Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

viernes, 8 de junio de 2012

Sangre caliente: el paté del alma.



Fotografia: Oleg Maidakov



Las vísceras son un manjar delicioso o asqueroso... menudillos, hígado, riñones, el corazón e incluso la sangre, se sirven en porcelana fina o se entierran bajo el mantel mientras las náuseas le sonríen al glotón destripador de miembros.

La cuchara, enviuda. La cucharada, se masturba.

El cuchillo, degluta. La cuchillada, desangra.

El tenedor, parece una bailarana buscando la parte magra, la fibra viva... el perfecto equilibrio. La teneduria ensambla el ejército de los cartílagos. Corta y rasga. Pega y da la espalda. Engulle y al fin... olvida. Di gestión, y te diré quien no eres. Que engañas, embobas, alerdas, azuzas, destripas, coagulas, estrujas y con el pulgar gordo de cada pie izquierdo la metes de tres en el cubo de la basura que Sokolov compuso en do menor.

El plato, el paciente plato encaja rayaduras, a regañadientes, como la tiza en manos del niño que dibuja gotas de lluvia rompiendo la punta de la gravedad, esperando que la maestra vida le enseñe porque las puertas son ventanas y las manetas... cortinas.

Las servilletas, disimulan. Y las bocas, las malas lenguas.... parecen elefantes talando el marfil de cada gota de sangre caliente que empapa al pobre animal que se deja apresar por el parásito de su propio plasma... de su misma tierra.


El fuego, cunde...funde...maquilla y espesa. La sangre se convierte por arte de magia en una figura untada en el descuartizado y mutilado puzzle de aquel desorden perfectamente calculado y en la vileza el estoque, y en el capeo...cambio de tercio. Piezas disimuladas, entrabadas, corruptas y lesivas.... como la forja, el yunque es el perfecto erial donde todo encaja, donde todo permuta, donde lo gélido y capcioso arrastra al astado hasta el matadero. Luego la suerte. Y ahí, en ese lance...la caliente sangre ya se subasta como la carne del rabo o el cuerno del santo.

El ombligo, cordón umbilical del mundo al egoísmo....revienta.... o se columpia entre la tarantela y la penitencia. Misericordia. La gran pena....la pauta. el punteo, no se pase del punto....que la carne dura, putrefacta ... suena hueca. Muere como la plastilina en las manos de los perros... desmembrada.

Fotografia: Alexey Aloisov
Todo ese pastel asado ofrece a los sentidos un repelús endemoniadamente proteico o una ávidez digna del más compulsivo de los caníbales.

Soy uno de ellos. De los últimos. Intento alimentarme de pescado azul y hierbas.... Pero sólo me las fumo, y sólo los suelto sin red donde no hay corales, ni gorgonaas, ni siquiera el candil de Geppeto.

Me encanta, me retroalimenta; la carne magra, la carne humana, la carne propia y la ajena, la dura y la que perdura. El alma que de entre los huesos suena a arpa corpórea a música de libertad que sostiene, que grita, chilla y engalana aquel grito que sólo sale de donde los soldados del vientre cargan banderas blancas. Soy uno de ellos, un peón de brega, caníbal y asquerosamente imperfecto; uncido en carnes humanas a plena disposición del mosquito tigresa, de la culebra de las travesías, del despecho pírrico....

...Y doro y adoro a esas lenguas hermanas que no dicen lo mismo pero se entienden, se respetan y esgrimen el sablefloretetirachinassoldadorflautadulce que suena igual en cualquier lugar de éste maldito horno.... ¿o era inframundo?; donde la carne empieza a comerse a los cabellos y cepilla el pestañeo, adoro la escaramuza, el retruécano, la canga y el perdón, el desliz, la errata y la tara, la arruga, el desdén y el orden perfectamente alterado.

Pero por encima de lo que el fuego aparenta.... me muero por las ascuas, las brasas, las vetas, las cenizas y la sinceridad.... y si el fuego arde, quema.

Y si el fuego enroceje, lloras.

Y si el fuego suena, cruje.

Y si el béndito fuego fuera humano, todos seríamos de sangre caliente.... que la gélida, la blanca, la lechosa sólo sirve para engendrar más fuego a los nueve meses.

De pequeño recuerdo el rebaño de moscas dibujando corazones en torno a la bestia putrefacta antes de ser rajada como una sandía.... y aquel río de la inocencia, desde aquel preciso instante se convirtió en la frontera de la sangre que en cada uno de nosotros fluye.

Para algunos la caliente, para otros el paté del alma.




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