Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

sábado, 19 de mayo de 2012

La bestia del corazón

Creación de Marcin Sacha








(.....)....... la ropa de las seis chicas estaba apretujada en el armario. Lola era quien menos ropa tenía. Se ponía los vestidos de todas las demás. Las medias de las chicas se guardaban en las maletas que yacían bajo las camas.

Alguien cantó:

"Mi madre dice
que me dará
cuando me case
veinte cojines grandes
llenos de mosquitos
veinte cojines pequeños
llenos de hormigas
veinte cojines blandos
llenos de hojas podridas

...y Lola se sentó en el suelo, junto a la cama, para abrir su maleta. Rebuscó entre las medias y levantó un amasijo de piernas, dedos y talones. Dejó caer las medias al suelo. Le temblaban las manos, y parecía tener más de dos ojos en el rostro. Tenía las manos vacías, más de dos manos en el aire. Casi tantas manos en el aire como medias en el suelo.

Ojos, manos y medias que no se soportaban en una canción que se cantaba a dos camas de distancia. Que se cantaba desde una cabeza pequeña que se mecía como una arruga de pesar en la frente. Una canción de la que la arruga desaparecía de inmediato.

Bajo cada cama había una maleta llena de medias de algodón enredadas. Medias estándar para chicas que querían medias lisas y transparentes. Y también querían laca, rímel y esmalte de uñas.

Bajo las almohadas de las camas había escondidas seis cajitas de rímel. Seis chicas escupían en la caja y removían el tizne con palillos hasta que la pasta negra se adhería a ellos. Luego abrían los ojos de par en par. El palillo les arañaba los párpados , las pestañas se tornaban negras y espesas. Pero al cabo de una hora se abrían lagunas grises en las pestañas. La saliva se secaba, y el tizne se desplomaba sobre las mejillas.

Las chicas querían tizne sobre las mejillas, rímel en el rostro, pero nunca más el hollín de las fábricas. Sólo un montón de medias transparentes, porque se hacían carreras en seguida, y las chicas tenían que atraparlas en los tobillos y en los muslos. Atraparlas y sellarlas con esmalte de uñas.

Costará mantener blancas las camisas de un señor. Será mi amor cuando al cabo de cuatro años regrese conmigo de la aridez. Si consigue deslumbrar a los paseantes del pueblo con muchas camisas blancas, será mi amor. Y si es un señor a cuya casa acude el barbero y se descalza antes de entrar. Costará mantener blancas las camisas con toda esa porquería infesta de pulgas.

Pulgas incluso en la corteza de los árboles, dijo Lola. No son pulgas, contestó alguien, sino piojuelos. Lola escribió en su cuaderno: Los piojuelos son peores aún. Alguien dijo, no atacan a la gente, porque la gente no tiene hojas. Lola escribe, lo atacan todo cuando quema el sol, incluso al viento atacan.

Y todos tenemos hojas.

Las hojas caen cuando dejamos de crecer, porque la niñez ha terminado..... (.....)









La bestia del corazón. Herta Müller







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