Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Sofonisba Anguissola


Sofonisba Anguissola - Autorretrato 1586 (Mussé Condé - Chantilly)

Sofonisba Anguissola (Cremona, 1532 - Palermo, 1625) es otro claro ejemplo de cómo los historiadores, en este caso los estudiosos del arte, han omitido el talento femenino hasta hace bien poco. La ignominiosa omisión tiene más delito en cuanto que Anguissola gozó de fama y prestigio en vida, considerada una de las más destacadas pintoras del último periodo del Renacimiento, circunstancia de por si ya excepcional en aquella época, tratándose de una mujer. Fue admirada por Miguel Ángel o Van Dyck, sin ir más lejos. Vassari la incluyó en su obra:”Vidas de los más sobresalientes arquitectos, escultores y pintores”. De hecho, gracias a su talento fue una de las retratistas más importantes de la corte española de Felipe II, entonces, la más poderosa del mundo, y sus cuadros figuraron en las colecciones más importantes de Europa. Después de una longeva y fructífera vida, tras su muerte, su nombre fue borrándose y muchas de sus obras fueron adjudicadas a los grandes pintores de la época: Zurbarán, Moro, Tiziano, Sánchez Coello, Juan Pantoja de la Cruz, Bronzino, Moroni, El Greco, según algunos especialistas, incluso a Van Dyck y posiblemente a Leonardo. En su condición de mujer y aristócrata, no firmó los lienzos que pintó en la corte, pues se le presuponía que no debía ejercer oficio remunerado alguno. No será hasta finales del siglo XX cuando se empieza a investigar seriamente su huella y, poco a poco, a restituir la atribución de su obra. Y todavía se está en ello. Uno de sus cuadros, La niña y el enano, considerado la quintaesencia de la pintura española, durante todo este tiempo fue atribuido a Sánchez Coello. Un ejemplo más es un famoso retrato de Felipe II, hoy en el Museo del Prado, que se consideró de Juan Pantoja de la Cruz y Sánchez Cuello sucesivamente, hasta que, en 1990, se restituyó su verdadera autoría. Otro cuadro conocidísimo y muy admirado en la historia del arte, La dama del armiño, atribuido a El Greco, es todavía cuestión de polémica. Eso, a pesar de que el rostro, la ejecución de las pinceladas y otros aspectos técnicos coinciden con otros retratos de nuestra artista (la cara de la dama es idéntica a los retratos que Sofonisba hizo de la infanta Catalina Micaela) y, en cambio, no guardan ninguna relación con la obra de El Greco de la misma época.





Retrato de Felipe II. Museo del Prado



Juego de ajedrez. Museo Nawrodze, Poznan.






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