Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

jueves, 5 de abril de 2012

Lealtad

La lealtad, no se promete ni se jacta. Ni siquiera se imagina o se presupone. Ni por asomo se diseña.


La lealtad es la gran base de una relación. 


Podremos convenir que el respeto, la libertad y la sinceridad son el trípode donde se fundamenta la existencia de un mundo creado por dos personas, donde desde la convivencia, las inquietudes, las regañinas, el entendimiento y el conocimiento; el compartir y desinflar el fuelle y afinar el acordeón nos otorga el privilegio de transformar ese mundo íntimo en el mundo de las relaciones preestablecidas y consensuadas... eso que llaman monoparental..., encaminar y darse las manos... o cada uno a sus anchas, como es el caso que se arrasca las ganas, las dudas, las trampas.


Quien traiciona la lealtad, sea él o ella, desbarata el techo, los cimientos, la creencia de saber que nada es mentira y emerge la terrible sensación, algunos la llaman conciencia, yo lo llamo.... suicidio espiritual.


La lealtad a una relación, no sólo es el vértice de la fidelidad (craso error, existen parejas que abogan y comparten, consensuados y delimitados juegos sexuales con extraños o íntimos....; existen parejas que se casan con Diox y Diox los olvida por el camino y ellos se arraigan a su púlpito, iconos de sus prójimos, sangre de su sangre...., existen parejas que crean electricidad con la chispa de lo indómito.... pero de la mano, es una buena opción, buenísima cuando ambos dos se saben capaces de paladear las inquietudes, los devaneos y compartir artimañans que rompan eso que acaba matando a toda relación....la rutina, el desencanto, el saber que mañana pasará exactamente lo mismo que ayer, que pasado....).


Y ahí quiero llegar, sin demasiadas vueltas pero con una única certeza.


La lealtad cuando tú te vas de putas, o cenas con tu amante, o cortejas a la moza de la biblioteca, o te pajeas pensando en tu cuñada, o lanzas mensajes en el océano virtual o plantas una estaca en la Patagonia buscando que la isla de Pascua toque las castañuelas.... se quiebra. Se rompe. La matas. Te suicidas. Y si no eres desleal es porque no puedes o no te dejan, pero jamás porque tú no te "dejas".


Claro, aparece la hipocresía y el egoísmo: "Ella me quiere y no lo haría". "Ella me soporta, está cómoda y toleraría mis juegos.... los niños, el qué dirán, las amigas, la familia....". "Ella me adora y nunca se enterará". "Ella me esperará como cada noche, como ayer, como mañana....". Y mientras se ceba la deslealtad, el orgullo se curte y las medias mentiras se convierten en enteras, en todo. Y claro... en la nada.


Algo se rompe. Se quiebra.


La deslealtad no es pecar, es humillar primero a aquella persona que comparte tu vida y sin consensuar un acto llevarlo a cabo.


El ejemplo, también es para ellas. Ellas que al revés y más duramente, incluso alquilan su tiempo, su alma, su cuerpo y lo ofrecen a cambio de necesario, en algunos casos imprescindible, vil metal. Vicio y ocio se conjugan y el aprenderse a dar, que no a regalar, les otorga otra dimensión.... otros mundos que antes ni por asomo habían adivinado, ni imaginado que existían. Y ahí comulgan con ruedas de molino, con cruces de pavor, con auténticos laberintos donde todo rápido o lentamente se desmorona.


No creo en ello de que un polvo loco, una tarde de putas o una doble vida "soporte" y enlace con la "sostenibilidad" de una pareja o un matrimonio.


Es una de las más grandes mentiras. Es la patraña de la auto-mentira. El cobarde eslabón que permite autoengañarnos y lo peor, traicionar a esa persona que cree y confia en nosotros.


Es más creo, que es un acto de cobardía, no por el sexo, que en definitiva el sexo no deja de ser un instinto quasi animal, de supervivencia.... comer, respirar, miccionar, llorar, defecar, reir.... sucumbir. Son verbos fáciles de conjugar y en alguos casos y circunstancias díficiles de rebatir.... y compartir.


Creo que es de cobardes, de miserables, de desleales creer que irse a fumar con una dama extraña o poco conocida podrá arreglar lo que no supimos mimar, cuidar, proteger, crear y enriquecer.


Siento que es una puñalada trapera, una constatación de que la autoculpa, el autoengaño, la autoflagelación, la autopsia de nuestra relación es el finiquito impagable. Las agallas son otra historia, nobleza.... inflinge y amedranta.


Unos cuando llegados a ese punto se paran.... reflexionan y deciden que lo mejor es el punto final creo que hacen justicia ya no al futuro, sino al pasado y al presente, a unos años compartidos, quizás a unos hijos, tal vez a un amor que en algún tiempo mejor pudo existir.


Todo lo demás no es que me suene, es que me da asco.


Y yo también hubo una época que al levantarme y mirarme al espejo me repugnaba.









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