Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

jueves, 5 de abril de 2012

Cocinándose... un camino verde.

Y lávate las manos. No sabes quien se lava las manos en éste baño, nunca sabes quien estuvo antes dándole al grifo y compartiendo jabón y tisú. Taza y desagüe.

Lávatelas, por favor.

Todos sabemos, sentimos que existe un triángulo virtuoso, ocioso y vicioso. Sexo, comida y muerte. El mundo se mueve en él, y también se para. Y él, nos arrastra... el mundo, el triángulo.

¿Comerse a la muerte? ¿Porqué los caníbales no se comen primero a sí mismos? Da igual lo que comamos.... todos acabamos cagando, cagándola. ¿Morirse de intolerancia? ¿Follar a diestro y siniestro, mientras el triángulo se estrecha? Nos aprieta, nos constriñe, nos apabulla.

Jactarse de carnes hambrientas buscando formas opulentas y seductoras. Atiborrarse de sexo carnal, mientras se nos muere lo que todos sabemos que nos conmueve. Lo único que nos hace diferentes y nos acerca a los demás.

Tiene gracia.

Tuve un orgasmo, un auténtico y podenco, muy cerdo... orgasmo. Y no me tocaron un pelo. Y no toqué un maldito gramo de carne.

Existen placeres ocultos, no por ello prohibidos, ni reprobables. Placebos que nos fornican el paladar, la gris... sin rozar ni la roja ni la blanca... Placeres que seríamos incapaces de explicar a nuestros semejantes, pero que nos producen un bienestar, una reflexión, un gustazo, una risotada, que nos iluminan los ojos del alma y que nos empitonan y erectan los pelos rasurados, orgasmos invisibles a los ojos ajenos de nuestro cuerpo, de nuestra razón, pero que acaban por disfrutarnos en silencio.... o no. En solitario.... o no. En inspiración.... o no. En paz.... o no. En dudas.... o no.

Placeres tan furcios y ganapanes, tan loables y trepidantes, que nos desbocan calladamente aquel hilo de saliva que no sabe si escupir o tragar.

A mi me acaba de follar "El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante". Tuve multitud de eso que llaman orgasmos. Ha sido de nuevo una gran follada. Una divina y trágica follada. Como Diox manda.

Amargo de angostura. Dulce costura.

Amo el cine, eso que Aute llamaba a la vida. A la puta y a la real vida, porque lo que nos da la gana, es vida.

Y existen cintas que me producen orgasmos de alivio, de suspiros, de pena, de descojone, de misericordia, de perdón, de sosiego, de mil cabreos. Pocas me evocan sexo. Casi ninguna. es curioso, que yo recuerde.... ninguna.

Y "El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante", me hace cosquillas donde tengo callos, convierte al arte en putrefacción, a la belleza en irritante delirio, a la malvada elegancia en hermosísima repugnancia, a lo escatológico en perfume fémino, a la genialidad en vomitorio público y púbico y a los genios en despertadores. A la pervertida y peripuesta norma en desliz, a la modosa y adusta formalidad en formalismo.

Ella, la cinta preñada de giros, órdagos, canibalismo consentido (que yo recuerde todos nos sacamos los ojos los unos a otros y si podemos nos comemos las entrañas cual buitres carroñeros... bueno, tú, no claro...) me ha recordado que las partes pillinas y las partes sucias andan cerca, muy cerca.... casi unas dentro de otras. De nosotros. Que somos lo mismo. Que son idénticas.

Que las natillas son saladas y las ostras vienen de tierra a la vista, que el paté se tritura en el mortero día a día con los sesos y menudillos de cada uno de nosotros, que nos comemos la vida como si de una polla izada al pairo el coño del mar engullera... o como si el valle de sus ingles se empapa de leche humana a destajo... para que nazca, la cuajada. Ella, me ha fornicado a Cortázar pintando un Dalí y a Borges un Rembrandt. Que Las Meninas son de Goya y Kandinsky travestido en Welsh.

Me ha enseñado que a veces no existe azul, el puto azul.

Todo emborrachado de rojo, verde, ámbar, violeta y blanco. Pero ni rastro de azul.

Que Morricone es Nyman tocando el violín de Chopin. ¿Y qué Falla?

Simple.

Que no he salido corriendo.

Que no me he corrido.

Que no se ha corrido.

Pero ha sio un gustazo, una auténtica follada, de tamaña consideración. Inolvidablemente irrelevante, pero aquí dejo la muesca, la costra, la cuchara, la venda y la soga.

A pelo.

Al pelo.

...cuando acabó, me sequé con las sábanas mojadas.

Y extraje una extraña, (pero creo, sincera) bondadosa y justa enseñanza:

A veces nos regalamos, nos obsequiamos, nos damos esperando que nos den lo mismo.

Somos unos ingenuos.

Cocinándose, Greenaway, cocinándose.

Estoy seguro que alguna vez tuviste un orgasmo antológico y cocinaste a fuego lento sin acordarte de esa especia que nos folla en cuerpo y alma.

Convencido y derrotado.

Me han vuelto a follar y yo sin saberlo, ni comerlo, ni olerlo.

Buen provecho.


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