Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

martes, 5 de febrero de 2013

Marmalade

 
" En esta casa me ahogo. Y es que la cocina
es como el fondo del mar. Las pequeñas cafeteras
colgadas brillan
como redondos como inmensos ojos de peces
fabulosos,
los platos se mueven lentamente cual medusas,
algas y conchas se aferran a mis cabellos -no logro
arrancarlas,
no consigo alcanzar la superficie-
la bandeja se me cae de las manos en silencio -me
desplomo
y veo subir las burbujas de mi respiración,
suben
las miro e intento distrarme
y me pregunto: si alguien estuviera arriba y viera esas
burbujas, qué diría?
Quizás que uno se ahoga o un buzo tantea las
profundidades?

Y en verdad no son pocas las veces que descubro
allí, en el fondo del ahogo,
corales y perlas y tesoros de barcos zozobrados,
inesperados encuentros pasados, presentes y
futuros
casi una confirmación de la eternidad,
cierto alivio, cierta sonrisa de inmortalidad, como
suele decirse,
cierta felicidad, embriaguez, y también entusiasmo,
corales y perlas y zafiros;
sólo que no sé darlos -no, sí los doy;
sólo que no sé si pueden aceptarlos -y sin embargo
los doy.
Deja que vaya yo contigo. "

                                                                        (Soneto del Claro de Luna)





ahora ya nos quedamos aquí, como en las manos quedan manchas amarillas de polen
cuando se cortan flores en el jardín al atardecer, muchas flores
para los jarrones del comedor y los domitorios de los muertos
como el polvo del camino que se cuelga por la verja y espolvorea los tallos
como unos cuantos bichos alados o desalados,
y unas cuantas tibias gotas de rocío,
como esas arañas  finísimas e inevitables
que anidan entre las flores, y cuando se apaga el rojo ocaso en los cristales
se tiene la sensación de un cuchillo afilado que se arroma
por la sangre y la leche de las flores -una extraña sensación, mezcla
de terror y asesinato- una belleza ciega, amable, aromática e infinita,
una ausencia desnuda. Así es. Todo nos ha abandonado. 







A mí -dice me coges...                        
A mí -dice- me coges.
A mí me encierras
me matas.
¿Puedes coger aquel pájaro?
¿Puedes matar
el aire que escondo
entre mis uñas?








¿De verdad? ¿Has recibido carta?
¿De verdad? ¿Has recibido carta?
Rómpela
luego la recogeremos
trocito a trocito
la pegaremos
y la leeremos.
¿Escuchas los disparos?




El guante que llevas...
El guante que llevas
no puedes examinarlo
por dentro.
Tienes que quitártelo
volverlo del revés
entrada la noche
en la estrecha habitación
ya que todo el día habrás saludado
a propios y extraños
con la mano desnuda







Yannis Ritsos

Imágenes y fotografías:  Joné Reed









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