Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

martes, 21 de mayo de 2013

Una guindilla en el culo del ombligo



Fotografía: Ron Coulter






Poder que cobra por adelantado. 


Imágenes que se manchan de olvidos sobre aquel colchón con forma de perdedor.... con vulva de quita y pon. Pene hormiguero.

El jardín grita amarillo y las flores se caen de las sillas. La luna se rasga la luz y el sol fornica toda sombra que ose relatarle.

Poder.

¿Poder de qué.... sobre quién, ante quién, de dónde, cómo.....? 

Las putas jamás harán huelga de celo. 

Los políticos de lealtad.

Las botellas siempre esperan llenarse.

Los cubos, cuadrarse.

Los bolsillos, rastrear.

Los mindundis, un mapa mundi donde nacerse. 

El facineroso egoísmo una jaula donde purgarse.

Con las primeras canas, las orquídeas me apenan. Se tragan lo impasible.

Prefiero una hoja de menta, enraiza honestidad.

Piscis de tierra.

Pájaros de agua. 

Se cree el ladrón que todos son canallas por vocación y el diablo "cura" de la saña de la bondad. 

Vacunas de cianuro, probetas humanas y vil verde acuñado como el reflejo de un espejo barato en la fábrica de orgasmos en forma de churro, meninas y dehesas. Cornamentas de cera, posesiones mojadas, la precariedad de la bisoñez. La vejez, la senil falacia que se quiere creer lo que no crea.

Poder, bandido caballero donde el ciego canta abriéndote los ojos y rajando el monedero.

Aquel amante de la luna se viste de azul para desnudar un rafting de troncos pasajeros y cantos de colibrís que bracean en lagos de arena y en dedales de heridas acuosas.

¿Poder?

No me jodas....

Podrías.

Pero poder por querer, no te creo.

También tienes culo y posada.

Ombligo y antena umbilical.

¿Poder?

No es querer, es creer.

Podría.

Pero una verde mirada de naturalidad y sencillez me ha robado los hábitos, me ha quitado la cáscara y tras doce minutos hirviendo ha endurecido los callos, los incisivos, los meñiques y los talones de Ícaros renqueantes, que sin fondo.... la forma canta al Sinaí... los huevos que te comías crudos y ahora están duros, pasados al agua... noventayseis.

¿Poder?

Este es un patio particular.

Un jardín de zarzas y enredaderas.

No me fastidies.

Se te iluminan las luces largas.... y las cortas, las de posición.... emergencia, urgencia.... y la sombra sitiada.

Los callejones siempre cruzan en diagonal los portales, los umbrales... el claroscuro que advierte la duda.

Eterno poder que no se casa con nadie.

El poder es una guindilla, un pastel de ñordas, un camelo de canela, una patraña en la leyenda de la milonga. Las manchas, siempre el sarpullido, el brillo, la satisfacción imperdonable, incomprendida.... imperdible.

Y ahora con el ovillo sin hilo, el sello sin postal, el matasellos sin lacrado sanguijuelas.... me detengo donde a todos nos da la gana y a nadie le grita el hambre.

Se pavonea, la reina del poder, del morbo y la sugestión de retribuir sus desvarios, sus alocados y crepusculares alaridos donde los aullidos se follan al ronroneo.

¿Poder?

No me ronques.

No me jodas.

No te engañes.

No te abras de piernas, que el verdadero poder es el que te comes cuando no tienes apetito, cuando lo inadvertido te hace cosquillas en el ombligo y te quita las pelusas del culo.

Sale el aire.... y el poder no sé por dónde.

Sino porqué.

Una guindilla en aceite, unta y se divierte.

Una guindilla en la boca, pervirte y poderosa.... sulfura lo que la miel se trajinó.

¿Poder......?

Para quien se lo quiera quedar, uncier, creer y encular.



 Una guindilla en el culo del ombligo siempre ayuda.


Palabra.









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