Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

lunes, 16 de julio de 2012

Switch

Fotografía: Neoromantika





El/la Switch...; entre el rol sumiso y el rol dominante, existen las ligaduras y no hablo precisamente de las ataduras, grilletes, atamientos, mordazas, ni siquiera del mercurio de la adrenalina.... me refiero a esos lazos que no pueden controlarse.... los sentimientos. El sumiso odia y asume, el placebo se destruye entre la queratina de la herida lamida y como se pondera lo que se inflinge.... el hacedor, el amo interpreta perfectamente su investidura y doblega la catarsis como enfrentamiento entre el poder donado y el regalo de la servidumbre. El gran juego secreto es interpretar y alternar las órdenes y la gracia; la súplica y el sometimiento.

Un/a perfect@ switch es quien asume con naturalidad y perfeccionamiento esos roles desde donde el dolor físico se canaliza hacía un conocimiento mental..... la adrenalina se infla hasta degradar al dolor en un placer extrañamente controlado cuando se procede al intercambio de papeles, al onírico y orgásmico nirvana que sólo la armonía del dueto mente-cuerpo, cuerpo-mente acometen.

Juegos de inmovilidad y atamientos, escatológicas pinzas y travestismo en la privacidad del rol escenificado otorgan un atenuante, un alter ego donde el sexo olvida su condición de poseidón.

Alcanzar ese grado de libertad no precisa que estés sometiendo, ni asumiendo.

Entre la atadura y la inmovilidad existe un desfiladero donde la libertad se descubre y postra ante la confianza, la complicidad y la hechura del hacer sin tener que darnos explicaciones confidentes o preguntarnos porques sistemáticamente.

El verdadero poder es influir o modificar la conducta de quien comparte dichos juegos.







El verdadero poder es que te aten y que liberen la mente. Tu cuerpo no deja de ser un mero trapo al compás del viento del susurro, al trote del tiempo, al vaivén de esa argolla que pende de una palma: la cara oculta de la mano, la cara limpia de la nuca.

La entrega no es una disciplina. La disciplina es la verdadera entrega inmaterial de lo que se desea poseer y lo que nos dejan creer que poseemos.

Cuestión de principios finales.

Basta con caminar para pararse a crecer, a crear.

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