Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

jueves, 2 de octubre de 2014

Si tanto falta es que nada tuvimos

Tim Hayes





Últimamente devoro libros. Me zampo de aire y carnalidad flatulante lo que el espacio gravita en proporción a los charcos por metro cuadrado.

Bagatelas.

Últimamente garabateo y ensayo, escribo y enguruño; diseño y trazo lo que está escrito en lo no vivido y lo que está por escribir ya vivido.

La ley de la gravedad.

Todo lo que pesa, cae. Y todo lo que cae, pesa.

Como Jodorowsky en una noche de otoño, me arrimo, me restriego a las sombras de las esquinas y a las callejuelas de puertas oscuras, laberínticas, sin pestillo... ni mirilla... y cual Ícaro párvulo y sumido: descifro y me nazco. Osito, diría: me reinvento. Pero el caso es que me nazco en cada noche mecida de cunas insondables, de camastros turgentes y de bozales, collares ancestrales. Uno intenta olvidar lo que ya es. Uno intenta obviar lo que no dejará de sentir por mil vidas que le toque terciar. En definitiva, cuestión de genes y cojones, de fé y valores, de asunciones y defunciones. Comulgo de rodillas y en pie lamo, lacero, fornico cual añejo orgasmo místico la pleitesía de esa feminidad lasciva e impúdica. Le doy toda el agua que merecen los adoquines carnales. Es lo que hay.

Si tanto falta es que nada tuvimos.

En otoño, todo es voluble. Anaranjadamente voluble y gratificante. Al esplendor se le caen las hojas de lo rutilante, al calor las gotas del conticinio, al azul la luz del haz, al recogimiento le crecen canas y a la reflexión arrugas en las ganas.

En otoño, todo es más lento. Los días cortejan noches largas, al alba le turban las manos maniatadas y al paso la cuchara de madera le vierte pizquita de laurel húmedo. Cuentan que ese laurel romano fresco envenenaba y que seco condimenta. Deberemos remojarlo para según el guiso...

En otoño, todo es más cierto. La primavera exagera, el verano atolondra y el próximo invierno siempre amortaja.

Últimamente he aprendido a convivir con mi millón de defectos, taras e inconsciencias, a cohabitar con los impulsos y lo adusto. A aprender que este mundo se viste de pie, olvidando que la cabeza es el corazón de la mejor prenda: el alma. O es el alma.... ¿la mejor prenda de nuestra vida?.... ¿Corazón...?

Si tanto falta es que nada tuvimos.

De todo aquello que engullí desde que el último marzo me parió, destacó mi libro de cabecera, me he divorciado (será hasta que Ida vuelva querido Ferrer) de "Fámulo" y ahora Ida, la gran Ida Vitale acompaña mis albas más tercas, más cerdas, más tiernas, más secas o copiosas, las más tristesfelices, las más felicestristes.. "Reducción del Infinito".
Quid pro quo, Ida.

Tu me das cada noche un Nanit, y yo ahora te pontifico lacayamente lo que tú sentías allende los mares y cada gotanoche me serena y me deja dormir un poco más en paz. Gracias Ida.

Hoy dejaré dos pequeñitas:




Marzo marítimo mana fulgores.
Jugos súbitos entre las copas
brindan por el misterio
de este tiempo vacío de magia
pese a su bando de prodigioso,
prodigante otoño.
Nada, sino los modos del sueño,
habrá cambiado. Nada,
excepto los alivios del olvido.
Condiciones de luz y de desánimo.
Y no hay Madagascar incandescente.

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y la preciosa


GOTAS


¿ Se hieren y funden ?
Acaban de dejar de ser la lluvia.
Traviesas en recreo,
gatitos de un reino transparente,
corren libres por vidrios y barandas,
umbrales de su limbo,
se siguen, se persiguen,
quizás van, de soledad a bodas,
a fundirse y amarse.
Trasueñan otra muerte.

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                                          "......Alguien por encima me mira con ojos tiernos....."



4 comentarios:

  1. Cada vez que te leo hay algo que me conmueve por dentro. Y hoy ha llegado el otoño. Por lo menos dentro de mí. Aida

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  2. Ida y venida. Como la vida. Todo pasa y todo llega. Desde Buenos Aires mi enhorabuena por tan delicioso lugar de encuentro y paz. Adolfo te envio mail

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  3. Lo dicho en lo que te decía antes. Música acojonante. Eléctrica, tierna, apasionada pero música que te pone la piel de gallina. Gracias y no dejes de darnos este buen perfume Icaro. Sergio

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