Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

lunes, 13 de agosto de 2018

Desde Roma con Amor


Insieme. Sempre



Foro Troiano. Roma, Italia
Hoy, sobre mediodía. Ícaro©






La belleza solo se encuentra tras el trabajo, la lucha y la constancia. En ella nace su majestuosidad y en si misma se alcanza su mayor logro: la invisibilidad que la eterniza.

La belleza es el acto más puro de un reflejo humilde... no se deja ver, ni deslumbrar; ni se pavonea o jacta. No se encasilla, ni cuantifica. La confunden casi todos con la simetría, las formas, los cánones o la histriónica exclamación.

Es coja, manca, ciega, desmembrada, destartalada y casi contranatura, inviolable.

La belleza, la jodida y béndita belleza es un estado de ánimo que emerge de la satisfacción de la mano de los pasos y de las manos, siempre, de un gran paso.

Casi nadie la ve, porque ella ni se deja, ni se muestra. Sólo se siente en el más recóndito rincón del cielo íntimo e ingobernable de cada uno de nosotros.

Ícaro©












domingo, 1 de abril de 2018

We are all astronauts

Fotografía: Ícaro




Pardiez, pá las once...

De las andadas a los amores perros, de las esquirlas a un si te he visto no me acuerdo.

Entre las unas y los otros.

Me quedo con la y.

Y...

A las malas cuerdas y las buenas lenguas.

A las buenas artes y las malas sombras.

A veinte leguas del cetro de tu ombligo.

A las requetebuenas migas y las requetemalas caretas.

A la alegría de ir de cara y postrar la nuca.

A la algarabía de un rubor nocturno y a unas legañas, a media tarde.

Al roce que hace el cariño y al deshace, un mimo sobre hojuelas.

Al saber que siempre estás y sin silbar... vendrás.

A tú sonrisa.


Ícaro©




Fotografía: Ícaro©

[ Hace cuatro momentos ]








domingo, 24 de diciembre de 2017

Arda el cielo, ardo yo

Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad y de ella brota la nueva vieja canción... la que por inventar nace en tu memoria... te recuerdo, te lato, te transpiro y eres.

Me recuerdas, me lates, me transpiras y te soy.

Un lazo hermoso.



Fotografía: Ícaro© 




De la lascivia a la nube hay un instante. Ínfimo.

Del fulgor y el rubor, al dexeo. Una minúscula brizna.

De tus pechos de leche rebosante, la cánula del mentón.

Tras cada sorbo, dai. Tras cada lametón, dai.

De un fragmento de cinema paradiso al díscolo perturbar de una ducha escocesa endemoniadamente turgente y tórrida.

De una reyerta entre la testa y el cor, nace la miel humana.

¿Y el panal.... ?

¿ Dónde sacia la miel la puñetera querencia ?


Ícaro© 





martes, 9 de mayo de 2017

Entre la falda . . .

Fotografía: Piera Rosa



Entre la falda


y tus ingles, nazco.


Si fuera viento lamería tu cabellera,


como soy duende, me deshago en tu vientre.


Entre la falda y tus muslos, muero.


Si tuviera tesón aguardaría al caer de la noche,


impaciente leche que empapa de vida


el vaso de cuatro labios.


Entre la falda y los vértices,


entre ellos y los pliegues, bajo cremalleras y frenesí,


se abre en canal, carnal guadaña, clavada.


Grabada.


Consecuente.


Llega mayo y antes del cuarenta nos arrancaremos el sayo.




Ícaro©








lunes, 13 de marzo de 2017

Alien divino

Dedicada a marzo, mi padre


Fotografía: Ícaro. Navidades '16. Musée Rodin. Paris, France.



La gente continúa 
luchando en la vida, 
la gente se viste 
mas por dentro envolvemos 
el alma en un traje a medida. 

La gente persiste 
en tener alegría, 
la gente asegura 
que mañana será 
finalmente su gran día. 

No perdemos la manía 
de tener esperanza. 

Que el dios de nuestra infancia 
nos venga a enseñar 
otro lugar más allá. 

No da para más, 
no da para más, 
que aparezca un alien divino 
y nos haga soñar.

Germán Coppini©




domingo, 12 de febrero de 2017

A partir de mañana, 13 febrero

Fotografía: Piera Rosa





El barro en nuestras manos


Hay cambios, cruces, ensenadas y vericuetos.

Hay tempos, lagartijas, malasmadres y muros.

Hay sombras, balcones carnales y pinzas que pellizcan.

Haberlas, háylas.

A partir de mañana y hasta el 31 de diciembre de éste año inicio un proceso laboral, vital, humano, denso y profuso que me absorberá y hará volar en el tiempo. Será apasionante, esponja y procaz.

Inefable mosaico creativo y de compleja digestión. Los días, dicen, alardean del veinticuatro. Y sobre todo tienen ese don. La intensidad. Como las semanas el siete. Y el año, al doce.

Seguiré aquí.

¡ Cómo no !

¿ Cómo iba a volar de la piedra rosa más carnal, hermosa y arrebatadora ?

¿ Cómo iba a olvidar a un lugar dónde la paz es un perfume ?

¿ Cómo...? Ni yo podría explicármelo. Ni siquiera atisbarlo.

A partir de mañana perdonarme si visito vuestros rincones menos, si paseo menos por vuestras miradas o si mis palabras son más parcas, escuetas o tardías.

Sólo, sirvan éstas líneas, para agradeceros vuestro amor y cariño. Vuestra lealtad e integridad, vuestro compromiso y creatividad.

He conocido seres humanos ESPECTACULARES desde este pequeño rincón de los cinco contintentes, de cualquier estrato social, ideología, profesión o condición. Seres excepcionales. Seres incluso que me habéis inspirado, acompañado, enamorado o inquietado.

Nunca me iré, ni nunca os iréis.

Jamás.

Siempre sois esa buena sombra que cobija la luz.

Os quiero.


Ícaro©








sábado, 31 de diciembre de 2016

Cenerentola



Fotografía, Ícaro





Se postró de espaldas, con el rostro frente al mío.

Me dió su nuca.

Le dí mi aire... íncreiblemente hermosa, inalterable, atemporal.... permitió que mis palmas recorrieran todo el volcán de su belleza dormida. Perfilamos con el roce, sin apretar, sin anudar... recorriendo cada mapa invisible que nacía entre el jadeo de un suspiro y el gemido del silencio. Cada recoveco que presumía de adormilado, cada poro que manaba en fuente de vida. Cada lazo que crece de la complicidad.

Se dió la vuelta, al trasluz. Entre la gasa de aquella cortina blanca y el aire que perfumaba la corriente... el pestillo baldado. Vencido. Todo se inquietaba.

Me dió sin el derroche de lo recíproco, a destajo.. entre sus latidos y los míos. Sin música predispuesta, con el sonido nervioso y crepuscular de todo aquello que brota sin caducidad ni opacidad... el felpudo que sólo recibe a quien quiere y los pasos que se acercan por deseo, no por costumbre...

Le dí mi sorpresa, ajeno a que aún, sin esperar nada a cambio... se encuentra lo más insospechado del olvido.. descubrir la cercanía en la invisibilidad, la transparencia en las costuras. Aquella filigrana que como un tirabuzón alegre despierta cuando percibes que lo profuso era padre eterno. Y que ahora, viudo de penas, despierta al conocimiento, a ambos. A un descubrimiento sin velas.. de cera que se derrite al roce.

Me abrió sus muslos. Durmió su sangre. Y convulsa, se dejó zarandear como cuando una pared desnuda troquela la carne trémula, caliente, azarosa que la azuza hasta el deliquio. Y allí en aquella alcoba donde Dorothy Parker hubiera musitado viejas palabras que nacen de lo que nunca se escapa de la jaula lunar...

Cenerentola, me atiborro de acordes táctiles, de sonidos imperceptibles, de besos robados, de formas opulentas y desde su fondo voluptuoso...me volvió a entreabrir, a abrir sus muslos, sus ingles, sus labios.... como una ostra fresca hambrienta de gotas de limón anegando sus deseos...de gotas de leche cuajando su excitado nerviosismo...

Fermentaba su rubor.

Lechosa y emocionada. Aquella lluvia de Nuraghe era blanquecina... hija de Mador y dueña del Sudor. No esperaba más, ni deseaba menos.

Que cayera resbalando, sin detenerse, que sembrara sin fruto... sólo el seseo, el dulce seseo de dejarse resbalar hasta donde las manos resisten...

Y allí, recién llegados al nuevo mundo empezamos a pintar con los labios lo que los dedos recorrían, donde las frías noches de invierno son hijas de la Inspiración, Cenerentola se acalló para dar rienda suelta a lo abstracto y racional de Ida, a los matices de Arcimboldo. Turbábamos en ese punto donde uno sabe, siente, percibe que aquello deja ser casi humano y se convierte en mágico, en único, en tan especial que atormentará después....cuando el recuerdo subyuga a la espera. Rememorar, como cuando la cáscara de una nuez navega en el océano del paladar.

El vinilo crujía y los adoquines de Sassari a lo lejos cruzaban charcos, como si Modigliani bajara sus pestañas para toparse con el iris de Hebuterne... Cenerentola, sin grandilocuencias, sin jabones ni perfumes... al natural colmaba, rebosaba y deslumbraba las pocas luces que de madrugada nadie ve... Indemne a las horas altas de tacones descalzos. Era, es turbadora.

Y así, mientras los silencios despertaban a la duermevela, descolgó dos viejos cuadros, se sentó sobre unos libros y con una sábana arropó su hermoso cuerpo cual fular de nubes sin hijas...agazapando lo que se entreve al trasluz de lo rotundo.

....se apoyó sobre los dedos de sus pies...y sus gemelos tensos, blancos.. invitaban a ser vistos desde la copa de sus hojas... a ser el viento que los mueve, remueve... a ser lluvia nacarada e inventar el río de la vida... A nacer un nuevo gozo, una nueva forma. Una cuna sagrada de emociones y sentimientos.

Se soltó el pelo.

Su corto pelo castaño... se recostó sobre un baúl y reclinó su nuca sobre aquel ventanal, levantó su mano y con su mirada encontró lo que la mía buscaba.

Me preguntó:

- ¿Qué hacemos con los cuadros...?

Aquí no pegan.

Y les dimos la vuelta.

Cara a la pared.

Castigados y sin garbanzos bajo las rodillas.

Comulgamos a la adivinanza del acertijo más ancestral.

Y comprendimos que cada mirada entiende lo que desea encontrar....sin ser vista.

...sin preguntas, no hacia falta respuestas.

Cenerentola... empezó a jugar con sus dedos, con sus sienes y el laberinto de sus primeras canas, su mechón rubio, a jugar sin cepillo...ni cuerdas. A mesar lo que sin pedir se desliza, a contemplar lo que no tiene cuerpo, ni tiempos. A señalar donde se escapa la razón...

Y allí, la miel cubrió de su peculiar ritmo lo que pocos conocen.

Cuando hace frío... gotea densa... casi tortuga voladora... para tocar la blanca espera; cuando hace tanta calor... se evapora para enroscarse y mezclarse con el agua corporal de los sentidos, de los deseos. Pero perdura. Siempre perdura.

La miel es el más sabroso de los mejunjes.

Cuentan que nace del laborioso panal.... pero no saben, que nace de donde menos lo esperas.

Del ancestral lugar donde todos nacimos.

Cenerentola, imperturbable, radiante... se untó las yemas y me dió de comer.

Teníamos hambre, tanta que la sed se olvidó de nacer.


Ícaro©






viernes, 4 de noviembre de 2016

5 millones de razones: Vosotros

Fotografía: Piera Rosa

La gratitud.

Nueve meses, más de cinco millones de visitas, más de dos mil seguidores.

Jamás ni en mis sueños más húmedos y turgentes pude imaginarlo.

Gracias, gracias y regracias.

Sois increíbles, leales, honestos y divertidos. Reales, humanos, espléndidos. Vitales, alegres, íntegros.

Aparecistéis como por arte de magia.

Y sois vida. Vida pura.

Gracias a todos, a los Cinco Continentes, a cientos de países y culturas. Gracias a vuestra ternura y amor.

Seguiré caminando.

Proseguiremos.







Tu alma es el paraíso encontrado del qué jamás ningún ser podrá expulsarme.


Y, tu cuerpo el párnaso donde nacerá mi cuarto mandamiento.

O mi cuarta gota de sangre.

El latido es un viajero endemoniadamente sagaz, vira por el cabo de la Isla de la Muerte hasta la pequeña iglesia de la Santa Victoria.

Y en aquella pequeña plaza, sobre un banco de piedra, Galiei y Verdi, juegan una timba de cartas.

Galileo arrastra y el órdago de Giuseppe le desquicia.

Se acrecentan bajo las sombras y el resol los juegos malabares.

Uno crea la ópera de la física y el otro....:

Eppur si muove.

Ícaro©