Los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur.

jueves, 5 de abril de 2012

Peonza

Al aire.

Y sin cuerda.

Con las vergüenzas despatarradas.

Como aquellos niños que esperan que nunca deje de rodar. Caer. Parar.

Las ruinas de aquella antigua fábrica de chocolate amargo se destripan. Se decantan. Los lametazos parecen grumos, la lengüetada acallada, velada... como un stucco granulado en rugosidades que recuerdan la estampa de lo que fué. Y de lo que no se pudo hacer... o dejar.

Son un amasijo circense de hierros incomprendidos por la forja del tira y afloja y retorcidos por las circunstancias, por las pestañas, por las sendas, por los escalofríos más humeantes. Descarnados y atemorizados. Naturales y cómplices. Sacros y blasfemos, la puñalá se juega de frente. En la boca de la cabeza del corazón.

En la nuca de comprender absolutamente cualquier incienso de silencio consumido por el tul de la pureza.

El beso de Judas, las caricias del tren de la vida, las manos quietas, muertas mientras la música de los latidos traquetean hasta el destino del imposible. A las puertas del juego se cruzaron los sentimientos. Que acolchados esperan mejor suerte, porque la suerte sea buena o mala siempre se zurze a la estrella fugaz.

¿ Perpétua ?.... no es de nadie, y luego nadie se convierte en ella.

El homo faber; crea, fabrica, enroca, predispone.

El ludens; juega, compite, avasalla como áquel pequeño diox que deslumbra y pervierte para rendir cuentas y rendirse a lo más noble.

Se arrodillan, siempre los lacayos y servidores, las epístolas y los diezmos se arremangan... fruncen el ceño para rendir pleitesía. Y los dioses, los pequeños hombres y mujeres que se precian por encima del bien y el mal, se funden, se derriten, se suicidan, se extrañan y desvanecen.

La bajan.

La mirada, la guardia, el mentón y el centro del universo, el ombligo.

Y la peonza... quieta, embarrada, como un dedal en el dedo del alma o un antifaz de lo que se debiera deshacer.

La acarician.

Y la puñalada trapera desconoce si... ¿faber o ludens....son su nombre, su sentido, su designio... su quietud ?

Si descansar o seguir jugando.

Si crear o enterrar.

Si cruzar el río de la tristeza o la nostalgia encharcada.

Siempre aparece una añagaza, un recuerdo, una chiquillada, una intrepretación, una decepción o una desilusión.

Pero estamos curados de espantos, todos, todos lo estamos.... incluso aquellos que se precian descender de los monos de feria, de las jaulas doradas, de los barrotes de cera, de los museos de sueños, de las cuatro paredes del aire o del sol negro que la luna amamanta.

Todos jugamos con la peonza.

Unos con mejor suerte.... otros con toda la pena. Algunos con arte y nadie con certeza.

Y al final.... siempre al final... los cuentos o dan vida o te entierran en ella.



PJ Harvey & Nick Cave

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