación.
No desfilar ya nunca
y no admitir palabras
que pongan en la sangre
limaduras de hierro.
Descubrir por ti misma
otro ser no previsto
en el puente de la mirada.
Ser humano y mujer, ni más ni menos.
y de su enmienda,
haber podido hablar, caminar libre,
no existir mutilada,
no entrar o sí en iglesias,
leer, oír la música querida,
ser en la noche un ser como en el día.
No ser casada en un negocio,
medida en cabras,
sufrir gobierno de parientes
o legal lapidación.
No desfilar ya nunca
y no admitir palabras
que pongan en la sangre
limaduras de hierro.
Descubrir por ti misma
otro ser no previsto
en el puente de la mirada.
Ser humano y mujer, ni más ni menos.
Si ciegas
Si cielo, si azul, si ciegas,
bajo un sol de soles,
silencio.
Distantes nubes coloquiales fingen
el arabesco imprevisible
que la vida impone en tu vida.
No anticipes más sueños, mira
distante, ese pájaro alto, convexo,
que busca otro límite, sombra.
bajo un sol de soles,
silencio.
Distantes nubes coloquiales fingen
el arabesco imprevisible
que la vida impone en tu vida.
No anticipes más sueños, mira
distante, ese pájaro alto, convexo,
que busca otro límite, sombra.
Trueque
Las diez: pariente pobre
del aguerrido mediodía.
Entre las plantas brilla
un ojo de vidrio o breve
pájaro veneciano.
Súbito nace lo diminuto
o invisible, mínimas flores,
brotes de hojas y aún
el ácaro horrendo.
Esto aquí.
Quizás ahora un cuerpo
culmine, mina de muerte,
en el errátil universo.
Sin órbita,
nuestra imaginación
trueca lo áureo por letras,
letras por polvo,
volar por lastre sordo,
explosión por silencio sin canto.
del aguerrido mediodía.
Entre las plantas brilla
un ojo de vidrio o breve
pájaro veneciano.
Súbito nace lo diminuto
o invisible, mínimas flores,
brotes de hojas y aún
el ácaro horrendo.
Esto aquí.
Quizás ahora un cuerpo
culmine, mina de muerte,
en el errátil universo.
Sin órbita,
nuestra imaginación
trueca lo áureo por letras,
letras por polvo,
volar por lastre sordo,
explosión por silencio sin canto.
Última noche de algún año
Después del día limpio,
en la esperada noche subió,
nítida en su único signo,
la cohetería de júbilo uniforme.
El pequeño destello rozó apenas
las silenciosas alfombras de la noche
antes de morir,
como apartado, también él,
de la distante fiesta.
¿Aspiraba a estar solo,
tan seguro de sí?
¿Toda esperanza es mórbida?
en la esperada noche subió,
nítida en su único signo,
la cohetería de júbilo uniforme.
El pequeño destello rozó apenas
las silenciosas alfombras de la noche
antes de morir,
como apartado, también él,
de la distante fiesta.
¿Aspiraba a estar solo,
tan seguro de sí?
¿Toda esperanza es mórbida?
4
Los lazos eran nudos ayer,
uno para ser futuro. Dos, para ser huérfanos del presente.
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| Ícaro |
En la inquietud, brusca
noche del hielo, máscara
de la muerte en la muerte, crujido
del cemento, latón, madera bruñida, añades
la burla ósea al dolor seco, conmueves
los restos, golpeas la sien del justo
con la maza burda, el gesto
indigno.
Nadie allí supo que hubo: ¿qué conducta
se recuerda, qué actitud ? ¿Fueron
partículas nerviosas, un sistema
de avanzadas leyes de la física? ¡Gloria en vida mero
manifiesto de tormentas eléctricas!
Y ahora, todo está aquí, apagado, irremediable, sumido
en ese vacío infame, en la negación
del tiempo, esa rigurosa,
procaz y desesperada falta aludida
en las mañanas, en las tardes
de la soledad,
el pavor del silencio, el silencio
mismo, ese horror que al fin
nos ha vencido, lo que sólo
ha quedado,
lo que entonces
tanto temías, madre,
lo que tanto odiaste.
Fámulo. Francisco Ferrer Lerín
jueves, 22 de enero de 2015
Hierba fresca
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| Ícaro |
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| Ícaro |
" ... como el silbido de una campana..."
Hierbavieja, hierbanueva
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| Adrian Campfield |
Otoño. Que sea otoño. Que sea otoño y que llueva. Mucho. Que haya leños ardiendo en un brasero. Y un gato. Que haya un gato y que sea negro y que mire de amarillo y que se enrosque y que nos enseñe un poco a vivir. Pero por sobre todas las cosas que sea otoño. Que le falte un vidrio a la ventana. Que entren por ese hueco la lluvia y el frío. Que tengas ganas de besarme. Muchas ganas. Que un hombre te espere en otra parte. Que sea otra vez otoño. Otoño y Que llueva. Y que no vayas. Que te quedes conmigo. Que sea otoño otra vez y que te quedes.
Yo sabía que había un tigre debajo de la cama, un orangután en el armario y una araña gigante dentro de un zapato.
Te amaba tanto que para que durmieras tranquila me levantaba por las noches y les daba de comer al tigre, al orangután y a la araña.
Como no me amabas te resultó fácil creerme loco y no quisiste más vivir conmigo. Me obligaste a tomar un tren.
Casi todos los pasajeros descansan con los ojos cerrados. Yo no. No puedo relajarme. Miro la luna por la ventanilla y pienso que estás dormida y que no sabes que hay un tigre debajo de la cama, un orangután en el armario y una araña gigante dentro de un zapato.
Reuní un congreso de hormigas putas para que masticaran las hojas de tu recuerdo. Te borré de las paredes, del techo, del aire. Dediqué días y noches a borrarte. Lijé maderas, sombras y sábanas. Borré tu culo de las sillas. Hice un trabajo de borradería tan bueno que, si algún día volvés, cuando trates de hablar, verás que tenés borradas la lengua y las palabras.
José Sbarra
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| Adrian Campfield |
Invierno, invierno. Es invierno, y todo encharcado, uncido, anacondas en las cuchillas y cuchillos de madera. Tan ardientes como el agua. Y que haya una perra que maulle descalza, y que ante toda ventana se de la vuelta, se encarame y mueva su cola mientras el péndulo de su lengua dibuja carámbanos en el vaho de quien llega a casa. Suena el timbre, la esterilla se abre al Párnaso. El picaporte se entorna de vida, de vida auténtica, sin patrañas. La noche se desnuda en la más íntima picardía. Edredón orejudo e invierno corajudo. Mañana de nuevo será invierno, y de nuevo jugaremos al amor, a ese copo que ni es agua, y sí sustento...a ese vaho que es verdadero, auténtico, leal. Es invierno, y cuando parecía crudo, es magro, tierno, maravillosamente frío por fuera y ardiente por dentro.
Yo no sabía que había un colibrí en un cajón, ni zánganos entre las cortinas, ni un elefante en los zapatos, ni siquiera descubrí la zorra que como un pájaro carpintero podaba en la vendimia de las cepas castradas carroña para cabras y cabrones. No, no lo sabía. Tomé distancia, y la zorra tiró al Monte, el carpintero imaginario construyó un palacio de cerillas al elefante, el colibrí prendió vuelo...y al fuego... los zánganos liberaron las manecillas de los hilos, y la cortina rasgada, fundida, olvidada, así quedó. Con soltura, ligereza y ausencia, lancé los zapatos al matadero. No me hacia falta una cama romana, ni un camastro persa, ni tampoco una camilla en la uci, ni una litera en la jaula de los grillos. Ya no. Ya no he de ponerlos donde cualquiera los puede lanzar. Hace mucho que ya no. Pero hace más que los sajé de aquel espanto. Ahora, descalzo, bailoteo como un pato mareao, pero feliz, sobre el pajar, forjado de heno fresco, limpio, confidente y sereno. Un lugar llamado hierbanueva. Una maravilla de sencillez y cotidianidad. El puto paraíso.
Me arrastraron hasta un camposanto de agua tranquila y límpida una familia errante de hormigax... cómplices, caminantes, inquietas y compañeras, les ofrecí un plato de leche y un cuenco de migas. Las muy puñeteras dibujaron tus cuatro letras con inusitada algarabia. Dejaron atrás, muy atrás aquella hierbavieja que estaba sucia, podrida...y que la nueva, la hierbanueva, destilaba y desprendía lo que me había perdido durante tanto tiempo en el Monte de la Mentira. Resabiadas y audaces, imponentes e intuitivas... del cuenco al plato, y viceversa... amasaron el mapa que me llevó hasta al regreso de mí mismo... el rastro es la brújula hacia el cruce de tu mirada. Y ahora...¡Cómo me alegro! camino de ellas, de ti. En ti, en ellas.
Ellas, inteligentes no precisan del reconocimiento interesado y enjabonado de los reflejos de un espejito mágico que les mienta verdades y oculte la más espantosa realidad. Y es que tu no pierdes el tiempo maquillando tu vida. Eres tan sencilla, tan humilde, tan libre de milongas, tan auténtica de carnes y tuétano... y ahí, en ese pajar de libertad donde tu sonrisa y tu mirada no separan realidad y sueños, encontramos sembramos la gran sombra.. la hermosa y pura sombra. La buena.
Hierbanueva, tierna, fresca, jovial, limpia y natural, tan natural que la vieja se entierra ella sola.
Ícaro
un
Mmm mmm mmm mmm
Dedicado a mi padre, un hombre bueno, humilde, íntegro y honesto. La persona más noble que conoció mi vida entera.
"...su pelo se había tornado de negro a un blanco brillante."
Imagine Dragons
Dedicada a Somerville, lugar azul donde los haya.
"Cuadro..."
Construimos el orden de la mesa,
el follaje de la ilusión,
un festín de luces y sombras,
la apariencia del viaje en la inmovilidad.
Tensamos un blanco campo
para que en él esplendan
las reverberaciones del pensamiento
en torno del ícono naciente.
Luego soltamos nuestros perros,
azuzamos la cacería,
la imagen serenísima, virtual,
cae desgarrada.
Ida Vitale
"Cuadro..."
Construimos el orden de la mesa,
el follaje de la ilusión,
un festín de luces y sombras,
la apariencia del viaje en la inmovilidad.
Tensamos un blanco campo
para que en él esplendan
las reverberaciones del pensamiento
en torno del ícono naciente.
Luego soltamos nuestros perros,
azuzamos la cacería,
la imagen serenísima, virtual,
cae desgarrada.
Ida Vitale
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| Andre Torres |
Lilas... del valle....
Violetas imperiales, 1938
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| Salvador Dalí |
La Fundación Dalí ha anunciado este lunes (12 Enero '15) la adquisición de «Violetas imperiales», un óleo de Salvador Dalí de 1938 con cuya compra se da por cerrada la celebración del 40 aniversario del Teatro-Museo Dalí de Figueres. La obra, que permanecía en manos de un particular que prefiere mantener el anonimato, podrá verse a partir de mañana mismo dentro del itinerario del museo.
En la obra, un óleo sobre tela de 100 x 142,5 cm, Dalí se inspira en la Guerra Civil española e interpreta la inminencia de un conflicto bélico en Europa oscureciendo la gama cromática de sus pinturas y situando en el centro de la escena un teléfono desconectado, perdiendo así toda función comunicativa.
De este modo, «Violetas imperiales» parodia el uso que del teléfono hicieron Hitler, Mussolini, Chamberlain y Daladier en 1938 durante el Pacto de Múnich, unas conversaciones que no lograron evitar el estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Asimismo, el cuadro presenta un Dalí aún surrealista que sitúa unas sardinas (o arenques) cerca del plato que contiene al teléfono. En cualquier caso, «Violetas imperiales» es un óleo que contrasta con la luminosidad de las obras anteriores inspiradas en el Mediterráneo y es recibida como una pintura oscura, poco esperanzadora y de difícil interpretación.
La pintura perteneció originalmente al que fue mecenas de Salvador Dalí en aquella época, Edward James, que en 1941 la donó al Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). El MoMA incluyó la pieza en la exposición retrospectiva que organizaba en aquellos momentos y, años más tarde, la subastó, por lo que ha permanecido en manos particulares hasta ahora.
Antoni Pitxot ha detallado frente al cuadro, que contará con un espacio propio en el Teatro-Museo durante los próximos meses, su composición, en un tono oscuro velado «de sepia y un poco de azul de Prusia» para conseguir «un cromatismo lúgubre», poco frecuente en la obra de Salvador Dalí.
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