Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

jueves, 5 de abril de 2012

Leyéndonos

Un texto es una escena.

Un mirar excesivo que parte de una presencia que ve-viviendo consciente de la acción y se arremolina en la representación que ve-mirando la acción como suya, para sí.

No leemos un libro, un párrafo, no pretendemos entender a quién escribe para regenerar su realidad, para verbalizar ese hormigueo de palabras que nos cosquillean o amodorran. Leemos, escribimos para figurada o palpablemente renacer en la idea primitiva y seducir lo que nuestra entonación nos evoca, no visualizamos un conjunto de signos, sino a un ser, el que es y el que somos. Lo que es y me es. El que soy y el que he sido. Lo que será y seré.

Leer es un exceso en el mirar.

Y es tan cierto, como si a intervalos de lustros uno revisa sus escritos, sus lecturas predilectas, sus emborronados y polvorientos libros arrinconados u olvidados, y se posee esa extraña capacidad de recordar no ya aquella antigua lectura sino el estado de ánimo, de sitio de la última vez que se dejó tocar por nuestros ojos....

Es un reconocimiento íntimo y oscuro, pero a la vez diáfano y persuasivo de nosotros mismos. Aburrimos o nos aburren, y como las personas y sus cosas, y como las gentes y sus historias nos giramos y largamos, o ensemismadamente nos dejamos atrapar, seducir... estiramos las orejas y alargamos la nariz....

Extendemos y volteamos las manos de las pestañas y el iris apunta a la diana de la curiosidad, de lo atrayante y jugamos como buenos Ludens al raciocinio o la controversía, nos dejamos querer o queremos que nos dejen, sofocamos fuegos y desagües íntimos o alzamos murallas de longevo peso.... lastre mágico para autoconvencernos que las mentiras son verdades encapuchadas.

Comprender, discernir y su intento sólo provocan convulsiones rebeldes en el imaginario disidente. Jugamos a querer creer que nos quieren y comprendemos que lo que realmente importa es que comprender, racionalizar, atraer, compartir precisa de pasos no escritos, velados... cruzar ese folio virtual o ese manuscrito tullido donde no existen ni borrones, ni diccionarios, ni quizases.... donde sólo existe el vacío de fondo y la verdad del roce.

La imaginación no se apalabra.

Los deseos no se apadrinan.

Leer es la acústica, la fonética no de lo que queremos escuchar, sino de lo que nos quieren decir.

Y no deja de ser como la vida misma, desoyemos lo que nos gritan y siempre, siempre con un silencio basta para escucharlo todo.


Flaming lips

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