Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

jueves, 22 de enero de 2015

Un tiempo para los caballos borrachos (2000)









Es Bahman Ghobadi, para mí, el único director del medio oriente actualmente capacitado para hacer de sus películas obras de arte. Es un músico frustrado que se inició en la fotografía antes de dedicarse al cine, que tuvo una infancia marcada por una etapa nómada en la que muchas familias kurdas trataban de huir de los continuos bombardeos iraquíes y por el posterior abandono de un padre autoritario. Ésas semillas han hecho de él un director atípico, sin una cultura cinéfila destacable, con un dominio sobresaliente del sonido y de la imagen, cuyo plan de trabajo suele consistir en escribir en un folio la línea argumental principal e integrar en ella las anécdotas más adecuadas de las que le van contando los habitantes del lugar, que decidió desde su primer corto que dejaría el cine si éste no le permitía contar las vivencias de su pueblo con la misma fuerza con que las transmitía la palabra hablada.






Y he aquí su primer largo: tierras yermas, comercio clandestino, minas por los senderos, emboscadas en la frontera… Y, entre todo esto, nuestros protagonistas, unos hermanos que han quedado huérfanos, que tienen en Ayoub a un cabeza de familia demasiado joven y en Madi a un lastre demasiado pesado. La historia empieza y acaba en dos puntos cualesquiera de sus vidas, se construye a base de retazos, y su dramatismo es reforzado con un montaje brusco y seco, un reguero de sonidos atronadores y la hipnótica mirado de esos críos, unos actores escogidos de entre los vecinos del pueblo. ¿Cómo es posible entonces que sus lágrimas parezcan tan sinceras? ¿Acaso estamos viendo escenas reales que acontecieron durante este rodaje "improvisado"? Me temo que sólo el director podría aclarárnoslo. Pero, fuera cual fuera su respuesta, una cosa es segura: lágrimas así sólo pueden derramarse si se ha experimentado ese dolor.

A estas alturas podríais preguntarme qué es para mí el infierno, y yo os contestaría que ni fuegos crepitantes ni calderas hirviendo, sino el insoportable llanto de un niño minusválido que tiembla desamparado en los helados páramos kurdos.









7 comentarios:

  1. La veré. Seguro que si. Todas las pelis que cuelgas (bueno casi todas, jjjjja) me encantan tienen ese mensaje, esa originalidad y el calor humano de aquello que por sorpresa y novedad, deleitan. Eres un cielo, enladrillado, pero cielo.... (Rato complejo, muakkkks) Buen finde, nos vemos

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  2. Peliculón, me impactó mucho cuando la ví. Sheila, enorme blog

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  3. Hug, dear allegria allegria

    https://www.youtube.com/watch?v=YGZc2QEFm1A

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  4. Film enormemente conmovedor. Durante días no salió de mi mente, y de vez en cuando, fotogramas, sonidos .... e incluso aromas me embriagan. Una película extremadamente alegre en el fondo ya que su forma nos retrotrae lo más impúdico: quejarnos por vicio. Y de ahí nace el alma noble y justa de nuestro corazón.

    Aquellos niños que son sonrisa en movimiento a pesar de las dificultades.

    Aida, Sheila, Birgit, Henry... gracias por acercaros.

    Cuidaros muchísimo, abrazos

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  5. Me impactó como casi todas las películas que enlazas. Un placer

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