Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

sábado, 2 de febrero de 2013

Diálogo entre la putada y la puta.

Vampiro (1893), Edvard Munch







Petra: -Al final es siempre la misma historia. ¿Te das cuenta?

Anastasia: -¿Por qué lo dices?

P: -Ellos te animan a que te liberes, que muestres tu verdadera esencia, que te dejes de prejuicios, que te prestes a todo tipo de juegos… Que seas muy puta, como lo definen ellos, aunque los más ñoños no se atrevan a llamarlo así. Y cuando les complaces, te dan la puñalada trapera. Descubres que no te respetan. Te llaman para follar, pero nunca te llaman para ir al cine.

A: -No todos son así.

P: -¿Qué no? Bueno, vale, todos no, sólo la inmensa mayoría. Y los que presumen de progres, los peores. ¿No me digas que no es mucho más rentable hacerte la estrecha, ocultar tu deseo, ir soltando cuerda poco a poco, y, si hace falta, escandalizarte cuando te proponen alguna guarrada, aunque te mueras por probarla…? Por que cómo te noten abiertamente receptiva de entrada -o sea, puta, como dicen ellos-, la has cagado. Te llevan a la cama, eso sí, pero ahí te quedas, ya no les interesarás para otra cosa que no sea eso. Nos ha costado sudor y lágrimas rebelarnos: quebrantamos primero las leyes de los padres, después la del matrimonio. El precio para muchas de nosotras ha sido sacar a nuestros hijos adelante más solas que la una, mendigando la porquería de manutención que el papito paga con retraso por ellos, por que nunca llegas decentemente a fin de mes. Y ahora que los niños han crecido y que ya no te necesitan tanto, y que puedes, por fin, explorar tus deseos, que empiezas a tener tiempo para ti misma, que quieres redescubrir en los hombres al amigo, al compañero, empiezas a pensar que tenían razón nuestras madres y abuelas con esos consejos que te sublevaban. Nos lo advirtieron, nos advirtieron que no nos fiáramos de ellos, que, si les hacías demasiadas concesiones, no te respetarían.

A: -No puedo creer lo que dices. ¿Te has olvidado lo que nos costó abatir nuestros pudores, el inmenso sentimiento de culpa que tuvimos que vencer, las discusiones y los disgustos que hemos aguantado por reivindicarnos libres y libertinas, con deseos propios? Y aquella vez que nos declaramos putas en ese foro de reaccionarios, ¿te acuerdas? Lucimos dignas el estigma de la mujer libre, de la hembra sexualmente autónoma, de la hereje, de la subversiva, de la puta. Resplandecíamos de orgullo. No podemos echar todo eso por la borda. Ya sabíamos que a ellos les acojonaría, que nada volvería a ser igual. Pero mira lo que hemos ganado.

P: -¿Y qué hemos ganado? Además de agotarnos en la lucha, por que es cansino ir por la vida con la espada en ristre, ¿qué demonios hemos ganado realmente? Vale, gozamos como nunca. Nos masturbamos sin complejos. Follamos más y mejor que a los veinte años. Somos capaces de verbalizar nuestras fantasías ¿Y qué? La vida no es sólo sexo. ¿Cuánto hace que no te acarician sin otra pretensión que esa? ¿Cuánto hace que un hombre no te mira amorosamente sin esperar algo a cambio? A ver, ¡dime!

A: -No me lo preguntes, por que no me acuerdo. Sabes muy bien que el sexo es sólo lo más visible del proceso, la punta del iceberg. ¿No será que lo que en realidad quieres es una pareja?

P: -Pues claro que quiero una pareja. Quiero un compañero con quién compartir los sinsabores y las alegrías del día. Alguien que me abrace cuando tenga ganas de llorar. Alguien con quien ver el último estreno de la cartelera y comentar después la peli tomando un café en el bar de la esquina. Alguien con quien irme a Estambul o a Torrevieja, qué sé yo. Alguien que me diga: “qué bien te queda esa falda, nena”. Joder, quiero alguien que me aprecie y se emocione conmigo, no sólo con mi coño. ¿Es que tiene algo de malo desear eso?

A: -No, claro que no tiene nada de malo. ¿Pero sabes dónde está el error?

P: -¿Dónde?

A: -El error está en querer complacerles para que nos quieran o nos aprecien. Pero, sobre todo, el error está en temer su juicio, en seguir creyendo que es importante lo que piensen de nosotras, en dejar que nos sentencien y nos condenen. El día que los hombres descubran que nos importa un carajo que nos acusen de zorras o de estrechas o de lo que sea, ese día habremos ganado la primera batalla, por que nos habremos concedido la dignidad de ser como realmente deseamos ser. Nosotras, no ellos.

Petra, si un hombre no es capaz de quererte y respetarte tal como eres, entonces, ese tío no merece la pena.

P: -¿Quieres decir que para ser cómo queremos ser, vamos a tener que seguir solas?

A: -Es posible.

P: -¡Pues vaya mierda de liberación!

A: -¿Y qué esperabas? ¿Guirnaldas de flores y vítores? Les estamos jodiendo la exclusiva. 



Y ahora que ellas, las putadas y sus madres, las de todos nosotros, nuestras putas madres hablen..... y es que nosotros creemos ser amantes de sus hijas.... las mujeres.... y sólo somos meros testigos en ésta hora inocente dónde ella se sienta con la que creyó ser mirada en el umbral de nuestra inconsciencia.

Puros y putos accidentes. Puras y putas casualidades.









4 comentarios:

  1. Juzgar, no debería conjugarse. Me ha encantado

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  2. M elo he pasado genial leyéndolo. Saludos, Ann@

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  3. Magnífico relato. Da qué pensar. Comparto con sumo gusto. :)

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